8 de abril de 2018 00:00

El equipo secuestrado tiene una amplia experiencia en coberturas

Fotos: EL COMERCIO

Javier Ortega cubre actualmente la sección de Seguridad. Paúl Rivas se inició en este Diario en 1999. Efraín Segarra tiene 36 años como conductor profesional y durante 16 ha sido parte de los equipos periodísticos. Fotos: EL COMERCIO

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Redacción El Comercio

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El periodista Javier Ortega, el fotógrafo Paúl Rivas y el conductor Efraín Segarra han realizado trabajos complejos. Presentamos una semblanza de sus trayectorias profesionales.

Javier Ortega
Periodista

La vocación por el periodismo hizo que volviera de España


Era una tarde del 2005. Juan Javier Ortega trabajaba en una heladería, en la playa de Gandía, en España, cuando decidió que debía volver al Ecuador y convertirse en periodista.

En el sistema escolar europeo, sus calificaciones no eran suficientes para optar por esa carrera. Así que, contrariando los deseos de sus padres, dejó su casa y volvió al país solo.

Tenía 18 años y ya sabía cuál era su vocación, dice su hermano Alejandro. En el 2010, todavía estudiante de la Universidad Salesiana, ingresó como pasante a Últimas Noticias (ÚN), en donde escribió sobre ligas barriales. Cubrió campeonatos de Barrionuevo, Atucucho, Bellavista, etc.

“Desde el principio queríamos que se quedara”, cuenta Esteban Ávila, su primer jefe.

Un año después integró la plantilla del vespertino, como redactor de Sucesos. “Dudaba que aceptara, porque esa fuente implica manejar crímenes, delitos y tener sensibilidad con las víctimas”, dice Carlos Mora, editor de ÚN.

Javier aceptó sin titubeos, aunque en ese tiempo, con 23 años, también quería ser crítico de cine. Tenía un blog en donde reseñaba películas no comerciales.

En el 2012 pasó a formar parte del equipo de Seguridad de EL COMERCIO. En sus reportajes ha abordado la criminalidad, la corrupción y la violación de DD.HH. Su tesis de pregrado fue un reportaje sobre microtráfico en La Mariscal, un trabajo que le valió la felicitación de su tutora, Mónica Ruiz. A ella le confesó que le gustaría ser docente de periodismo.

En los últimos años ha trabajado en varias investigaciones. En el 2016 cubrió la última parte del proceso de paz entre el Gobierno colombiano y la guerrilla de las FARC. En el 2017 investigó la trama de corrupción de Odebrecht.

“Yo soy de esos locos que creen que las palabras son más fuertes que los muros”, cantaba, siguiendo el ritmo de Sharif, su rapero favorito, a quien sigue desde que estaba en España. En ese país se enamoró del Barcelona, aunque no estuvo en el Camp Nou. Su deseo era ver a Messi jugar allí.

Paúl Rivas
Fotógrafo


La fotografía es una profesión que heredó de su padre

Su padre, Ángel Rivas, fue militar y fotógrafo durante 20 años. Paúl heredó de él la fotografía, los conocimientos y las cámaras análogas, que ahora son parte de una colección personal.

Paúl se inició en este Diario en 1999, como fotógrafo de temas sociales. Asistía a cocteles, galerías, bodas, etc., vestido con traje y corbata, un aspecto muy lejano a sus actuales pantalones rotos, camisetas y zapatos deportivos.

Próximo a cumplir 46 años, Rivas ha ganado siete premios de fotoperiodismo en el país. Su trabajo también ha sido reconocido en revistas internacionales, como la imagen del volcán El Reventador, tomada en el 2003, que fue calificada por la revista Gatopardo como una de las mejores 10 fotografías de ese año en Sudamérica.

“Lo que más ama es hacer retratos”, cuenta su única hija, Carolina, de 22 años. En los últimos meses, su padre le ha trasmitido los conocimientos y con ella ha viajado y fotografiado plazas de Quito, playas, bosques, montañas.

En el 2007 ganó el Premio Jorge Mantilla Ortega por una historia fotográfica de las elecciones presidenciales. Ese mismo galardón lo obtuvo dos años después, por una crónica gráfica de la última carrera del Jefferson Pérez en Murcia, España.

Para su novia, Yadira Aguagallo, lo que lo caracteriza es su alegría. Su amigo José Mafla lo recuerda igual y cuenta que a la casa de Paúl, en Quito, la llamaba ‘Hotel Rivas’, pues siempre que José venía desde Mira, en la provincia de Carchi, se hospedaba allí.

Paúl también ha retratado a los familiares de los desaparecidos y por ese trabajo ganó los premios Jorge Mantilla y Eugenio Espejo. Con su cámara además captó la revuelta del 30 de septiembre del 2010 y el terremoto del 2016, en Manabí. Tiene un máster en Fotografía Documental.

Su hermano Ricardo se ha puesto al frente de la familia y del grupo, ha hablado con los representantes de la Iglesia y se ha presentado en los medios.

Efraín Segarra
Conductor

Durante 16 años ha trasladado en su auto a los periodistas

“Antes de sentarte ante el volante, mira siempre los espejos”. Ese era el consejo que Efraín Segarra le repetía a su hijo Patricio, en ese entonces de 14 años, cuando le enseñaba a conducir. “Siempre con paciencia y amoroso”.

En el Diario lo conocen como ‘Segarrita’. Tiene 36 años como conductor profesional y durante 16 ha sido parte de los equipos periodísticos.

Antes había manejado desde taxis hasta blindados.

Tiene 60 años de edad. Es oriundo de Pasaje, en El Oro, pero vive desde su infancia en la capital y es hincha “a muerte” del Deportivo Quito.

Actualmente es el chofer de mayor edad de este Diario. Su amigo y colega José Simbaña lo llama ‘Mi Viejito’. “No es solo por la edad, porque realmente tiene un espíritu joven, sino que siempre me ha tratado de mijo”, cuenta.

Su camioneta azul es un reflejo de su personalidad. Siempre está impecable, adentro no faltan papel higiénico, franela, luces LED, agua e iniciales de su nombre pegadas cerca del radio. Sobre el tablero del volante lleva una figura de la Virgen. Sobre el parabrisas colocó un ‘stiker’ que dice “Reina de El Cisne”.

En su carrera profesional ha tenido dos percances. El primero fue hace 20 años, cuando laboraba en un banco.

Sufrió un asalto con el taxi que manejaba por las noches, después de su trabajo.

En esa ocasión los delincuentes le cortaron la oreja. “Llegó sangrando a casa, pero estaba tranquilo”, recuerda su hijo. El segundo fue hace un año, cuando se estrelló contra un poste, en la vía a Los Bancos. No resultó herido. Dijo entonces que Dios lo cuidó.

En el terremoto del 2016 trasladó a fotógrafos y periodistas a Manabí, ha viajado a Cotopaxi para apoyar en las coberturas sobre el proceso eruptivo del volcán. De cada viaje colecciona una ‘selfie’.

La última vez que habló con su familia fue el domingo 25 de marzo. A su hijo mayor le comentó que se sentía algo nervioso y le prometió que volvería en una semana para asistir al estadio, junto con su segundo hijo, Christian.

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