11 de January de 2011 00:00

Dos delincuentes asesinaron a un policía para robarle la motocicleta

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Los vecinos de las calles 23 y El Oro se detenían y también murmuraban entre sí al pasar frente a una casa rosada, de dos plantas. Esa es la vivienda de los familiares del policía Christian Granizo Hinojosa, de 28 años, quien fue asesinado la mañana de ayer, cerca de allí, en las calles 17 y Colombia, en el Suburbio Oeste de Guayaquil.

El asesinato se produjo cuando el gendarme, padre de una pequeña de 5 años, se aprestaba a realizar su ronda motorizada diaria. Los vecinos, testigos del hecho, detallaron bajo anonimato, que dos personas se acercaron a Granizo para asaltarlo.

Eran las 07:00 y el gendarme tenía su motocicleta en las afueras de su vivienda. Otro uniformado, compañero de patrullaje, se acercó en ese momento para evitar el asalto. “Los dos sujetos se asustaron cuando vieron al otro policía y entonces hubo disparos. Luego vimos que uno de los uniformados cayó al piso”, relató un vecino. El caído era Granizo, agente de Inteligencia, quien recibió un impacto de bala en la espalda. Según el parte policial, en su fuga los delincuentes se llevaron la moto y el arma de dotación.

El gendarme falleció al llegar al Hospital de la Policía, debido a la gravedad del impacto de bala. Granizo llevaba cinco años en la institución, los últimos cuatro asignado al patrullaje motorizado en el sur de la urbe.

Los vecinos del callejón donde se ubica la vivienda, en la que los familiares velaban el cuerpo del uniformado, reclamaron por la inseguridad en el sector. “Ni los policías están seguros. Aquí asaltan a los transeúntes, a los buses, las casas...”, mencionó un morador que no quiso identificarse.

En el sector, debajo del puente de la calle 4 de Noviembre, existe una carpa de la Policía Comunitaria. Dos policías motorizados prestan seguridad desde allí. Ayer por la mañana solo uno de ellos permanecía en el lugar.

Ayer los vecinos observaban con curiosidad la presencia de la Policía, que realizaba recorridos frecuentes. Pocos se atrevían a contar lo que había sucedido unas pocas horas antes.

Otro policía fue víctima de la delincuencia en el mismo sector, pero en las calles 16 y 4 de Noviembre, debajo del puente que comunica esta angosta vía con el centro de la urbe.

A las 16:00 del domingo, Joffre Plaza Espinoza, policía asignado a la seguridad del fiscal antinarcóticos Jorge Solórzano, fue disparado en el exterior de su domicilio, ubicado en un desolado pasaje. Tiene 30 años, casado con tres hijo, y oriundo de Esmeraldas.

Según la versión que dieron testigos en la Fiscalía, Plaza y dos hermanos intentaban ayudar a un vecino que era amedrentado por cuatro individuos. Mariela T., familiar del gendarme, presenció el enfrentamiento. “Un joven del vecindario tenía ese rato un altercado con estos sujetos y Joffre, como vecino, se acercó a ayudarlo.

Uno de los individuos se asustó, sacó un arma, y disparó a mi pariente”, narró la mujer ayer en las afueras de la Policía Judicial. Hasta ese lugar fueron conducidos las madrugada de ayer cuatro sospechosos del crimen. La audiencia de formulación de cargos se realizó a la 01:00. En la diligencia hubo un cruce de palabras entre detenidos y familiares del gendarme herido, señaló la tía de este.

La Policía detuvo a Carlos G., Jhon G.V., Ronald A. y Henry O. como sospechosos del hecho.

Con respecto al asesinato del policía Granizo, Joel Loayza, jefe del IV Distrito de la Policía, mencionó ayer que tienen pistas del presunto victimario. “Tenemos nombres, pero los mantendremos en reserva. Esperamos su captura”, indicó.

Los familiares del policía Plaza dijeron que su condición es crítica. La bala comprometió uno de sus riñones. Ayer permanecía internado con diagnóstico reservado en terapia intensiva, en el primer piso del hospital policial.

La Policía montó sendos operativos de requisa de armas en los dos sectores del suburbio donde se registraron los hechos. Cuatro policías junto con cinco militares montaron retenes móviles en las calles 16 y 4 de Noviembre, y en la 27 y Pasaje 24.

Quito

 ‘Mataron a mi hijo para robarle’

Gladys Noemí Trejo

su hijo fue asesinado el sábado

Este fin de semana nos tocó vivir una tragedia. No sabíamos nada de mi hijo Tito Perero, de 31 años, y de mi nieto (de 6 años), desde las 07:00 del sábado. Salieron de su casa en el Comité del Pueblo (norte de Quito). Pensamos que había ido a trabajar en su Corsa vino. Hasta que esta mañana (ayer) lo encontramos muerto, envuelto en cartones (foto), en medio de un basural en una quebrada, en el camino a Nono (km 14).

Supuestamente se fueron a cerrar el negocio con quienes iban a comprarle el auto. Pero como no quiso venderlo, lo mataron. A mi nieto le mandaron a comprar una cola y cuando regresó vio que su padre estaba muerto. Entonces, a él le torcieron el cuello y, como pensaron que había muerto, lo botaron en un saquillo.

Estuvimos desesperados porque no aparecían. Hasta que el domingo en la mañana mi nieto logró salvarse. Salió gateando a la vía, pidió ayuda y un señor lo llevó hasta la UPC de Cotocollao. Con lo poco que él recordaba, empezamos a buscar a mi hijo.

Sospechamos de quién pudiera ser el asesino, pero la Policía no lo detuvo. Incluso en las paredes de la casa de él todavía hay manchas de sangre. Mi hijo se vino hace siete años de Portoviejo para buscar trabajo. En su carro, que tampoco aparece, él vendía mercadería.

La propuesta

Hernán Orbea

Experto en temas urbanos y catedrático de la U. Católica

 ‘La confianza debe regresar’

La ciudad de Medellín es un buen ejemplo de cómo mejorar la seguridad en la ciudad. Se debe trabajar en los pequeños barrios emergentes donde no existen los equipamientos básicos de infraestructura y de seguridad. En esos sectores se debe fomentar la educación, la cultura y emprendimiento.

Es decir, crear iniciativas que creen un sentido de pertenencia hacia el barrio. Eso a su vez genera la confianza en la población, que es el factor lesionado por la inseguridad. En Medellín se han hecho fuertes equipamientos barriales acompañados de centros de atención inmediata. Estos funcionan en las cúspides de las laderas y dan vigilancia constante. Al estar en lo alto de las laderas fomentan un sentido de seguridad. Pero mas allá del edificio, lo importante es que la confianza ha sido recuperada por la comunidad. Los vecinos deben tener la capacidad de denunciar, prevenir y racionar ante la delincuencia.

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