Beber en la vía pública es una contravención poco sancionada

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Sara Ortiz. Redactora

Como cada sábado, la fiesta termina en Quito a las 02:00. Tras el cierre de los bares, discotecas y karaokes, una calle, un parque o un auto se convierten en una cantina. Libar en la vía pública no está permitido.

Según el Código Penal aún vigente, ingerir licor en la calle es una contravención leve, de primera clase. La multa es de USD 2 y 4. Es también una de las infracciones menos sancionadas en la capital.

De miércoles a sábado, agentes de la Policía Nacional efectúan operativos para el retiro de los fiesteros. "Les pedimos que se vayan a la casa. Eso es todo", dice un uniformado.

El último informe de la Organización Mundial de la Salud indica que Ecuador ocupa el séptimo lugar en de la Región entre los países donde más se ingiere bebidas alcohólicas.

La Comandante de la Policía de la Zona Centro, Ivón Daza, asegura que en los operativos jamás se realizan detenciones. "No se trata de un delito, pero tampoco las personas pueden hacer del espacio público una cantina", dice la oficial.

Según el Consejo de la Judicatura, de las 2 478 causas tramitadas en los juzgados de contravenciones de la provincia, entre enero y marzo, 21 fueron por libar en la calle.

El juez Roberto Cueva, del Juzgado Segundo de Contravenciones, comenta que las multas son tan bajas que los policías prefieren retirar a los libadores de las calles antes de acudir al juzgado y realizar todo el trámite legal..

El funcionario dirige desde hace un año esa unidad, ubicada en el Centro Comercial La Manzana, en el Centro Histórico de Quito. En ese tiempo, explica, solo una vez sancionó a una persona por beber en la vía pública. El 90% de los casos que ingresan a los juzgados de contravenciones es por pérdida de documentos, el 10% restante ocurre por riñas, líos vecinales, por actos obscenos, ofender a la autoridad, arrojar basura en la calle, etc.

En papeleo para sancionar esta contravención inicia con la elaboración de un parte policial en la Unidad de Flagrancia de Quito, en la avenida Patria. Los agentes demoran entre 30 minutos a 45 en realizar el documento: lo redactan, sacan tres copias, hacen firmar a un oficial superior, al infractor. Hasta entonces al menos tres policías han atendido el caso.

La comandante Daza precisa que son tres policías que en vez de estar patrullando en los barrios pasan hasta dos horas metidos en un juzgado.

La Agencia Metropolitana de Control también ejecuta operativos para evitar que los espacios públicos sean bares.

En el 2013, el organismo municipal emitió 4 659 sanciones por libar en las vías, en parques o autos. En La Mariscal fueron 929 casos. Las multas que impuso fueron desde USD 159 y USD 318 por reincidencia.

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Según la Ordenanza Metropolitana 151, libar en la calle es una infracción que se sanciona de forma administrativa: con una multa del 50% de una remuneración básica unificada.

Pero en La Mariscal y en el Centro Histórico, consideradas como zonas turísticas, la sanción es de USD 954 en base a la Ordenanza Metropolitana 236, de Regulación, Control y Promoción del Desarrollo de la Actividad Turística.

Karina Recalde pagó los USD 954 por beber en la esquina de la Calama y avenida Seis de Diciembre, en La Mariscal.

La joven recuerda que fue un fin de semana, hace más de tres meses, cuando decidió ir de farra con sus amigos. Las cervezas se habían acabado en un bar y decidió ir a otro, y luego a otro. "Eran como las 02:30 y ya estaban cerrando. Como aún teníamos cervezas nos llevamos las botellas. Yo tenía una e iba bebiendo mientras caminaba hasta donde dejé mi auto".

Ese día, para su mala suerte, había un operativo de la Comisaría Metropolitana de Aseo, Salud y Ambiente y de la Policía Metropolitana.

A Recalde, de 25 años, le dieron una citación. Dos días después se acercó a cancelar parte de la multa. "Me tocó pagar en tres partes", cuenta. "Ya no volveré a hacerlo", agrega.

En el 2012, solo por multas, la Agencia Metropolitana de Control recaudó USD 63 910.

En La Michelena, en el sur, hay más de 80 bares, discotecas y karaokes. Cada viernes por la noche, un grupo de 10 policías están encargados del operativo para retirar a los libadores. En las motos, los agentes recorren las calles iluminadas por el neón. Allí se hacen cuatro horas de patrullaje.

El pasado viernes 9 de mayo, los policías recibieron una llamada que solicitaba el retiro de un grupo de chicos que ingería alcohol en el interior de un vehículo, estacionado afuera de la calle Serapio Japeravi, en Barrio Nuevo, en el sur.

Según el parte, los jóvenes se fueron a sus casas y abandonaron al conductor, pues, por su estado de ebriedad, no podía manejar. El muchacho fue trasladado a la Unidad de Policía Comunitaria del barrio hasta que se le pasara la borrachera.

Uno de los uniformados incluso manejó el vehículo y lo estacionó en el complejo policial. Al despertar, los uniformados dejaron ir al joven con su resaca.

  • En contexto


Según la Organización Mundial de la Salud, Ecuador ocupa el séptimo lugar del ranking de los países en donde más se bebe alcohol. Los operativos policiales para evitar que se ingiera licor en la vía pública se limitan a pedir que las personas se retiren de lugar.

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