16 de July de 2009 00:00

Las sanciones no se cumplen de acuerdo con la Ley de Tránsito

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Redacción Quito

‘Tenemos que buscar alguna manera para llevar el dinero a nuestros hogares”. Esa es la respuesta en la que coinciden decenas de vendedores informales al ser preguntados: ¿por qué vende en las veredas de las calles y buses si eso está prohibido?

En el artículo 139 de la Ley de Transporte Terrestre, Tránsito y Seguridad Vial hay dos literales que hacen referencia al comercio y que incurren en una contravención leve de primera clase.



200 000 vendedores
El Municipio calcula que en las calles de Quito hay 200 000  comerciantes ambulantes. La cifra es un aproximado  porque los vendedores no siempre están en los mismos sitios y salen en distintas temporadas. 
El Centro es la zona con más policías metropolitanos. Solo allí hay 200 uniformados mientras que en las otras siete administraciones zonales hay 20 policías distribuidos en cada una.La primera señala que el conductor de transporte público que permita el ingreso de personas para realizar actividades de comercio, oferta o solicitar contribuciones será sancionado con una  multa equivalente al 5%  de la remuneración básica, es decir, USD 10,90 y la reducción de 1,5 puntos en su licencia.

Asimismo, la Ley refiere que quien ejerza una actividad comercial o de servicio sobre las zonas de seguridad peatonal o calzadas será sancionada con la multa mínima de USD 10.

El esmeraldeño Carlos Osorio vende diariamente jugo de coco en las veredas del sector de El Recreo, en el sur. El joven de 20 años y padre de dos pequeños desconoce lo que dice la Ley de Tránsito, pero sabe que está prohibido ofertar su producto en las aceras por las continuas  amenazas de decomiso  que le hacen los policías municipales.

“En los mejores días, es decir, los fines de semana y feriados, gano hasta USD 40 al día que me ayudan a mantener a mis niños. ¿Qué otra cosa puedo hacer por el mismo valor?”, pregunta.

De su lado, Beatriz Casa, quien vende  bolos en los buses, sabe que está prohibido subirse a los buses; sin embargo, lo hace por ganarse unas monedas extras. “Los mismos controladores nos permiten subir porque están conscientes de que todos necesitamos trabajar”.

La mujer de 36 años y madre de cuatro hijos asegura que intentó conseguir un trabajo fijo. Pero -dice- en ninguno la aceptaron cuando se enteraban que ella  solo había terminado la primaria.

Jorge Yánez, presidente de la cooperativa de buses Translatinos, no está de acuerdo con las prohibiciones que hace la Ley. “A los comerciantes no podemos prohibirles subir porque muchos se confunden con pasajeros. Además, con la carencia de fuentes de trabajo no podemos oponernos”.

Hasta el momento, la Policía de Tránsito no realiza controles en las aceras ni en las unidades de transporte público.

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