15 de abril del 2015 00:00

Santa Elena, una pequeña isla en medio del Atlántico Sur

Isla Santa Elena

Imagen de la pista del futuro aeropuerto de la isla de Santa Eelena, actualmente en construcción en Jamestown. Foto: AFP

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Agencia AFP

Santa Elena, célebre por acoger a Napoleón en sus últimos días de vida hace 200 años, es una isla británica perdida en medio del Atlántico Sur, donde la vida cambiará radicalmente el año que viene con la apertura de un aeropuerto.

La isla, que en realidad es la cima de un volcán de 5 000 metros de altura que emergió del fondo del océano, tiene una superficie de 122 kilómetros cuadrados y 4 200 habitantes, de los cuales 850 viven en la pequeña capital, Jamestown, situada en la costa noroccidental.

Cuando fue descubierta en 1502 por el navegante portugués João da Nova era una isla deshabitada.

Pese a su proximidad con el ecuador, Santa Elena, azotada por los vientos alisios, tiene un clima muy cambiante, seco en la costa y húmedo en las montañas del interior. La costa de la isla es escarpada e inhóspita y solo permite darse un chapuzón tranquilo a la altura de Jamestown.

Su aislamiento y su carácter hostil, fácilmente defendible, hicieron de Santa Elena un preciado lugar de detención para las autoridades británicas, como en el caso de Napoleón, que estuvo detenido aquí entre 1815 hasta su muerte en 1821.

También estuvieron allí el jefe zulú Dinizulu kaCetshawayo, en 1890, cerca de 6 000 prisioneros boers entre 1900 y 1902 e incluso tres príncipes bahreiníes en 1957.

Por el momento solo se accede a la isla -situada a 2 000 kilómetros al oeste de Angola y a 3 000 de la costa brasileña- por barco, generalmente desde Ciudad del Cabo (Sudáfrica) en un viaje de cinco días.

También se puede llegar desde Ascension, otra isla en la que hace escala un avión del ejército del aire británico y que a veces transporta a civiles.

En febrero de 2016, se abrirá un aeropuerto que empezará con un vuelo semanal hacia la ciudad sudafricana de Johannesburgo.

Este territorio británico de ultramar tiene su propia moneda, que circula al mismo tiempo que la libra esterlina. También emite sus propios sellos, muy apreciados por los coleccionistas, y espera la llegada del teléfono móvil para finales de año.

Los santaelenos volvieron a tener pasaporte británico en 2002, después de que Margaret Thatcher se lo quitara en 1983. Eligen una asamblea local de 12 miembros, cinco de los cuales componen el gobierno local, presidido por un gobernador, que pertenece al cuerpo diplomático británico.

La isla vive esencialmente de las subvenciones de Londres y de las remesas enviadas por los isleños que emigran. Importa casi todo lo que necesita de Gran Bretaña y Sudáfrica y exporta algo de pescado y un poco de café.

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