27 de marzo de 2018 10:22

San Lorenzo llega a la consulta en medio de extrema seguridad

Agentes con canes especializados en detectar explosivos recorrieron ayer las calles de San Lorenzo. Foto: Paúl Rivas / EL COMERCIO

Agentes con canes especializados en detectar explosivos recorrieron el viernes las calles de San Lorenzo. Foto: EL COMERCIO

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Redacción EC
Desde San Lorenzo (I)

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Las calles de San Lorenzo están militarizadas y los operativos de control no han parado. Tras el atentado terrorista del sábado 27 de enero del 2018, el resguardo es extremo y así se mantendrá durante la consulta del 4 de febrero.

El 2 de febero, desde muy temprano, policías y militares se movilizaron dentro y fuera de la ciudad. Equipados con armas, municiones y chalecos antibalas realizaron patrullajes en carreteras, barrios y puertos.

El Ejército envió 120 soldados de Fuerzas Especiales a esta zona de Esmeraldas.

Los boinas rojas son expertos en rescates, en tareas contra sabotaje, en ataques tipo emboscadas y en manejo de todo tipo de armamento.

Este grupo élite también cubre los accesos ilegales que conectan con Colombia.

Agentes del Grupo Especial de Operaciones es otro equipo élite del Ejército que vigila el sector fronterizo.

Por seguridad, el número de estos soldados se mantiene bajo reserva. Lo que se sabe es que este grupo es experto en rescate y en acciones contra el terrorismo. Entre sus miembros están francotiradores, agentes de Inteligencia y personal con un alto grado de conocimiento en explosivos.

La misión de estos soldados es identificar las zonas de riesgo y ayudar en la captura de ‘Guacho’, el exguerrillero de las FARC a quien se le atribuye el ataque con coche bomba.

La Policía también está detrás del ecuatoriano. 200 agentes de unidades especializadas, como GIR y GOE, lo rastrean en pueblos fronterizos.

Bajo este fuerte resguardo, San Lorenzo llega al proceso electoral, en el que 8 000 ciudadanos están avalados para sufragar en cuatro recintos.

Al mediodía, militares y personal del Consejo Nacional Electoral viajaron a Esmeraldas para retirar el material electoral. Para eso se armó un operativo con militares del Ejército y de la Armada. Además, se activó un plan para que el material llegue a las comunidades más alejadas.

Tras el atentado terrorista, la campaña por el sí y por el no prácticamente se apagó.

Los espacios de las radios locales son ocupadas para hablar más de los uniformados, de ‘Guacho’, de la seguridad...

Igual sucede con los vecinos. En Las Delicias, barrio donde opera el cuartel afectado, los damnificados están preocupados por sus casas y los efectos en su salud.

La mañana del viernes, 2 de febrero, el alcalde de San Lorenzo, Gustavo Samaniego, visitó el albergue en donde se encuentran 19 personas -entre niños y adultos- afectadas por el estallido.

Ahora se analizan dos alternativas a favor de ellos. La primera es reubicarlos en otra zona del cantón, en donde ya se inició una remoción de tierras para construir unas 400 casas.

La segunda opción es trasladar el cuartel de la Policía a las afueras de la ciudad y ayudar a los pobladores a reconstruir sus viviendas.

Hasta el viernes se levantaba información de los domicilios destruidos. El Municipio dice que hay 180 inmuebles con daños y 34 totalmente destruidos.

Luz Páez permanece en una casa de madera que mide 3,5 metros de largo por 3,5 de ancho. A ese lugar llegó el martes.

Era una casa abandonada, pero ella y su esposo cambiaron el metal del techo y se refugian con sus hijos y padres.

Al lado de Luz vive Felipe Sánchez. Él también se apropió de un cuarto de madera que estaba abandonado. Él, su esposa, su hija y sus nietos permanecen allí hasta que les indiquen cómo les ayudarán.

En ese mismo cuarto de madera viven otras tres familias. Duermen apegados unos a otros y cuando necesitan el baño van adonde otros vecinos.

Lo mismo hacen para cocinar y para bañarse. En las noches la situación se complica, pues debajo de la casa de madera hay agua estancada y los zancudos no permiten dormir.

Médicos y psicólogos del Ministerio de Salud instalaron carpas para atención de enfermedades o molestias.

En ese sitio, Jisley Medina hablaba el 2 de febrero con unos niños. Ella es psicóloga y desde el ataque ha atendido a las familias.

Los menores que registran más efectos tienen entre 5 y 8 años. No pueden dormir y tienen miedo a los ruidos fuertes. Otra secuela es la falta de apetito, pues padecen de estrés postraumático y ansiedad.

Los adultos tienen similares problemas. Por la explosión incluso se han reportado casos de sorderas o afectaciones en los oídos.

Ese es el caso de Ramón. El día del atentado, él dormía en una hamaca. El estallido le afectó. Solo recuerda que una pared cayó sobre él y tuvo que arrastrase por el piso para salir. Dice que las imágenes no se borran de su mente.

Para Natalia, una niña de 8 años, el recuerdo de las llamas en el cuartel policial no la deja dormir. Cada noche, su madre la abraza y le da agua con valeriana para que se calme.

Ellos estuvieron en el albergue tres días. Luego decidieron volver a casa, en donde duermen bajo un plástico.

Pese a estas dificultades, dicen que verán la manera de ir a las urnas y esperan que exista un fuerte resguardo.

Pasado el mediodía, agentes con canes especializados en detectar explosivos recorrían las calles de San Lorenzo. Los cuatro recintos electorales también serán vigilados desde el sábado. Lo mismo ocurrirá con las localidades de Eloy Alfaro, donde también se mantiene el estado de excepción.

En contexto

Tras el ataque, el Gobierno decretó estado de excepción en San Lorenzo y en Eloy Alfaro. Con la medida se prohibió la apertura de centros de diversión nocturna durante estos días. Agentes realizan operativos para evitar que la gente salga en las noches.

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