6 de February de 2012 00:01

Los alumnos se sienten inseguros en las afueras de sus centros de estudio

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Sintió un apretón en su cintura y una persona le obligó a que le entregara el celular. La alumna obedeció de inmediato la orden. A menos de media cuadra de su colegio, en el norte de Quito, Carmen (nombre protegido), de cuarto curso, caminaba para coger un bus al salir de clases. Poco antes de llegar a la vía principal, un joven la abrazó fingiendo ser un amigo y le robó.

No es el único testimonio. Hay otras alumnas que cuentan lo mismo. Es viernes. 12:30. Tres policías caminan por el lugar y dicen vigilar para que los alumnos no tengan problemas al subirse al trasporte del colegio o el público.

En la Unidad de Vigilancia de La Mariscal (norte de Quito) su jefe es el coronel William Benítez.

Él dispuso que tres de los 25 uniformados que operan en esa unidad vigilen, por ejemplo, el colegio Manuela Cañizares. No obstante, su rectora, Martha Lozano, dice que el número de gendarmes es insuficiente.

De hecho, ante los robos a sus alumnas, la funcionaria pidió una reunión con los policías, para que vigilen especialmente a la hora de ingreso (06:30 a 07:30) y a la de salida (12:30 a 13:30).

Cifras del XV informe del Observatorio Metropolitano de Seguridad Ciudadana (OMSC) revelan que los estudiantes son un grupo vulnerable. En el 2010, se registraron 92 robos a mujeres menores de 15 años y a 147 hombres de la misma edad.

En la Encuesta de victimización, levantada en Quito, se dice que los centros educativos están entre los ocho lugares donde se da la mayor cantidad de asaltos. Registra el 1,4% de los casos.

En las afueras de otro centro educativo, del sur de Quito, los estudiantes denuncian que grupos delictivos operan en las calles aledañas. Las autoridades del plantel dicen lo mismo. “Hemos alertado a los policías que están en esta zona, pero ellos dicen que no cuentan con el suficiente personal”, reveló una funcionaria.

[[OBJECT]]Ana L., estudiante de primaria, cuenta que los sospechosos los amedrentan, amenazan, les roban y en ocasiones incluso los siguen hasta sus hogares. A una niña –contó otra profesora- la siguieron hasta su casa hace unos meses. “No sabemos qué pensaron hacerle, pero gracias a Dios no pudieron ingresar, porque su madre llegó justo en ese momento (...) Un joven se le acercó y le preguntó si podía acompañarla, la niña accedió, pero antes de entrar a su casa, su madre llegó”.

Mónica Franco, subsecretaria de Apoyo del Ministerio de Educación, pide que en caso de existir personas extrañas o sospechosas se presenten reclamos formales ante la Intendencia de Policía.

En las afueras de otros dos colegios, en el norte y sur de Quito (Juan Montalvo y Montúfar) tampoco se ve un número considerable de policías en los alrededores.

En ambos centros, sus autoridades pidieron patrullajes a las unidades de vigilancia de su sector.

El estudio del Observatorio revela también que las cifras de robos a personas de entre los 16 y 30 aumentan. En el 2010, por ejemplo, se registraron 557 hechos violentos contra las mujeres y 1260 en contra de los hombres.

Ante esta problemática, el comandante del Distrito, Juan Carlos Rueda aseguró que existe un programa que cuenta con la participación de centros educativos, el Municipio de Quito y la Policía.

Escuela Segura –dice el coronel- se retoma al inicio de cada año lectivo. “Este año se planteó la cobertura en 100 escuelas y colegios. Los oficiales participan en charlas con los jóvenes en temas de drogas y violencia juvenil”.

Según Rueda, el control también depende de las instituciones y de las seguridades que adopten.

Sin embargo, este Diario constató que cuatro establecimientos públicos de Quito no cuentan con sistemas de video ni en los interiores ni en los exteriores.


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