19 de febrero de 2018 00:00

Santa Elena también es tierra fértil para el desarrollo agrícola

Un helicóptero fumiga cultivos de banano en  el cantón Santa Elena. Foto: Enrique Pesantes / EL COMERCIO

Un helicóptero fumiga cultivos de banano en el cantón Santa Elena. Foto: Enrique Pesantes / EL COMERCIO

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María Angelina Castillo
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Santa Elena es una tierra de suelos secos y escasas lluvias. Ubicada en la zona costera del país, su principal actividad es la pesca. Sin embargo, gracias a la implementación de un Plan Hidráulico, hace más de tres décadas, la agricultura constituye hoy uno de sus principales rubros económicos.

La construcción de un sistema de trasvase que transportara agua desde el río Daule, en el Guayas, a Santa Elena dio paso a la inversión en haciendas y hectáreas de cultivo.

Uno de estos casos fue el de la Hacienda Agroversol, que funciona desde el año 2000 a 800 metros en la vía a la comuna El Azúcar, ubicada en el cantón Santa Elena.

En 200 ha sembradas se cambió el aspecto desértico por las plantaciones entre las que se destaca el verdor del maíz.

René Crespo, propietario de la hacienda, considera que ese sistema se convirtió en el “cordón umbilical” de los agricultores, pues sin ello no habría actividad productiva.

Con la llegada del plan hidráulico, cuenta, más personas invirtieron en la siembra. Así, calcula que hay 200 productores corporativos y más de 1 000 pequeños agricultores que tienen presencia en 68 comunas.

De acuerdo con Omar Núñez, director de Fomento Productivo del gobierno provincial, la actividad representa hoy el 30% de las fuentes de trabajo y uno de los principales ingresos, después de la pesca, el comercio y turismo.

Son más de 20 000 ha sembradas en la península con una producción diversificada de cultivos. El de mayor extensión es el maíz, cuya cosecha representó en el 2016 el 2,91% de la producción del país.

Le siguen las siembras de uva de mesa, que superan las 200 hectáreas y se concentran en tres grandes compañías; así como aguacate, maracuyá, cacao, café y banano.

Este cambio hacia el campo tiene su origen a mediados de los años setenta con los estudios para el denominado Plan Hidráulico del Acueducto de Santa Elena (Phase).

El objetivo era transportar hasta la península un caudal desde el río Daule, para desarrollar unas 40 000 hectáreas de cultivo agrícola en la zona.

Sin embargo, según Núñez, solo se ejecutó el 7% del proyecto. Ese porcentaje involucró la restauración de la represa El Azúcar y la construcción de un canal de 19 km hasta la represa San Rafael.

En el 2015 el Gobierno inició la actualización del Phase. De acuerdo con la Secretaría del Agua, la obra consistía en el transporte de agua desde el río Daule hasta el embalse Chongón; y su distribución a las zonas de riego en los sectores de Chongón, Daular, Cerecita, San Lorenzo y Playas en la provincia del Guayas.

En su segunda etapa, se desarrolló la estación de Bombeo Chongón. La inversión total fue de USD 350 000.

Pese a que la actualización del plan no alcanzó a cumplir con las 40 000 ha de sembríos, el proyecto ha contribuido al crecimiento agropecuario.

Ello se refleja en los datos macroeconómicos del Banco Central del Ecuador. En su último dato disponible del año 2016 se informó que los cultivos de café, cereales y otros alcanzaron los USD 14,4 millones, ese monto es superior a los USD 5,6 millones que se registraron en el 2008.

Un año antes la península había alcanzado la provincialización y se separó del Guayas.

La ampliación de la matriz productiva ha implicado también un cambio cultural en la jurisdicción. Sus pobladores debieron aprender a manejar cultivos y sistemas de riego.

Víctor Hugo Pérez, jefe técnico de la Agrícola Pura Vida, asegura que durante tres años han impartido talleres y capacitación a 350 trabajadores.

La hacienda, que posee 100 ha de aguacate y 100 de uva de mesa, ha registrado resultados positivos.

Asegura que se equipara al de países como Chile y Estados Unidos. Por ejemplo, un jornalero logra podar 100 plantas al día y trabajar cerca de 1 200 racimos diarios en la amarra.

“Al principio no sabían ni cómo tomar un racimo. La gente aprendió a trabajar la agricultura”, expresa.

Este cambio, además, ha incidido en la necesidad de agruparse. Tal es el caso del surgimiento de gremios como la Asociación de Productores de Uva del Ecuador (Apruec).

Sin embargo, aún hay trabajo por hacer. Crespo, dueño de Agroversol, considera que necesitan apoyo del Ministerio de Agricultura.

Detalla que se debe resolver temas como altos costos de energía eléctrica, agua e insumos agrícolas; mayor control de precios en el mercado y líneas de crédito más accesibles.

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