28 de July de 2011 08:35

‘Cuando desapareció mi platita, me dio desesperación’

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Ibarra se ha vuelto peligrosa. El sábado fui víctima de un robo. Fue algo muy curioso. Como todos los días estaba atendiendo mi puesto de venta de periódicos y de caramelos, en el Centro.

[[OBJECT]]Pero en un breve descuido, mientras hablaba por teléfono, se me llevaron una cajita en la que guardaba el dinero.  Calculo que había   USD 18.  Tenía  monedas de USD 1 y  de USD 0,50. Aunque es muy transitada esta vía, el sábado entre las 14:30 y 15:00 no había gente.  Todo estaba desolado.
Me sorprende la facilidad con la que actúan los ladrones. Ni me hicieron sentir. El robo fue en cinco minutos máximo. Yo también tengo la culpa, me confié mucho. El dinero estaba a la vista de todos en una cajita colocada sobre el charol de los caramelos.  No había ni una sola persona. La calle estaba solitaria,  le repito.

Cuando desapareció mi platita, que la gano con tanto esfuerzo, madrugando y soportando sol y agua, me dio desesperación. No sabía si correr para ver si alguien huía con el dinero o quedarme en el puesto. Busqué todo. Le di la vuelta al charol y a una caja en la que guardo algunas cositas.

Tengo 61 años,  de los cuales 18 los he dedicado a la venta de periódicos.  Yo nací en Tulcán.  Cuando vine hace 20 años,  Ibarra era una ciudad tranquila. Pero ahora se ha vuelto muy peligrosa,  especialmente en los barrios periféricos. Hay robos y asaltos.

En la radio se escucha sobre los ataques de la delincuencia a la ciudadanía.  Es terrible lo que está pasando. En la calle también se ven muchas  cosas peligrosas.

No es la primera vez que me roban. Casi siempre hay algún abusivo que pasa llevándose algunos caramelos de mi puesto. Pero el mayor robo que me han hecho ocurrió hace dos años.  ¿Me puede creer que se me llevaron el charol de caramelos? Esa vez tampoco nadie vio nada. Eso fue por maldad,  pienso, estoy segura.

A quién se le  ocurre robarle a una persona pobre. Esa vez  calculo que perdí  alrededor de  USD 100. Luego compré  un charol más pequeño. No es que tenga temor, sino que con los años una ya no puede alzar mucho peso. Esa fue la razón, más que por miedo a los delincuentes. Y fue barato.

Nunca he puesto una denuncia a las autoridades. Esta vez tampoco lo haré. En primer lugar porque no tengo a nadie para que se quede en el puesto vendiendo en lugar mío. Y si una no trabaja,  es un día de perdido.

No hay tiempo. Además,  casi nunca hay resultados cuando se denuncia. Es un trámite molesto. Es por eso   mejor dejar todo a la voluntad de Dios.

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