29 de December de 2010 00:00

Dos bandas familiares controlan la delincuencia común en Quito

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Redacción Seguridad

En La Colmena y La Libertad (centro de Quito) pocas personas se atreven a hablar sobre la banda María Luisa. La mayoría de moradores prefiere callar y unos pocos admiten que alguna vez escucharon comentarios sobre ellos.En ese sector (calles José Corella y Concepción), la Policía detuvo el 24 de diciembre, a las 02:30, a tres supuestos miembros de ese grupo. Se los inculpa de ser los presuntos autores del asalto al alcalde de Quito, Augusto Barrera.

En su poder se encontraron cerca de 50 maletas de computadores portátiles, uniformes de policías militares y de gendarmes de la Policía Metropolitana. Esas evidencias son analizadas por el fiscal Marco Esquetini.

Fuentes de Inteligencia de la Policía Judicial señalan que esa es una de las 20 bandas de delincuencia común que operan en Quito. Estas se dedican al robo de casas y a delitos contra personas.

“Siguen campantes aquí; haciendo de las suyas. No necesitamos importar delincuentes”, dice un agente. El oficial recalca que en esa lista las bandas delictivas más arraigadas son dos que tienen una característica: la tradición familiar. “A una de estas (cuya fallecida líder vivía en El Panecillo) todavía se la encuentra robando casas sin gente en el interior”. La otra agrupación, según el policía, “es la que asalta a vehículos en movimiento y casas con personas en su interior”.

Esta última habría atacado al Alcalde. Un gendarme de una Unidad de Policía Comunitaria del Centro Histórico reconoce que los integrantes de los María Luisa viven en La Colmena. Y precisa: “No opera en ese barrio. Allí, los problemas más frecuentes son los escándalos por el consumo de licor y la violencia intrafamiliar”.

Según la Policía Judicial, los María Luisa operan en el norte de Quito. “Avanzan hasta un punto de la ciudad y hacen un recorrido por los sectores donde hay personas de altas posibilidades económicas. Les roban computadoras portátiles, teléfonos celulares y dinero”, dice un agente.

Un estudio del Observatorio Metropolitano de Seguridad Ciudadana refiere que, hasta junio del 2010, las víctimas de asaltos en la calle perdieron dinero en un 29%, teléfonos celulares en un 27% y laptops en un 9%.

La otra banda con tradición familiar “opera en los valles de Tumbaco y Los Chillos. La integran más de 20 personas”.

Según el estudio del Observatorio Metropolitano de Seguridad, en los robos a domicilio las víctimas pierden dinero en un 56% de casos, celulares en un 52%, laptop en un 22% y joyas en un 17%.

El mismo estudio indica que hasta noviembre se han presentado 7 387 delitos contra personas. El mes más conflictivo fue agosto con 833 casos. El día de la semana en el que más atracos se registran es el viernes.

Según Inteligencia, otras 18 bandas operan a menos escala, algunas articuladas con las dos anteriores. “Otras son de extranjeros, que ejecutan delitos contra personas y contra la propiedad”.

Marco Y., morador de La Libertad, cuenta que ha observado a los miembros de una banda en cuatro camionetas Chevrolet D-Max. Según él, la banda de los María Luisa no solo se dedica a asaltos a personas, sino también a comercializar droga al menudeo y al robo de autos en otras provincias.

“Viajan de una ciudad a otra. En el trayecto asaltan a las personas que aparecen en el camino. A los artículos robados les llaman ganados. Por ejemplo, si robaron tres computadores, significa que tienen tres ganados”, dice Marco.

La Policía precisa que las dos bandas familiares operan desde la década de los ochenta. Actualmente, los hijos y nietos de quienes presuntamente cometían actos ilícitos en años anteriores son los que roban en la capital.

Según la Policía, los presuntos asaltantes han sido detenidos, pero han recuperado la libertad porque la gente no los denuncia.

QUITO

Manuel Toaquiza

Víctima de la inseguridad

Nada recobré   del robo de mi casa

Soy taxista profesional desde hace siete años y  hace dos meses fui víctima de dos delincuentes. El 28 de octubre hice un recorrido en el sur de la ciudad, en el sector de San Bartolo. Una pareja joven me hizo parar en la calle

Balzar. Eran las 11:00, el hombre y la mujer llevaban unas bolsas grandes, por lo que decidí realizar esa carrera. Me pidieron que avance hacia San Roque, pero no me dieron una dirección exacta, solo me pidieron que avance hasta ese barrio. Me pareció un tanto sospechoso, pero me tranquilizaba porque era temprano. 

Cuando llegamos a San Roque me pidieron que avance hasta una calle desierta en el sector de la Cima de la Libertad. Cuando paré para que bajen, me exigieron que les entregue todo el dinero. Hasta ese momento había realizado pocas carreras, así que me  robaron USD 20. Yo no puse resistencia por temor a que se lleven mi automóvil. La calle estaba desolada, no podía pedir ayuda a nadie. No he denunciado el robo porque no confío en la justicia. Hace unos tres años me robaron mi casa. Se llevaron todo.

En esa ocasión puse la denuncia en la Policía Judicial, pero no tenía  dinero para contratar un abogado y  el trámite se estancó. No recuperé nada de lo que se llevaron. Por eso prefiero ser más cuidadoso al momento de recoger pasajeros para evitar apuros.

La propuesta

Rosario Utreras

Coord.  nacional de grupos de protección prioritarios

La mujer es más vulnerable

La inseguridad que vive el país tiene sus niveles más graves en contra de las mujeres de cualquier edad y condición social, cultural y étnica. Por eso  creo que los municipios deben fortalecer políticas  para mejorar los espacios públicos con la  iluminación de canchas, parques y calles. De esta manera las mujeres puedan  transitar libremente,  para que tengan  el mismo derecho al uso de la ciudad que los hombres. Ellos de alguna manera se sienten más dueños de las urbes  porque se sienten más  seguros para salir en la noche.

Otro espacio inseguro para las mujeres es el transporte público donde son maltratadas. Por ello, sería necesaria la acción de los guías ciudadanos para que velen por la seguridad de las mujeres que, por ejemplo, utilizan el  trolebús. Otra forma de protegernos de la inseguridad es la organización barrial poniendo la solidaridad y el apoyo entre los vecinos como parte fundamental de todo proceso .

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