19 de November de 2011 00:01

El ataque en la frontera no se aclara

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La vida militar empieza a las 06:00. Los soldados se bañan, van al patio para recibir instrucciones, desayunan y comienzan sus tareas. Una de ellas es formar grupos para patrullar la frontera con Colombia.

Los uniformados son del Batallón de Selva 55 Putumayo, asentado en Sucumbíos. Unos 600 hombres operan en este cuartel.

Desde allí se designa a 18 soldados que harán los patrullajes fluviales, distribuidos en tres embarcaciones tipo Phantom. Otros 18 harán controles terrestres.

“Pero el número (de soldados) varía dependiendo de la misión a la cual hayan sido asignados”, dijo el coronel Fausto Berrazueta, comandante de la Brigada de Selva 19 Napo, asentada en Orellana.

En uno de los controles fluviales se hallaba el cabo Fabián Chango, que el miércoles murió tras un ataque de desconocidos que dispararon con escopetas, pese a que los militares ecuatorianos de esa patrulla estaban armados con fusiles HK y una ametralladora instalada en la embarcación.

En Quito, el miércoles, Alonso Núñez, director médico del centro de salud donde fueron internados los tres militares afectados en el ataque armado, decía que el soldado Chango registraba un trauma “tóraco abdominal”. Luego dijo: “Me parece que los impactos recibió en el tórax”.

¿En el patrullaje, el militar fallecido tenía chaleco antibalas? En un primer momento, tras el hecho del miércoles, el general Fernando Proaño, comandante de la IV División del Ejército, dijo que los disparos salieron de entre los matorrales. Y que Chango “no estaba con el chaleco antibalas pero sí con el chaleco salvavidas”.

Pero ayer el coronel Berrazueta fue menos específico: “Estamos averiguando si llevaban chalecos antibalas. Eso no se puede descifrar”. Según el oficial, el tiro fue frontal y un soldado ecuatoriano habría disparado al aire.

El ataque a las FF.AA.

El general Proaño descartó que el ataque lo hayan perpetrado grupos irregulares que operan en Colombia . El oficial visitó el lugar el miércoles para verificar lo que ocurrió ese día.

¿Por qué los militares, pese a llevar fusiles HK fueron sorprendidos por personas armadas solo con escopetas? El general Proaño dijo que los militares ecuatorianos no respondieron al fuego porque las detonaciones provinieron del territorio colombiano y aseguró que si disparaban podían invadir territorio internacional.

“Se tiene presunciones de quiénes son (las personas que iniciaron el ataque) y se iniciarán las investigaciones correspondientes”, afirmó el oficial.

Para los patrullajes fronterizos, el Ejército dispone de alrededor de 12 000 soldados a lo largo de la frontera norte. Según el general Proaño, las FF.AA. tienen 50 embarcaciones para desplazarse. Son de tipo Phantom, Pukuna, Pantano y Thunder Jet.

En los ríos se desplazan seis militares. Allí está un radio operador, conductor, enfermero de combate, un voluntario del servicio de Inteligencia, un voluntario de Marina y el comandante. Tres botes se usan en estos operativos.

Según el Ejército, los soldados que se encuentran en esta zona aprenden otro tipo de entrenamiento. Reciben instrucción de ambiente selvático, técnicas de combate especial en selva, navegación con GPS, uso de brújula…

En caso de que la orden sea ingresar a la selva, los helicópteros llevan a las patrullas. Ellos se insertan en la vegetación y pueden estar hasta una semana allí.

Después del ataque

Los militares caminan lentamente por el patio central. Algunos visten su uniforme completo: camisa y pantalón camuflaje, botas y sombrero. Otros, en cambio, usan su camiseta deportiva café.

A las 13:00, los conscriptos se alistan para almorzar. Un oficial ordena que se formen. Cada uno lleva en su mano un envase de aluminio, cuchara y un vaso.

La lluvia cae mientras los conscriptos marchan. “Saliendo de su base los comandos ya se van/ dejando atrás mujeres, hijos y hogar se van…” cantan los jóvenes mientras avanzan al comedor.

Un soldado replica que “la comida les levanta el espíritu”. Los desayunos y las meriendas varían dependiendo el día.

Un subteniente del Batallón dice que la mayoría de ellos son de otras provincias. “Tenemos libre siete días y hay personas que viajan durante dos días a sus hogares”. En el caso de la conscripción, prosigue el militar, hay aspirantes que apenas terminan la escuela.

Los jóvenes rapados hacen fila para recibir su ración de caldo de patas, guatita y jugo de mora. A la espera se encuentra el soldado de infantería Alexis Sampedro. Llegó de Quito hace dos años y un tío le inspiró para ingresar al Ejército. A los 7 años “mi pariente saltó de un avión y eso me lo dedicó. Desde allí nació algo motivante”.

Sampedro ingresó a la Escuela de Formación de Soldados, en Ambato, a los 22 años. Este quiteño maneja armamento como el Obus-105, un cañón de artillería pesada y todo tipo de armas. “En los patrullajes fluviales yo soy quien alerta a mis compañeros de alguna novedad. Afortunadamente no hemos tenido problemas. También he hecho patrullajes terrestres”, señala.

Los militares del Putumayo vigilan la frontera durante 28 días. “En la IV División se planifican 12 grandes operaciones al año. Estas tienen cuatro períodos que se organizan cada semana. Esto permite que el personal militar rote en sus funciones”, sostiene el general Proaño.

En los operativos participan uniformados desde el rango de soldados. Ellos se preparan dos años y en los cuarteles hay personal desde los 20 años.

“Algunas veces tuve la oportunidad de patrullar con él (Fabián Chango)”, recuerda el suboficial Holger L. Dice que Chango conversaba sobre su familia y de los días en los que posiblemente los iría a visitar. Este militar, al igual que su compañero fallecido, ha participado en los controles.

El Ejército explicó que los controles continuarán como lo habían planeado. No se aumentará personal luego del incidente.

El almuerzo termina en el Batallón. Los militares se cubren con sus utensilios de comida para no mojarse en la lluvia y siguen...

El entorno de Chango

La capilla ardiente de  Chango se levantó en su casa,   en la parroquia   Eloy Alfaro (Latacunga).  La mayoría de sus habitantes se dedica a la elaboración de bloques y a la agricultura.

Chango tenía 25 años y  era el tercero de cuatro hermanos. Sus familiares contaron que se enteraron de la noticia por una llamada en  la que  les informaron que había tenido un accidente y  después, cerca del mediodía,  les confirmaron su muerte.     

Era cabo primero y  prestaba servicio a las Fuerzas Armadas desde hace ocho años. La   madre  del soldado  pidió  que el Ejército  apoye a  sus nietos. “No tenemos para darles la educación ni lo que tuvieran si su padre estuviera con vida”,  sostuvo.

El coronel Fernando  Villacís, director de Bienestar de Personal del Ejército, indicó que la familia de Chango no quedará desprotegida y que recibirá la ayuda económica correspondiente. Esto significa la cobertura del seguro de vida y la devolución de las aportaciones.

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