21 de May de 2010 00:00

El ecuatoriano Julio Serrano sigue en coma tras ser atacado en EE.UU.

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Olga Imbaquingo.

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Julio Serrano está entre la vida y la muerte. El último parte médico no es esperanzador para el ecuatoriano de 41 años, golpeado la madrugada del sábado en Peekskill, condado de Westchester, en Nueva York.

Su hueso craneal fracturado, tres costillas rotas y un riñón extirpado, porque los golpes lo destruyeron, son algunas de las secuelas de la golpiza que recibió.El último parte policial da apenas una leve tranquilidad a los inmigrantes que viven en esa área: tres sospechosos están detenidos y la Policía de Peekskill pisa los talones de un cuarto presunto responsable del ataque que tiene a Serrano en estado de coma.

Los medios de comunicación hablan de una paliza salvaje y sin compasión. Pero -según Enrique Bayolima, dueño de un negocio de multiservicios en Peekskill- esto no es nuevo. “Aquí todos los días golpean a algún latino. A mi negocio siempre entra gente asustada diciendo que en la esquina casi la agarran”.

Lo más grave, según el dueño de este negocio ecuatoriano, es ver que los inmigrantes se han acostumbrado y están resignados frente a los actos de violencia; no denuncian por miedo. “Estas leyes de inmigración están creando una ola de impunidad”, dijo.

La golpiza a Serrano ocurrió a un bloque de distancia del recinto policial y a medio bloque de la Alcaldía. Las tensiones entre la población latina, conformada más por ecuatorianos y guatemaltecos, y la población negra son permanentes y cada vez van subiendo de tono.

“Cómo seres humanos pueden hacer algo así contra otro ser humano, eso está más allá de mi comprensión”, le dijo al canal ABC Frank Leiser, un amigo de la familia Serrano.

La Policía, la familia y Pablo Calle, representante de la casa Ecuatoriana en Nueva York, dieron una rueda de prensa en el pueblo. Calle destacó el trabajo policial por capturar a los sospechosos, quienes en su persecución a Serrano fueron filmados por una cámara de seguridad. Son Jarron S., de 23 años; Ronnie J., de 23, y Keith W., de 18. Calle dijo que pedirán que se presenten cargos por un crimen de odio racial, pero eso dependerá de las evidencias.

Por ahora ya han sido acusados de asalto en pandilla en primer grado, sin derecho a fianza.

La familia no acudió a la Policía, pese a la gravedad de la víctima, por miedo. “Nosotros -dice Calle- fuimos a la Policía y encontramos al jefe, Eugene Tumolo, con buena disposición de colaborar. Se les asignó un detective hispano para que los ayude con la traducción”.

La Casa Ecuatoriana tramita una visa humanitaria para la madre de Serrano, quien vive en Gualaceo (Azuay). Con su trabajo intermitente de jornalero ayudaba a su madre a sobrevivir. “La familia está destrozada”, dijo Narcisa, hermana de Julio.

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