5 de December de 2009 00:00

Por la ruta del sombrero de paja toquilla

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Redacción Cuenca

Por los apacibles caminos rurales, las campesinas de Sígsig avanzan sosteniendo entre sus brazos atados de paja toquilla para usarlos en el tejido de los sombreros.

Su tejido es un atractivo turístico de Cuenca y Sígsig, en el Austro. En este último cantón, hace dos meses se terminó la elaboración del denominado sombrero más grande del mundo. 140 campesinas de la Asociación de Toquilleras María Auxiliadora lo tejieron durante tres meses.



Las exportaciones
El sombrero de paja es originario de la Costa. Por 1 860 se establecieron talleres de aprendizaje en el Austro. Azuay y Cañar son las provincias de mayor producción del país.
Ecuador exporta el sombrero a más de 30 países: EE.UU., Francia, Alemania, Brasil, Japón, China… en distintos modelos. Su precio varía.Mide 3 metros de plantilla (parte superior), por 2 de alto de la copa y 2,50 metros de ala. Está ceñido por cintas amarillas, rojas y verdes, que representan a la bandera del cantón.

Por su dimensión se tramita su registro en los récords Guinness. Según la presidenta de la Asociación, Marlene Castro, la idea es inmortalizar y rescatar su cultura, a través de su principal  artesanía. 10 millones de hebras de paja toquilla se usaron en este  artículo, que se exhibe en la sede  de la Asociación.

Las campesinas azuayas tejen la paja mientras caminan o conversan. Están en cada esquina o portal de Sígsig. Otras se acomodan bajo la sombra de un árbol. Zoila Placencia (50 años)  y Mercedes Sánchez (59) están orgullosas de haber aprendido la técnica  de sus abuelas y de que su  trabajo se exhiba en el exterior.

“Por los sombreros nos conocen”, comenta Blanca Sagbay, de 49 años. En la sede de la Asociación de Toquilleras, ella y sus compañeras muestran sus habilidades para el tejido.    

Las tejedoras no asociadas venden los sombreros a exportadores de Cuenca como Homero Ortega, Paredes Roldán, Serrano Hat... Los dos primeros tienen espacios donde recrean la vida de las  campesinas y el tejido.

La empresa de Homero Ortega está ubicada en la avenida Gil Ramírez. Su museo, La magia del sombrero, tiene dos salas. Allí se exhiben fotografías antiguas de cómo se introdujo la técnica y cómo trabajaban las artesanas.

El pasado jueves, Ashley French, de Inglaterra, salió asombrado del museo y con compras por USD 160. Reconoció el esfuerzo que hay detrás de un sombrero. Él presenciaba el azocado (remate final del tejido), lavado, tinturado y blanqueado. Según la presidenta de la exportadora, Alicia Ortega, unos 40 extranjeros (temporada baja) llegan al día a su negocio.

Otra parada en la ruta de la paja toquilla está en la céntrica Calle Larga, en el Museo del Sombrero de Paja Toquilla (Casa Paredes). En una restaurada casona patrimonial que da a El Barranco del río Tomebamba, se abrieron un museo, una fábrica, un almacén, un estudio fotográfico, cava de vinos y un bar.

Hay guías turísticos que explican la historia de la paja toquilla. En el estudio fotográfico, el visitante puede vestirse con el atuendo de un  campesino e improvisar que está tejiendo.

Mientras en la galería existe una amplía variedad de estilos de sombreros que fueron usados por actores, modelos y reinas... La mirada del argentino  Pedro Spoltori se confundía entre las maravillas que encontró. No podía ocultar su asombro. 

Según el administrador, Jorge Paredes, este centro turístico recibe a 50 extranjeros al día. Ayer, este museo fue parte de un recorrido de la ruta patrimonial, a propósito de los 10 años del título entregado por la Unesco.

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