8 de December de 2011 11:37

‘Contaron en mi cara los billetes que me robaron’

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Trabajo en Quito vendiendo telas y otros artículos para  locales comerciales. Casi siempre me movilizo en unidades de transporte colectivo, con mi maleta y mis documentos. En este negocio prefiero que los clientes me depositen los pagos en el banco, porque no me gusta andar con dinero en efectivo por la calle, sobre todo porque paso fuera de casa hasta la noche, pues no tengo  horario.

[[OBJECT]]Aquel día estuve en el Centro Histórico, porque debía cobrar a unos clientes. En el local de uno de ellos se me hizo tarde, se me pasó el tiempo al enseñar una  mercadería que me había llegado. Recién al salir me di cuenta de que ya había oscurecido.

En lo posible procuro que no me coja la noche, más si estoy en ciertos sectores que son peligrosos. Ese día no tuve otra alternativa que caminar hasta  encontrar un bus. En el trayecto vi que a lo lejos un grupo de jóvenes, hombres y mujeres,  venía caminando por la misma vereda.

Como los vi muchachos, es decir parecían estudiantes, no me preocupé, pero a medida de que se acercaban me di cuenta de que los jóvenes me miraban. A veces da pena decirlo, pero ya llega a identificarse a los delincuentes por su forma de comportarse, de caminar e incluso de mirar.

Estos chicos eran así, las mujeres  caminaban igual y hablaban entre ellos. Eran unos siete y me rodearon apenas me tuvieron cerca. No me dejaron oportunidad de escapar. Dos de ellos sacaron unos cuchillos y me amenazaron para que les diera el dinero que tenía. Me dijeron que era porque tenían sed, se burlaban y gritaban: “¡Queremos trago, danos la plata abuelito!”.

Más allá de los tratos de esas personas me asustó la manera en que con sus cuchillos me presionaban, eran todos unos expertos y es increíble pensar que siendo jóvenes ya piensen así.

No tuve más elección que darles el dinero que tenía. Uno de ellos cogió los billetes y los contó en mi cara como si  estuviera cobrando una deuda. Escogió un billete y me lo lanzó en la cara diciéndome: “Para el pasaje”.

Se alejaron de mí como si nada. Fue horrible la sensación de humillación que sentí cuando se fueron, los ladrones son cada vez más incontrolables, es triste decirlo pero es la verdad.

Esa noche fui a mi casa y tomé agua de manzanilla para relajarme, porque se llevaron una buena cantidad de dinero. Desde ahí soy más enfático en pedir a mis clientes que  hagan depósitos o transferencias bancarias a mi cuenta, porque no quiero volver a sentir esa impotencia.

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