13 de June de 2010 00:00

365 personas fueron sometidas a 25 tipos de tortura, dice Comisión

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Redacción Judicial

Los policías llenaron de gas lacrimógeno una funda negra y allí introdujeron la cabeza de Clemente Rodrigo Aucay Sánchez. Luego descargaron electricidad en los testículos y para evitar que grite amarraron su boca.

Aucay, alias Jorge, fue detenido en su vivienda, en las calles Cacique Chaparra 522 y Paseo de los Cañaris, en Cuenca. El escuadrón volante, estructurado en el gobierno de León Febres Cordero, lo retuvo a las 02:40 del 28 de junio de 1986 y lo acusó de subversión. “Cuando me detuvieron me insultaban para que confiese mi vinculación con Alfaro Vive Carajo (AVC). Me condujeron por un lugar desconocido y en el carro me iban pisando la cabeza. Hubo un momento en que me dijeron: oye ¿por qué te dejas maltratar? ¡Da nombres, coopera!”.El 17 de junio del 2008, él relató este episodio ante la Comisión de la Verdad (CV). Este organismo, que investigó presuntas violaciones a los derechos humanos entre 1984 y el 2008, identificó a 456 víctimas. De ella, 365 fueron sometidas a 25 tipos de tortura.

En 43 páginas del tomo uno del informe, la CV detalla los lugares, tipos y procedimientos de torturas. Uno de ellos era privar de alimentos a los detenidos. “Si me daban la merienda no desayunaba. Al mediodía me traían el almuerzo, venían seis o siete conscriptos y escupían en la sopa y en el arroz. En ocasiones ni comía, nadie podía acercarse al calabozo. Yo con hambre y el oficial viendo allí (')”, relató Pedro Dimas Loor, uno de los comandos de Taura, que fue detenido a inicios de 1987.

Otra forma de tortura era impedir que durmieran. Oswaldo Tomalá testimonió que al ser arrestado fue trasladado “a un cuartel de Guayaquil” y que en las celdas eran mojados y hostigados permanentemente. “Los conscriptos manifestaron que era una orden el rastrillar los fusiles para impedir que descansemos”, dijo Oswaldo Cevallos, otro comando de Taura arrestado en Quito.

Según el informe de la CV, las instalaciones militares y policiales fueron los sitios más frecuentes para torturar. En 25 años, 295 personas fueron agredidas en 27 instalaciones de las FF.AA. De ellos, 100 casos se produjeron en 22 cuarteles del Ejército, igual número en cuarteles o dependencias administrativas de la Policía Nacional, 82 en dos repartos de la Fuerza Aérea y 13 en oficinas de la Marina.

Para los interrogatorios, la Policía también utilizaba lugares clandestinos. La CV recogió la versión de seis personas que dijeron haber sido llevadas a casas abandonadas ubicadas en Carcelén (norte de Quito) y en el valle de Los Chillos.

Aucay permaneció en la cárcel de Cuenca. Al día siguiente de su detención los policías permitieron que paramédicos de la Cruz Roja lo chequeen, “para verificar que esté en buenas condiciones”.

En la página 284 de la investigación de la CV, él relata que luego de ser atendido, los agentes lo vendaron nuevamente y comenzaron los golpes. “Toda la noche eran torturas, electricidad en el cuerpo. Me botaban al suelo y me hacían reaccionar a través de descargas eléctricas ('), otra vez me golpeaban y me pateaban”.

Según la CV, los golpes con las manos, puños y pies constituyen el segundo tipo de violencia más frecuente. El primero fue las agresiones con objetos contundentes, como toletes, revólveres, carabinas, bates, garrotes, cadenas y toallas húmedas.

“Me golpeaban con la toalla en la espalda. Cuando salía de la tina un individuo me ponía corriente y me jalaba del pelo”, contó Manuel Pérez Rendón, miembro activo del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR), detenido en abril de 1985.

Otra forma de tortura era provocar asfixias colocando trapo húmedo en la boca y en la nariz. La Comisión de la Verdad detectó además que la mayoría de aprehendidos era vendados. Los detenidos revelaron que a más de taparles los ojos, eran vejados, golpeados, esposados, maniatados o amarrados a los postes.

A ello se sumaba el denominado simulacro de la muerte. Es decir, los prisioneros por supuesta subversión eran trasladados a lugares desconocidos. Y los policías utilizaban frases como: aquí no se oye nada, aquí si te vamos a matar; te vamos a amarrar y lanzar a una laguna o a un precipicio amarrado a una piedra. Eso aumentaba el temor y la desesperación de los detenidos. La intención era que den información de inmediato.

Quienes estaban en las cárceles eran incomunicados, tenían prohibido recibir alimentos y no podían asearse hasta por 15 días. En la página 171 del informe de la CV se indica que también eran insultados y humillados.

Tras un fallo del Segundo Tribunal Penal del Azuay, Aucay pasó un año en la cárcel. Luego se dirigió a Costa Rica y allí habló con Juan Vela, miembro del Partido Social Cristiano. La CV dice que fue él quien confesó que la orden de las torturas provenía directamente del entonces presidente León Febres Cordero.

Seis casos durante el 2008

La Comisión de la Verdad recogió seis hechos de torturas que se produjeron en el 2008, es decir, en este Gobierno. Allí aparece, por ejemplo, el caso Terranova, en el que Miguel Alexander Cadena fue detenido por la Policía el 25 de marzo de ese año. El arresto se produjo por una infracción de tránsito, aunque luego lo involucraron en un asalto a la joyería Terranova, que se había producido nueve días antes en Quito.

Él testimonió que fue torturado por agentes del desaparecido Grupo de Apoyo Operacional (GAO), pero que el 2 de abril del 2009, el Tercer Tribunal Penal lo absolvió definitivamente. Este pronunciamiento fue ratificado por la Corte Nacional de Justicia.

Ayer, el presidente Rafael Correa, en su cadena sabatina, dijo que en el país hay 42 000 policías y que “todavía hay trogloditas que creen que hay que recurrir a la tortura”. Dijo que esta “no es una política de Estado como lo fue entre 1984 y 1988”, en el gobierno de León Febres Cordero.

“No se puede combatir ilegalidad con más ilegalidad, el fin no justifica los medios, al final perdemos todos. Esos son crímenes que no prescriben. Hay políticos involucrados y que hablan de persecución”, señaló Correa.

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