15 de septiembre de 2014 21:12

El desarrollo de San Antonio se frenó por cinco factores

San Antonio de Pichincha.  Foto: Diego Pallero / El Comercio.

San Antonio de Pichincha. Foto: Diego Pallero / El Comercio.

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Evelyn Jácome. Redactora (i)
njacome@elcomercio.com

Es la tierra de la mitad exacta del mundo, del día sin sombra, del cerro sagrado Catequilla y de cinco ruinas arqueológicas. San Antonio de Pichincha, la tercera zona de mayor crecimiento poblacional de Quito, donde viven más de 40 000 personas, no ha festejado la entrega de una obra de magnitud, desde hace 30 años.

Luego de la construcción de la Córdova Galarza (en el 70), el poblado se hizo viejo a la espera de más avenidas emblemáticas. San Antonio se quedó anclado al Monumento a la Línea Equinoccial, el único símbolo que lo hace visible en el mapa turístico del Distrito.

Hasta la Ciudad Mitad del Mundo llegaron el año pasado 377 000 turistas, es decir el 60% del total de visitantes que tuvo Quito. De ellos, menos del 1% bajó al poblado de San Antonio. Es como si el polvo de las cerca de 40 canteras que funcionaban en la zona se hubiese encargado de opacar su riqueza histórica, geográfica y cultural.

La minería ilegal es una de las anclas que ha evitado que esta zona despegue, dicen dirigentes. La espesa nube de polvo que cubre el sector la convirtió en la zona más contaminada por partículas sedimentables. En los años 50, esta parroquia quiso consolidarse como un centro de paseo y vacaciones; pero no lo consiguió.

Su ubicación geográfica, según Hernán Orbea, urbanista, es otra de las amarras que le jugó en contra y no pudo constituirse como lugar de paso como lo hizo Guayllabamba. Su clima seco, su tierra erosionada, y la baja inversión hicieron que no ofrezca esa riqueza natural que el visitante busca.

La poca atención que ha recibido San Antonio es otra de sus trabas. Según datos del INEC, en 1990, mientras en Cumbayá -también parroquia rural-, el 90,5% de la población contaba con agua potable, San Antonio apenas alcanzaba el 75%.

Actualmente, el 94,5% de la gente tiene agua por medio de la red pública, pero aún hay familias que se abastecen de pozos, de vertientes o que reciben agua de tanqueros, como en Tanlagua o la Marca. Pese a que la administración municipal pasada invirtió más de USD 1,5 millones principalmente en alcantarillado y agua potable, las necesidades siguen.

Para tener una idea, hace 24 años, casi el 22% de la población de esta zona usaba pozos para la eliminación de las aguas servidas.

En el 2010, el 80,83% de la comunidad contó ya con alcantarillado. Según un informe de la Epmaps, se estima que para este año se alcance el 81%. Un aumento del servicio del 0,17% en cuatro años. Eso se debe en gran medida a su crecimiento urbanístico considerado como descontrolado.

San Antonio tampoco logró consolidarse como zona industrial. 
Una de las primeras fábricas que llegó fue La Internacional, en 1950. Luego arribaron Pofasa, Maresa, Vicuña... En la actualidad hay fábricas de adoquines, de asfalto, de papel... Hay 15 grandes fábricas, todas rodeadas por casas. Para el año 2000 llegaron los conjuntos habitacionales. Uno de los primeros fue la urb. Río Frío.

Hoy existen más de medio centenar de condominios y los proyectos continúan. Para Orbea, este crecimiento se dio por el mercado de precios, no por la calidad. La presencia del polvo se encargó de abaratar los costos de los predios que, aunque poco atractivos, eran una buena opción para la clase media.

La construcción en el sector, para Álex Troya, presidente de la Junta Parroquial, es anárquica. La falta de control es otra de las falencias que existen.

El hospital más próximo a San Antonio es el Pablo Arturo Suárez, en Cotocollao. Si alguien se enferma en la zona en la madrugada, debe tomar un taxi que, a esa hora, cobra más de USD 20. En esta parroquia funciona solo un subcentro de salud, de los 474 establecimientos médicos que hay en Quito. Es una edificación pequeña, desgastada, de una planta, insuficiente según Troya, para atender a toda la población. Para él hay un aspecto más que ha evitado el progreso de esta parroquia: la baja autoestima de su población. “Es gente que vivió oprimida y se acostumbró a no reclamar”.

Solo en esta parroquia, hay unas 9 674 personas en edad de estudiar y 14 instituciones educativas fiscales. La más grande es la unidad Mitad del Mundo, que recibe a más de
4 500 estudiantes y que va a repotencializarse en diciembre. El resto de escuelas y colegios pide a gritos el mejoramiento de la infraestructura. Algunos tienen espacios reducidos y hace falta equipamiento.

Es una de las zonas productoras de bloques, adoquines y materiales de construcción, pero sus calles carecen de asfaltado. Tenía hasta el 2010, 3 924 calles de tierra. Mientras que en Cumbayá, había 847. Pese a que el Consejo Provincial ha trabajado en adoquinado de vías, ese continúa siendo uno de los problemas de la zona.

En los últimos años, con la construcción de la Unasur, el sector parece haberse “despertado”. Está en marcha la prolongación de la Simón Bolívar que unirá La Marca con Caparungo y ayudará a resolver el problema de movilidad.

Se está construyendo un bulevar en la av. Equinoccial, para motivar al turista a bajar al pueblo y está a punto de inaugurarse un Centro de Salud de primera que funcionará para emergencias las 24 horas. Además, se habla de reforestar las montañas erosionadas, fruto de la minería ilegal.

“El pueblo está a la espera de esas obras. Solo con inversión y capacitación”, dice Troya, los proyectos turísticos a los que apunta la Junta Parroquial podrán despegar. Y las 575 empresas de alojamiento y de servicios que hay despuntarán.

En contexto

Los sismos ocurridos a partir del 12 de agosto en Quito hicieron que la vulnerabilidad de San Antonio de Pichincha saliera a flote. Como medida se cerraron 40 canteras y el viernes 5 de septiembre se permitió que siete vuelvan a operar.

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