Una banda violenta, vinculada a 300 robos

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Sara Ortiz. Redactora

Desde el momento en que sus hijos no salieron a recibirlo en el garaje supo que algo andaba mal. No tuvo tiempo de pensar, una pistola en su cabeza lo paralizó. En medio de insultos, el desconocido condujo a Segundo (identidad protegida) hasta el segundo piso. Encontró a sus cuatro niños y su esposa maniatados; estaban sin zapatos, boca abajo y amordazados.

La intimidación psicológica y la violencia física eran la característica de una banda delictiva que fue arrestada el martes pasado. 10 fueron acusados por la Fiscalía de ser los supuestos integrantes de esta organización.

Según Lino Proaño, comandante de la Policía del Distrito, el grupo operaba desde el 2010. Al menos, 300 robos a domicilios en Quito, la mayoría de forma violenta, tienen relación con los sospechosos.

En el 2013, se reportaron 3 077 robos de domicilios en la capital. 420 fueron violentos, según datos de Observatorio Metropolitano de Seguridad Ciudadana (OMSC).

"No quiero que se nos escape un tiro. Mejor danos el dinero". Segundo recuerda que lo amenazaron con ejecutar a uno de sus hijos si no entregaba sus pertenencias. Ese día, cuatro hombres y una mujer se llevaron unos USD 7 000 en enseres y dinero.

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  • El operativo de captura

El martes pasado, a las 01:30, los golpes de un combo contra la puerta despertaron a los vecinos de Solanda, en el sur. Desde sus ventanas y terrazas observaban cómo un piquete de policías, armados y encapuchados ingresaban a una casa.

Dentro, un hombre y una mujer fueron arrestados. Los policías los colocaron boca abajo mientras buscaban las evidencias. Un par de esposas, dos pistolas, municiones, llaves maestras, USD 12 500 en efectivo, 12 plasmas, cinco tabletas, entre decenas de evidencias fueron incautados en seis allanamientos.

En el operativo Júpiter participaron 100 policías, dirigidos por la Unidad de Inteligencia Antidelincuencial.

Según el OMS, la mayoría de los robos de domicilios se comete en el norte.

El 8 de enero pasado, un hombre interceptó a María P. cuando regresaba de la panadería.

Cuando ella abrió la puerta de su casa, ubicada en San Carlos, sintió que le hundían una pistola entre las costillas. "Me tapó la boca con un trapo. En cinco minutos estábamos en la sala. Me ataron".

Según un agente, la banda esperaba que las víctimas llegaran a sus domicilios para forzar las seguridades e ingresar.

En los 30 minutos que duró el robo, María supo que la habían vigilado. Entre las conversaciones de los asaltantes, le revelaron la hora en la cual regresaba a casa, luego del trabajo.

"Vigilaban y seleccionaban a las víctimas. Elegían a personas con una posición económica media y alta".

  • El rastro en un 'mall'

El inicio de la investigación para desarticular la banda inició en un centro comercial del centro de la urbe. Según la Fiscal del caso, después de que los sospechosos asaltaban una casa comercializaban los objetos en dos locales de artículos para el hogar y tecnológicos.

Desde el 13 de enero, una Jueza autorizó que los agentes vigilaran a los integrantes de la organización delictiva. Dos de los detenidos serían las personas que se encargaban de comercializar con los enseres. Otro integrante se encargaba de alertar y vigilar desde una moto mientras la banda cometía el delito. Dos mujeres detenidas conseguían datos personales de las víctimas...

En contexto
Los robos a domicilios disminuyeron el último año en Quito. La desarticulación de un grupo delictivo, el martes pasado, evidenció una práctica sistemática: la violencia y el pánico al que fueron sometidas sus víctimas.

Los investigadores estiman que opera desde el 2010, especialmente en barrios del norte, en hogares de clases media y alta.

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