26 de octubre de 2015 11:19

Usuarios del Mercado Central y vecinos de San Blas y La Tola temen que el trabajo sexual llegue a sus barrios

Desde las 10:00 se desarrolla la protesta de moradores frente al Municipio de Quito. Foto: Betty Beltrán/El Comercio

Desde las 10:00 se desarrolla la protesta de moradores frente al Municipio de Quito. Foto: Betty Beltrán/El Comercio

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Betty Beltrán

"El Centro unido jamás será vencido". Ese es el grito que se escucha a las 10:30 en la parte baja del Municipio de Quito, en las calles Venezuela y Chile. Los vecinos de los barrios San Blas y La Tola Colonial, además de los vendedores del Mercado Central, presionan por ingresar para conversar con el alcalde Mauricio Rodas.

El tema de la reubicación de las trabajadoras sexuales, que pescan clientes en el Centro Histórico, preocupa a estos vecinos de esta zona de la ciudad. El proyecto está en manos del administrador Joffre Echevería; también de la Secretaria de Inclusión, Margarita Carranco. El alcalde Rodas ha insistido en que ya se tiene escogido un lugar pero que los detalles están siendo socializados a los involucrados.

La manifestación hizo que el tráfico sea cerrado en la calle Venezuela. Quienes protestan aseguran que el viernes 23 de octubre se enteraron de que en su zona se habilitará un espacio para que las trabajadoras sexuales ejerzan su oficio.

Para evitarlo organizaron hoy, lunes 26 de octubre, una manifestación hacia el Municipio de Quito. La idea es, según Eduardo Vergara, presidente del Mercado Central, impedir que el Municipio instale "la zona roja en nuestros barrios", pues "suficiente tenemos con la delincuencia y expendio de droga que hay en el sector".

La marcha se desarrolla a un costado de la Plaza Grande, alrededor de las 10:00.

El Municipio, dicen, tiene un proyecto de reubicación de las trabajadoras asexuales en el sector de San Blas, calles Pichincha, Oriente y Esmeraldas. Esto no ha sido aún confirmado por ninguna autoridad. Se maneja con reserva por lo delicado del tema.

Desde hace dos semanas, siete hoteles del Centro Histórico, en donde las mujeres ejercían el trabajo sexual fueron cerrados porque sus dueños no contaban con permisos. Desde entonces las mujeres han protestado para presionar a las autoridades para que les ofrezcan un espacio para laborar.

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