14 de November de 2011 00:03

Los 5 delitos que atemorizan a Quito

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Los dos desconocidos maniataron al conductor del auto y le obligaron a pasarse al  asiento posterior.

 Ocurrió  la noche del jueves, en el norte de Quito. “Deambulamos una hora y media en mi automóvil por las calles de la ciudad. Luego, ellos se  vieron   con otras personas y me abandonaron en Monteserrín”, contó  José R.

Dos días antes, a  él   le  robaron USD 3 000 que retiró del banco.
 

El hecho ocurrió en un patio que comercializa y repara vehículos, también en el norte de la capital, mientras estaba con su hijo de 1 año y su madre. Él relata que un  hombre   lo  apuntó con una pistola en la cara y le quitó   el dinero.

El número de robos de vehículos y asaltos a personas,  así como los atracos a viviendas, locales comerciales y robos de motocicletas que se registró en Quito, de enero a octubre del 2011, es superior al que se reportó en el mismo período   en  otros sectores país. Esto,   según las estadísticas del Sistema de Información para la Gobernabilidad (Sigob).

Eso hace que la capital se convierta en la ciudad más peligrosa del país  con relación a  este tipo  de  delitos.

La página web de esa dependencia muestra que Quito reportó este año 5 365 asaltos a personas y en Guayaquil  hubo 4 886.
De enero a octubre del 2010, en Quito hubo un promedio de 3 538 robos a personas, lo cual demuestra que se presentó un incremento de casos.   

Lo mismo ocurre con los robos de motocicletas. En Quito hubo 648 denuncias de enero a octubre del 2011 y en Guayaquil se reportaron 542.

Para Juan Carlos Rueda, comandante de la Policía   de Quito, el temor de la gente a  presentar las denuncias ante las autoridades genera un “círculo perverso” que conlleva a la impunidad.   

“Eso (el temor a denunciar) provocó que esos cinco delitos se incrementen en la capital en este tiempo”, manifestó el oficial.   Dice  que  la Policía ha   identificado a las bandas dedicadas a esa clase de delitos: “Pero el  miedo a las represalias provoca que las víctimas dejen los casos en el aire y los aprehendidos salgan en libertad”.

De hecho, la tercera encuesta de victimización en Quito revela que en el 2010, el   82,9% de víctimas no denunció los robos violentos. En el  año 2008, ese porcentaje fue del 85,7%. Y  dice   que el 35% de víctimas, es decir, tres de cada 10 personas, que en el último año sufrieron asaltos ya habían sido víctimas de atraco antes.

El 27 de octubre último, ocho armados ingresaron a una casa en Tumbaco, donde se encontraba un mayor de 65 años y dos niños, para robar. “Se aprovecharon de que un automóvil ingresó al conjunto residencial para asaltar.  Iban en un auto blanco,  golpearon al guardia con la cacha de una pistola y lo amarraron”, dijo un testigo. Los desconocidos se llevaron    televisores, ‘laptops’, equipos de sonido, celulares y videojuegos.

Con   armas  de fuego apuntaron en  la cabeza de los niños.
Las cifras del Sigob indican que la cantidad de robos a viviendas se ha incrementado en Quito.

De enero a octubre de este año se registraron 2 318 casos, mientras que en el mismo período del 2010 hubo un promedio de
2 042. En Guayaquil se presentaron 1 118 denuncias en los primeros 10 meses del 2011.

En la Encuesta de Victimización    también se midió la percepción de seguridad en las casas al estar solos  en la capital. El 24,5% de los consultados respondió que se siente poco seguro,  mientras que   el 15,8% manifestó sentirse nada seguro en su vivienda.


‘Me quitaron mi sustento’
Franklin P.  
Le robaron su camioneta en Quito  

Luego de que me robaron mi camioneta Mazda 2 200 al frente de la casa donde vivía,  me quedé con una deuda de USD 12 000 que  fue difícil    pagarla.   Esto  ocurrió en  el barrio  La Colmena (centro   de Quito).  Con ese vehículo  comercializaba   frutas en los barrios   y  cuando lo perdí  no tenía con qué trabajar  para pagar   las deudas  que tenía.  
 Este fue un hecho muy doloroso,   porque recién me había casado e hice un préstamo en el banco para comprar  la camioneta.  Incluso había invertido un poco de dinero en equiparla con llantas  radiales,  aros de magnesio y en la reparación del motor que me costó USD 1 500.
 Era difícil  entender que  un mes después de    la reparación, me la robaran  y a los ladrones nos les importó el daño que me hicieron.    Recuerdo que como no tenía  dónde parquearla, la dejaba afuera de la casa y   un día   no la encontré.
 Estaba  deprimido y mi esposa  me  ayudó mucho.  Luego me compré otra camioneta y me fui a vivir en otro  barrio. Mi prioridad ahora es  tener una   casa   que tenga     garaje.


‘Me robaron en  Navidad’
Wilson  P.  
Le robaron en su  casa

   Me cambié de barrio  luego de que un grupo  que  se   dedicaba a  robar   casas  ingresara  a la mía, tres días  antes de la   Navidad.  Recuerdo que  ese día,   con mi familia salimos a entregar ropa y juguetes para gente  pobre  en una iglesia cristiana a la que  acudimos todos   los fines de semana.
 Cuando regresamos eran las 18:00 y  al abrir la puerta principal  nos encontramos con un escenario desolador: las cosas estaban sobre el piso revueltas. La computadora y el equipo de sonido se habían llevado. Escuchamos que un grupo de personas estaba en el segundo piso de la casa.
En ese rato   salí a la calle a buscar a la Policía, pero ni uno solo   estaba en la UPC (Unidad de Policía Comunitaria).
Al regresar me di cuenta que los hombres habían escapado y los   policías  llegaron una hora después.
Luego nos dimos cuenta  que los hombres  ingresaron por la parte  posterior   de la casa y colocaron una escalera para subirse. Se llevaron la computadora y las joyas de mi esposa. Solamente   recuperamos el equipo de sonido.


‘Les  di los  USD 75 que  tenía’
René A.  
Sufrió un asalto en la vía pública

Siento impotencia y tristeza luego de que me asaltaron    en el centro de  la ciudad.  
Soy dirigente de un club de fútbol barrial y  nos reunimos con   mis compañeros directivos y jugadores   para  divertirnos en un local de billares del sector.   A  las 23:00  pedí un taxi para irme a mi casa.
El joven que atiende el local llamó a un taxi ejecutivo  y me subí  en este. Cerca de mi  casa, una moto con dos jóvenes se paró junto al taxi  y me  asaltaron. El conductor  me  golpeó en la cara  y sangré.
Les entregué mis pertenencias y los USD 75 que llevaba.
Mi esposa estaba llorando y mis hijos me llevaron al hospital. Por suerte no me fracturaron la nariz, pero las secuelas psicológicas fueron graves.
 Cada vez que salgo a la calle miro a los alrededores para cerciorarme que nadie me persigue. Sí me acuerdo  de la cara del conductor que me golpeó en el automóvil, pero no sería capaz de reclamarle si lo encuentro  en la calle.
 ¡Imagínese! Si por USD 200 ofrecen matar a la gente a través de Internet. Talvez me podrían hacer daño.


‘Mi hija está traumada’
María H.  
La asaltaron en su local comercial

Mi hija de 7  años  todavía sigue asustada por el robo que sufrimos en nuestra panadería, en Carcelén Alto (norte de Quito). Cuando viajamos en nuestro vehículo  ella siente temor de las personas que transitan por la calle y   nos pide que cerremos las ventanas como medida de precaución.
 Mi esposo y yo tampoco hemos   podido superar el golpe que significó ese hecho violento. Cuando  una persona ingresa al  local  siento desconfianza. Eran las 20:00 de un miércoles cuando nos robaron.  Dos hombres fingieron  ser clientes y me pidieron pan caliente. Yo ingresé al lugar   donde se encuentran   los  hornos y   me percaté de que ellos  ya  estaban  allí.
Mi esposo se quedó dormido y mi hija trataba de despertarlo.  Uno de ellos traía una pistola y  otro un cuchillo.
De forma soez me exigieron que les entregue el dinero de la caja mientras me apuntaban con un arma.
A mi esposo lo amenazaban con un cuchillo. Mi hija quería  llorar,  pero los hombres le gritaban para que no lo  haga  y  se contenía.


‘Casi muero por la   moto’
Paúl M.  
Casi le roban su motocicleta

Con  mi motocicleta deportiva Suzuki  transitaba por las avenidas 10 de Agosto y Naciones Unidas (norte de la ciudad). Eran   las 23:00.
Cuando me paré en el semáforo, dos hombres trataron de robármela.  Aceleré en el momento que  me atacaron y uno de ellos me clavó  dos veces con un puñal  en el estómago.   Aceleré  lo más que pude y ellos se quedaron atrás, pero casi me  desmayo cuando iba a mi casa  porque perdí bastante sangre en el trayecto. Mi familia me  llevó al hospital y me operaron. Lo  malo fue que luego  tuve una grave infección y me intervinieron  otra vez. Mis  cinco  hijos sufrieron   mucho por lo que me sucedió y hasta ahora no puedo trabajar tranquilo por las heridas que me causaron esos hombres. Yo soy  conductor de camiones en una empresa turística y las secuelas son graves,  porque todavía me afecta la herida. Incluso tengo una gran cicatriz  en el estómago.
Mis  jefes me apoyaron porque  no perdí el empleo  tras haber sido   hospitalizado. Me recuperé en tres meses y el robo casi me cuesta la vida.


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