17 de septiembre de 2014 20:37

El ruido es el enemigo silencioso de la ciudad

sonómetro

El sonómetro es el aparato que mide el nivel del ruido. Utiliza un filtro A que simula la respuesta que tiene el ser humano. Foto: Vicente Costales/ EL COMERCIO

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Evelyn Jácome. Redactora

Un estudio realizado en la U. Católica, reveló que entre el 16 y el 20% de jóvenes podrían tener daño al oído.
El silencio absoluto no existe. Ni en medio del desierto ni en alta mar, menos cuando se camina por las calles de Quito.
A cada paso, la ciudad grita o susurra voces que la dibujan. Desde la voz de una vendedora ambulante que supera los 85 decibeles (unidad que mide el ruido), o el canto de un ave que llega a los 40.

La Ordenanza 213 establece que en una zona residencial, en el día no se debe superar los 50 dB, en zona comercial los 60dB, y en industrial, los 70, pero en los tres sectores donde el Municipio tiene estaciones de medición, el ruido sobrepasa la norma.

En la Jipijapa y el Camal: 65 dB. En el centro, 63. Quito tiene sectores que suenan más que otros. Zonas donde el ruido forma parte del paisaje. Las administraciones con más contaminación acústica son la norte, Eloy Alfaro y Quitumbe.

En la ciudad hay cuatro fuentes principales de ruido: los pitos, las industrias, las discotecas y los vehículos.
El ruido está íntimamente relacionado con el tráfico vehicular. En la capital, donde hay unos 463 mil vehículos, las zonas que tienen mayor contaminación del aire, como La Marín, Necochea y Basílica, también registran altos niveles de agravio auditivo.

En las zonas rurales, como Nanegalito y Perucho este problema se presenta con menor intensidad. Pero, ¿cuán grave es la situación en las vías?

El sonómetro (aparato que mide el ruido) no miente. De cuatro zonas ruidosas de Quito, el sector que alcanzó el pico más alto fue El Tejar. En la Mariscal Sucre, antes del túnel de San Roque, marcó 95.1 dB. Allí hay casas, un centro comercial, un centro de acogida a mendigos, un centro de cuidado infantil y tres escuelas pequeñas.

Elizabeth Montenegro, psicóloga educativa, señala que el ruido es un factor de interferencia grave en la concentración y hace que se pierda el foco de atención. La comunicación se distorsiona y el alumno se distrae del estudio.

La situación es más grave aún adentro del túnel. Las paredes hacen que el sonido rebote y el aparato marca 103 dB. Bastan cinco minutos allí y el malestar empieza. La OMS recomienda que en exteriores el ruido promedio sea de máximo 55 dB.

El ruido es invisible, no deja marcas en el ambiente con su paso, pero causa daños severos.  José Julio Letort, otorrinolaringólogo, catedrático universitario, señala que la exposición continua al ruido causa ansiedad, estrés e irritabilidad y a partir de los 75 dB daña el oído de forma irreversible.

En un estudio realizado por la Facultad de Medicina de la Católica se determinó que de un grupo de 80 jóvenes, entre el 16 y el 20% tiene daño inducido por ruido. Con el tiempo podrían tener sordera temprana. Quienes tocan en bandas, asisten a conciertos y usan audífonos son los más vulnerables.

La norma señala que junto a hospitales, el ruido debe ser mínimo. Eso tampoco ocurre. En la av. Mariana de Jesús están los hospitales de la Policía y el Metropolitano. Lo que más ruido produjo es una moto que alcanzó los 93 dB. En el sector siempre hay gente que camina a las paradas de los buses.

La av. América, en los alrededores de la U. Central, donde estudian cerca de 40 mil alumnos, es otro de los puntos conflictivos. Allí, los motores de los buses que aceleran luego de recoger a los pasajeros, alcanzan los 89 decibeles. Esa zona se caracteriza por el comercio.

Marcia Brito, vende caramelos bajo el puente peatonal desde hace siete años. Al menos una vez por semana le duele la cabeza, pero ella supone que es por el sol. Pasan tres buses, el ruido le molesta, pero su hija, de 6 meses, no se despierta.

Los problemas de ruido se hacen eco en sectores residenciales: en la av. Maldonado, frente a la Esc. Virginia Larenas, El Beaterio, Cotocollao, Edmundo Carvajal, Michelena. Paúl Lozada, gerente de Landa Acustic, cuenta que las ventanas logran disminuir 20 dB.

¿Cuál es la salida? Para Álex Naranjo, de la Asociación de Peatones de Quito, la mejor forma de combatir el ruido es con campañas en medios de comunicación y con educación. Otra de las alternativas es reducir el uso del auto, e incluso, sembrar árboles. Las hojas crean una especie del colchón que ayuda a desviarlo.

Para denuncias, debe enviar un correo a la Secretaría de Ambiente. La multa va del 20 al 400% de una RBU.

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