7 de February de 2013 00:03

El detenido tenía problemas con las drogas

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Hace 10 años vestía ropa de marca. A José M. le gustaba portar cadenas de oro, anillos y cuidaba con esmero su imagen. Saludaba con los moradores de su barrio en Quinindé (Esmeraldas) y parecía, para los vecinos, un próspero comerciante de ropa.

“No nos enteramos de su verdadero negocio hasta que fue detenido”, comenta uno de ellos, que lo conoce desde hace 25 años. “Distribuía droga al menudeo”.

Estuvo preso dos años en la cárcel de Quito. Luego volvió, pero totalmente cambiado porque comenzó a consumir narcóticos. El encierro y hacinamiento calaron en su carácter. Lo volvieron más violento, explosivo… Un amigo de la infancia es quien lo retrata.

Él evoca los días en que jugaban fútbol en la cancha del barrio y se niega a creer que ahora esté involucrado con el ataque de Quinindé que se registró el pasado lunes. Durante un mitin político del partido de Gobierno, un hombre apuñaló a los asistentes. Dos personas fallecieron y otras cuatro resultaron heridas.

“Las malas amistades lo dañaron”, comenta una vecina que conoce a su familia. José M. procreó con su esposa un hijo de 16 años y una niña de 13. Ellos han sido puestos a buen recaudo tras el ataque. Reciben atención psicológica del Patronato Municipal.

Para los familiares, la herida aún sigue abierta. Por eso prefieren ignorar las preguntas de los amigos, parientes y medios de comunicación que se acercaron a su casa tras el hecho. Les molesta que desconocidos lleguen a tocar la puerta de la casa de dos pisos que tienen en Quinindé.

Cuando regresó a Esmeraldas tras su primera detención, ya no solo se dedicaba a comercializar estupefacientes, sino también a consumirlos. Especialmente cuando ingería bebidas alcohólicas. Quienes lo recuerdan dicen que se le hizo un hábito que con frecuencia terminaba en peleas callejeras con vecinos y amigos.

“Él era un hombre violento y grosero que insultaba a los controladores de los buses interprovinciales. En una ocasión incluso no le dejaron subir a vender a un bus y por esa razón se dio de golpes con un ayudante”, recuerda un vendedor informal de jugos.

Antes de ser detenido por el ataque, José M. también se dedicaba a comercializar jugo de coco en fundas. La Policía de la zona ya lo conocía. Se les hizo un personaje más de la ciudad. Un dirigente barrial recuerda que hace siete años, durante un control de la Policía en el barrio, volvió a ser detenido.

Los gendarmes allanaron su vivienda y se incautaron de todo lo que tenía allí: refrigeradora, televisores, equipos de sonido… José M. casi se quedó en la calle. Desde ese entonces, sus amigos narran que él dejó de expender narcóticos y se dedicó a trabajar como vendedor de aguas, jugos y colas en los autobuses.

Uno de sus allegados cuenta que cuando ingería licor o drogas en exceso tenía momentos de delirio. Luego se conectaba por momentos con la realidad y lloraba por sus hijos.

Ocurrió lo mismo en la audiencia de formulación de cargos. Ahí no pudo conectar ideas. “Porque no vino el señor Jimmy Mancilla que mandó a la mujer que dice que yo la agredí. El suboficial Preciado no estaba presente y donde este lo manda para que diga eso. Sabe porque está enamorado de mi mujer el señor Preciado…”, dijo en la diligencia.

En medio de las preguntas, se refugió en los recuerdos de sus hijos, a quienes llamaba por sus nombres. Luego lo trasladaron a la cárcel de varones de Quito.

Ayer, amigos y familiares de uno de los fallecidos, Frixon Vivero, lo despidieron en el Cementerio Central de Quinindé.

Se prevé que los hijos de la otra víctima en el ataque, Gregoria Valencia, lleguen hoy de Estados Unidos para el sepelio.


Punto de vista
Carmen Proaño / Máster en psicología

‘Los narcóticos alteran la conducta de las personas’

El consumo drogas altera el sistema nervioso y la conducta de las personas. Impide que hayan adecuadas conexiones neuronales, la persona pierde su inteligencia, su educación y puede tener comportamientos irracionales. No se debe evaluar a alguien sin antes realizarle un análisis psicológico pormenorizado de su comportamiento.

Azín dice que antes sí había protección policial
El presidente del Consejo Nacional Electoral (CNE), Domingo Paredes, solicitó el martes que la Policía dé resguardo en cada mitin de los binomios que aspiran llegar a Carondelet. La idea es evitar problemas como los de Quinindé. “Le pedimos (a la Policía) que disponga resguardo a los aspirantes a la primera magistratura del Estado y se brinde seguridad en los sitios de reunión de partidos y movimientos”, señaló.

Pese a ello, cada candidato tomó sus propias medidas de seguridad en sus recorridos.

Ayer, Alberto Acosta realizó su jornada con el resguardo que le brindan los partidarios de la unidad plurinacional. No ha recibido ningún respaldo policial.

“Tampoco lo necesitamos, nosotros creemos que la campaña tiene que ser pacífica, caracterizada por la alegría, así seguimos caminando nosotros”, indicó el candidato de las izquierdas.

El martes, cuando Acosta retornaba de Esmeraldas, preguntó cómo llegar a Santo Domingo a un agente que le acompañó hasta su destino. Pero ayer ningún elemento de la Fuerza Pública estuvo presente ni en Santo Domingo ni en El Carmen.

Dentro del equipo de campaña de Acosta, sin embargo, están dos hombres que se encargan de la seguridad del aspirante. No son guardaespaldas y no tenían ningún elemento disuasorio.

La candidata a la vicepresidencia por el Prian, Anabella Azín de Noboa, advirtió que hasta el 2006, “cuando las elecciones eran libres”, los candidatos tenían seguridad policial.

Pero que a partir del 2009, este apoyo ya no existe. Su esposo, Álvaro Noboa, fue candidato a la Presidencia de la República en 1998, 2002 y 2006.

Para su cuarto intento (2009), manifestó Azín, sí hubo la ausencia de la protección policial.

La candidata asegura que es importante mantener esa protección para evitar que haya incidentes como el que le ocurrió al postulante Mauricio Rodas, quien fue asaltado el pasado viernes en el norte de Quito.

La audiencia
José M. recibió  prisión preventiva por el delito de asesinato. En la audiencia de calificación de flagrancia se indica que el sospechoso fue identificado por heridos en la concentración política de Alianza País.

El procesado podría afrontar una pena 16 a 25 años de reclusión mayor extraordinaria, según el Código Penal. Tras la diligencia, el arrestado fue trasladado al Centro de Rehabilitación Social de Varones de Quito, “por motivos de seguridad de la integridad personal del procesado”.

Una de las personas  que rindió su testimonio indicó que antes de la agresión con arma blanca, el inculpado comenzó a insultar a la gente que estaba allí.

La diligencia se realizó  ante el Juzgado Cuarto de Garantías Penales de Esmeraldas. El sospechoso es investigado dentro de la causa penal número 0035-2013. Agentes del Grupo Especial Móvil Antinarcóticos de la Policía intervinieron en la detención del sospechoso tras el incidente.

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