18 de June de 2012 00:01

Los asesinatos alarman a San Lorenzo

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Al entierro de los muertos solo va el panteonero. Los envuelve en fundas y los sepulta en una fosa común. Nadie vuelve por ellos y los montículos de tierra que quedan en las tumbas se pierden entre la maleza y las cruces de otros difuntos. Son cadáveres no identificados (NN). Desde el año pasado, al cementerio de San Lorenzo, cantón esmeraldeño y fronterizo con Colombia, han ingresado seis.
El último cuerpo en llegar sin datos fue el de un hombre al que decapitaron hace tres meses.

¿Qué hay detrás de esas muertes? Los agentes tienen pistas: mal reparto de dinero ilegal, disputas de rutas para llevar droga o enfrentamientos de grupos criminales que buscan territorio para el microtráfico en la zona.

En un cuarto grande, casi en tinieblas, agentes de Inteligencia miran un mapa de Esmeraldas. Las rutas delictivas desde Colombia están identificadas con rojo y revelan que por San Lorenzo penetran grupos armados ilegales y mafias, que usan ochos pasos para traficar armas y drogas.

Todos se apoyan en grupos ilegales locales (26 cabecillas están identificados). Ellos dan seguridad a los cargamentos y se les atribuyen muertes violentas. Este informe es de Antinarcóticos, y allí se muestra que en el 2011 en Esmeraldas se incautaron 2,9 toneladas de droga. Entre enero y mayo de este año van 2 toneladas.

Esa provincia tiene la más alta tasa de homicidios de Ecuador. Cifras oficiales lo refieren. En el 2010, ese índice fue de 61,6 crímenes por 100 000 habitantes, cuando el promedio en el país fue de 18,6 homicidios. Ese año, según la Policía, la provincia registró 284 homicidios de 2 638 registrados a escala nacional. En el 2011, Esmeraldas reportó 263 de las 2 345 muertes violentas a escala nacional (11,2 %).

Hasta mayo de este año, en San Lorenzo van 32 crímenes. En el primer semestre del año pasado hubo 40. El panteonero que cuida a los NN ha visto cadáveres con hasta 20 tiros. Y a emergencias del Hospital Estatal Divina Providencia han llegado otros con cuatro o cinco balas en la cabeza.

Ese servicio médico está asegurado con una puerta metálica y candados. Adentro vigila un guardia contratado hace tres meses, luego de que hombres armados llegaran para intentar sacar a la fuerza el cadáver de una persona que llegó con tiros en la cabeza.

“Él ingresó muerto y la gente quiso llevárselo. Todos estaban armados y llamamos a los policías”. Este relato es de una persona que trabaja allí. Detiene la narración y luego hace un pedido: “Por favor, no nos vaya a identificar, porque pueden venir y matarnos”.

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Disparos en el entierro

Al cementerio también llega gente armada, como el día en que enterraron a uno de los supuestos cabecillas de los sicarios.

Lo velaron en el centro de San Lorenzo y mientras caminaban al cementerio, los familiares disparaban al aire. Ocurrió en el 2010 y la gente que vio ese traslado recuerda que los armados llevaban pistolas, repetidoras y miniuzis.

Ahora -dice una mujer- cuando muere un cabecilla, la Policía llega al cementerio “para impedir esas despedidas”. El teniente coronel Rodrigo Ocaña es el jefe policial en San Lorenzo. Para él, la seguridad ha mejorado: “La gente se siente más tranquila ahora”.
Los disparos en ese entierro siguieron en el panteón. Y luego se cumplió el último pedido del difunto: que se colocaran tres planchas de cemento sobre su ataúd.

El panteonero escuchó que eso era “para que sus enemigos no se robaran el cuerpo y se vengasen después de muerto”. En el 2008 ya desaparecieron dos cadáveres; luego fueron hallados incinerados en un terreno.
En la fosa de otro presunto sicario también se colocaron dos planchas internas y en la superficie, otra adicional. Levantaron dos paredes de un metro de alto y sobre ellos una plancha más.

A otro, en cambio, lo enterraron en uno de los nichos que una familia de San Lorenzo tiene reservado. Ese lugar está asegurado con puertas metálicas y candados. Allí pasó dos años y cuando los familiares vieron que ya “no había peligro de que se robaran el cuerpo” lo trasladaron a otra tumba, junto otros muertos. Ese nicho es el que más flores tiene. Las tumbas de otros presuntos cabecillas de mafias locales están casi abandonadas. Nadie las visita.

Ni morgue ni Medicina Legal

La plancha de cemento de un nicho está descolorida. Luce negra y la maleza casi la cubre. Sobre ella quedó tendido el cuerpo del hombre decapitado hace tres meses, luego de que la Fiscalía ordenara la exhumación. Al aire libre, el médico legista analizó el cadáver y buscó evidencias sobre el crimen. ¿Por qué este trabajo se hace al aire libre y sobre la plancha de una tumba? El cementerio de San Lorenzo no tiene morgue ni cuartos fríos. “No hay equipos para recabar inmediatamente evidencias. No hay adónde llevar los cadáveres y no se puede hacer la autopsia rápidamente. Muchas veces el fiscal pide que después se exhumen ”, revela un agente.

Ese cantón tampoco cuenta con Medicina Legal y en Esmeraldas la Policía opera solo con un legista. Hay otro, pero es de la Fiscalía.

Los dos están en la ciudad de Esmeraldas. “Hasta viajar a lugares alejados como San Lorenzo, muchas veces los familiares de los muertos ya los entierran”. Esta versión de otro policía es contundente, pues asegura que eso dificulta las investigaciones.

Los agentes hacen más revelaciones: sobre casos en los que exhuman y analizan los cuerpos en el mismo ataúd o sobre ellos. No hay otro espacio para hacerlas. El agua se traslada desde un grifo que está ubicado en la entrada de aquel cementerio.

Pero hay días en que no hay servicio ¿Qué hacen cuando eso ocurre? “Compramos agua sin gas en botellas”, responde uno de los investigadores. “La verdad es que esta investigación es muy arcaica”.

“Serrano, amigo, San Lorenzo está contigo”

¿Cuál es la respuesta oficial? El pasado jueves, el ministro del Interior, José Serrano; el viceministro, Javier Córdova, y el comandante general de la Policía, Patricio Franco, llegaron a poblaciones de la frontera norte. Una de ellas fue San Lorenzo. Al siguiente día emitieron un comunicado y allí dijeron que la gente del lugar “recibió al Ministro con gritos y aplausos, y a la voz de ‘Serrano, amigo, San Lorenzo está contigo”.

Pero en el documento de cuatro párrafos no se dice nada sobre la falta de una morgue, de Medicina Legal o un Centro de Detención Provincial (CDP) para el cantón.

Los detenidos están recluidos en una improvisada celda de tres metros de largo por dos de ancho, adaptada en la prevención del Comando policial. El jueves estaban 10 presos, con bustos desnudos, pantalones cortos y sandalias. “Sáquenme de aquí que me asfixio”, gritaba uno de ellos.

El Ministerio del Interior reconoce que “aunque el índice delincuencial ha bajado considerablemente, es un tema que aún está en la mira de las autoridades”.

El día en que Serrano estaba en San Lorenzo, en el Hospital Divina Providencia revelaban cómo todos los fines de semana entran por emergencias hasta tres heridos por bala. El panteonero contaba los NN y recordaba que llegan con tiros en la cabeza o como en el último caso: decapitado.

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