29 de April de 2012 00:02

En La Concordia se vive con temor

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La vida de Jorge J. cambió en un instante. Él fue gerente de un banco público en el cantón La Concordia (Santo Domingo), durante casi cuatro años. Pero desde la tercera semana de enero es un empleado más de atención al cliente.

Ya no se le confía los códigos de la caja fuerte ni el balance financiero diario de la dependencia. Ahora da información sobre cómo adquirir un préstamo o una cuenta. Lo degradaron tras ser involucrado en un robo. Estuvo privado de libertad durante 22 días. Luego, su abogado consiguió que se le reemplacen las medidas cautelares con la condición de que no salga del país y se presente periódicamente al Juzgado IV de Garantías Penales de Quinindé.

Allí, su caso se encuentra en etapa de investigación. La Fiscalía ya recogió su versión. Dijo que el 3 de enero pasado, cuando iba al trabajo en su vehículo, fue obligado a detenerse en el baipás de la vía La Independencia–Puerto Quito. Dos hombres, supuestamente vestidos como policías, le pidieron que presente sus documentos. Él afirma que no sospechó de ellos porque el rostro de un policía le pareció familiar. Aunque Julián Guerrero, jefe de la Policía de La Concordia, señaló que en la instrucción fiscal se le pidió que reconociera al gendarme y el ex Gerente no pudo recordarlo.

Mientras revisaban sus documentos apareció un vehículo Chevrolet, modelo Rodeo sin placas. De ahí bajó otro hombre, que repitió en varias ocasiones ser de la Policía Judicial. El presunto gendarme obligó a Jorge a subirse al auto. Ahí estaban cuatro personas. El copiloto lo amenazó, le dijo que sabía quién era y que tenía secuestrada a su familia. Que si no les entregaba el dinero que había en la bóveda del banco matarían a su esposa e hijos.

Para evitar ser rastreados, los extorsionadores le quitaron el chip del teléfono celular. Al mismo tiempo, los hombres le entregaron una mochila negra y, en la vía Monterrey–Las Villegas, le obligaron a bajar del vehículo. Le advirtieron que tenían a personas vigilando, incluso dentro de la Policía y que si no obedecía su familia pagaría las consecuencias.

Jorge llegó al banco en su auto; se dirigió a la bóveda y sacó el dinero. Lo guardó en la mochila. Por reiteradas ocasiones los compañeros de la entidad bancaria le preguntaron qué le sucedía porque lo notaban nervioso. Él dijo que tenía problemas familiares y que se ausentaría por un momento. Salió de la dependencia a las 08:40. Entonces volvió a su vehículo y desde allí constató que una motocicleta lo estaba siguiendo. En la vía hacia Las Villegas, Jorge entregó el dinero a los secuestradores y ellos le devolvieron el chip de su teléfono celular.

Llamó a su esposa y ella le aseguró que nunca estuvieron secuestrados. Que estaban bien. Luego informó lo ocurrido a los directivos del banco. Miembros de la Policía llegaron al lugar y lo detuvieron por ocho horas, hasta que se instale la audiencia de formulación de cargos. Ahí se le dictó prisión preventiva por supuesto delito contra la administración pública. Según Guerrero, nunca se había dado un caso con características similares en La Concordia. Las estadísticas de la Policía Judicial lo confirman. En el 2011 se registró un caso de extorsión. En el 2012 ninguno. Pero los pobladores dicen que los datos no son reales. “Todos saben lo que pasa pero nadie dice nada. Prefieren callar y no convertirse en una víctima más de una banda delictiva que se apoda con el apellido del líder principal”, refirió un comerciante. La banda adquirió poder a lo largo de 10 años. “Ya no se conformaban con simples robos. Se dedicaron a extorsionar a las personas y a sembrar el miedo. La mayoría son del mismo grupo familiar”, comenta un taxista.

En un informe de Inteligencia de la Policía, al que este diario tuvo acceso, se señala que la banda se dedica al sicariato, asalto y robo a personas. También al robo de vehículos y abigeato, en Esmeraldas, Quinindé, La Concordia, Santo Domingo de los Tsáchilas, Manabí, Los Ríos y Sucumbíos.

Según un morador de La Concordia, a raíz de que la banda se hizo popular, otros grupos y la delincuencia común se han tomado su nombre para delinquir. “En muchas ocasiones, cuando hay litigio de tierras, incluso se nombra a uno de los ‘duros’ de esa banda para ganar la pelea”.

Guerrero asegura que se ha identificado a los 10 cabecillas de la banda. Pero no a todos se los ha podido detener por la falta de denuncias. El 12 de marzo fue una excepción. En esa fecha fue aprehendido, según los agentes, uno de los más peligrosos.

El juez cuarto de Garantías Penales de Quinindé dictó prisión preventiva para Joel M. por un supuesto asesinato. “Pudimos operar porque la familia de la víctima denunció”, aseguró Guerrero.

El operativo se realizó en la avenida Plata Torres, la arteria principal de La Concordia. Diez agentes participaron en la captura de Joel M., a las 02:00.

El resto de integrantes de la banda sigue operando, dicen los uniformados. Cuentan con personas especializadas en el trabajo de Inteligencia. Siguen a sus víctimas durante dos o tres meses y se encargan de levantar información que les sea útil, como ocurrió con el ex Gerente. Ellos sabían el nombre de su esposa, los de sus hijos, la dirección del domicilio e incluso los horarios de entrada y salida, de él y de su familia.

Los pobladores coinciden en que entre el grupo delictivo hay policías que fueron dados de baja y también gendarmes en servicio activo. El jefe policial de La Concordia hizo un llamado para que se denuncien a los malos elementos de la Policía que pudieran estar vinculados y se puedan tomar los correctivos del caso.

Pero según un agente de Inteligencia, ni los propios compañeros lo hacen, “porque son personas peligrosas”. Los supuestos malos elementos -dice el agente- están armados, conocen sobre operativos de asalto y tienen una compleja red de contactos a todo nivel en esas ciudades.

Por eso el ex Gerente del banco asegura que no existen las garantías mínimas de seguridad en La Concordia. “Esta vez me pasó a mí, pero la siguiente víctima podría ser cualquier persona”.

La Policía

En La Concordia hay 96 policías en servicio activo para 42  924 habitantes. El cantón no cuenta con un cuartel para entrenamiento y vigilancia de la  Policía o el Ejército.

Los pobladores de La Concordia aseguran que los integrantes de la banda delictiva que supuestamente extorsiona tienen casas de seguridad en la zona rural de ese  cantón.

Durante el año pasado se registraron 24 denuncias por robo a personas en La Concordia, según cifras de la Policía Judicial.

Según registros de la  Policía, de enero a diciembre del 2011, en Esmeraldas se denunciaron 94 casos de extorsión. En Santo Domingo hubo 66, en Manabí 106 y en Los Ríos 27.   

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