11 de May de 2010 00:00

El César V se llevó cuatro vidas

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Redacciones Guayaquil y Manta

La luz tenue de un teléfono celular mantiene con vida a 15 pescadores. Son los sobrevivientes del barco atunero César V, que se hundió la madrugada del domingo frente a las costas de Playas, General Villamil (Guayas).

En la casa de Pedro Ramírez, su madre, Emilia Lino, y su esposa, Fanny Banchón, no cesan de dar gracias a Dios. Coinciden que el mejor regalo por el Día de la Madre fue que el hombre volviera con vida. ‘Tufo’, como conocen a Ramírez, cocinero del barco, era el único de los 19 tripulantes que no residía en Manta (Manabí). Vive en Data, a unos 6 km de Posorja, un puerto pesquero, cerca de Playas. Y es uno de los 15 tripulantes que se salvaron, el capitán y tres compañeros más murieron. Según relató, ellos dormían a la 01:00. Los despertó un golpe. Su compañero Pedro Rivas, quien dormía en la litera de arriba, le cayó encima. Luego todo fue confuso, movimientos, gritos y no volvió a ver a su amigo.

“Mi esposo me dijo que se golpeó fuerte, pero que salió gateando del camarote y alcanzó a salir por un hueco. Al salir se ubicaron sobre la parte del barco que aún no se hundía”. Fue ahí cuando, con el único celular que no se hundió, hicieron señales luminosas. Un barco ‘chinchorrero’ (pequeño) de pesca blanca los divisó. Eran cerca de las 03:00 cuando salvaron a 15 de los pescadores.

Los tripulantes Pedro Rivas Palma, Teodosio Camejo Arroyo y José Bailón López, más el capitán Próspero Zamora Cedeño no aparecieron esa madrugada.

Una llamada despertó a la mujer de Ramírez a las 04:00. A esa hora su esposo logró señal desde alta mar y le comunicó una “desgracia con suerte”. Cerca de las 08:30 se unieron en un fuerte abrazo entre lágrimas, cuando llegó al puerto de Posorja.

El cocinero ayer todavía tenía raspones en los brazos y un golpe en la cabeza. Pero se embarcó en una panga para navegar unas tres millas náuticas (6 km) para tratar de salvar a sus compañeros.

Desde el Retén Naval de Posorja, el domingo se organizaron las operaciones de rescate de los cuatro desaparecidos. Los sobrevivientes volvieron a Manta, donde la noticia alteró el fin de semana.

En Posorja, ayer cerca de las 11:50 se conoció del primer cuerpo recuperado. Era del capitán Zamora. Los buzos lo encontraron sin vida en su camarote del barco. En Manta, a esa hora la hija Maribel conversaba con familiares y vecinos. Contaba que 50 de los 76 años su padre los dedicó al mar. De pronto una llamada al celular. “Hola naño... qué pasó, estaba en el camarote, no puede ser”.

Desde Posorja sus hermanos le avisaron que el capitán murió. 20 minutos después se anunció la recuperación del cuerpo del pescador José Bailón. Una hora después, el grupo de buzos terminó la tarea cuando encontró los cuerpos del maquinista Teodosio Camejo y el mirador Pedro Rivas.

Ellos habían quedado atrapados en la embarcación de matrícula P-00-00693. Otro equipo especializado buscaba controlar la fuga de combustible para evitar impactos ambientales. En los tanques llevaba 20 000 galones de diésel para 22 días de faenas.

Jorge Luis Quijije, uno de los sobrevivientes, comentó que cuando se dio vuelta el barco, todo fue muy rápido, lo que no dio tiempo a nada. La mayoría descansaba, “estábamos salando el pescado, había más de dos toneladas de atún, el capitán se retiró por un momento a descansar y luego en pocos minutos todo era agua”.

Maritza Zamora, hija del capitán del barco desde hace seis años, pidió una investigación para determinar las causas del accidente. El pasado sábado su padre la llamó para despedirse antes de zarpar. En esta ocasión le dio su bendición porque este sábado ella se casaría. “Por reparaciones, el barco no zarpaba desde hace dos meses. Yo quería que el zarpe tome unos días más para que me acompañe en mi boda”, dijo.

Los familiares del fallecido José Bailón López estaban resignados. “Nos venimos, pero no sabemos nada. Ni siquiera el dueño del barco, César Rohón, vino a hacerse presente”, dijo Nelly Santana, esposa de Bailón.

La esposa de Rivas, Melisa López, dijo desconocer si su esposo -38 años- tenía algún seguro de la empresa armadora. “Era el primer trabajo para este barco”.

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