12 de July de 2009 00:00

El rostro en cera de la historia

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Por ANA ROBAYO

Sus ojos no ven nada, pero quienes los observan a ellos se sienten testigos de la historia. La  expresión de su rostro busca mostrar su actitud frente al mundo que los llevó a ser  personajes destacados de la historia. La habilidad del escultor es la que hace que las figuras de cera simulen  la vida y la esencia de los hombres y mujeres que representan.  

La magia de las figuras de cera está en su realismo. Museos de cera del mundo  constantemente incorporan a sus colecciones representaciones de personas famosas. Pero a diferencia de los modelos vivos, al Conde Ruiz de Castilla, a Manuela Cañizares o a Simón Bolívar  no se les puede tomar las medidas ni hacerles fotos desde varios ángulos para conocer cada uno de sus rasgos.

Las pinturas en las que se les  retrató y lo que de ellos se cuenta en  relatos históricos son los rastros que debe seguir el artista para crear una representación que se ajuste a la realidad y a la imagen histórica que tenemos de ellos. “En la anatomía no hay creatividad”, dice Eduardo Maldonado, responsable de los talleres de escultura  en cera del museo Alberto Mena Caamaño. El  escultor debe ajustarse a los rasgos biológicos y no dejar volar su imaginación.

Así, ‘El libertador’ y el ‘Mariscal de Ayacucho’ van tomando forma en la húmeda y fría arcilla. Su creador cuidadosamente va perfilando su nariz, sus ojos, sus gestos y su postura. Simón Bolívar está bordeando los 40 años y José Antonio de Sucre los  los 27. Los retratos que de ellos hizo el pintor Antonio salguero son la principal guía para los escultores que deben poner en la arcilla toda la caracterización del personaje.   

Después, el  yeso  líquido  resbala como leche por su rostro de arcilla. Cuando el yeso se seca,  queda impregnada su  cabeza y se obtiene un molde en el que se  vacían 10 kilos de cera caliente, si es hombre y 12, si es una dama que muestra sus hombros o parte de su pecho.

Después de 24 horas la cera seca ya no es transparente y  está lista para agregarle prótesis de ojos, cabello y cejas naturales, los hombres no necesitarán pestañas porque se verán demasiado femeninos. El maquillaje con pintura al óleo resolverá esos detalles con sombras y combinación de colores.

Sucre es el último personaje que se elabora en el taller de escultura en cera. Sus ojos de arcilla miran frente a él al Barón de Carondelet y a Carlos Montúfar que se someten a una sesión de peluquería, en la que con una aguja les colocan uno por uno los cabellos naturales.  De la misma forma se introducen las cejas y la barba. El más difícil de conseguir fue cabello cano para el anciano Conde Ruiz de Castilla.

Tal vez ni el gran creador tuvo tanta paciencia para hacerlos pero los miembros  del taller invierten todo su esmero en cada uno de los rasgos que la naturaleza les dio sin tanto esfuerzo. El escultor Patricio Ruales  dice que la elaboración en arcilla los pone tensos porque es decisiva, pero él la disfruta. Estela Betancourt le dice mi ‘churoso’ a Carlos Montúfar de vez en cuando.

“Yo tengo que ver por su imagen”, exclama y tomando a la cabeza de cera en sus  manos le dice que va quedar guapo. A Edwin Erazo  le fascina tener en sus manos una creación histórica, tanto que quisiera darle su propio cabello a les escultura de Bolívar. Hasta que se los instale en las salas del museo ellos estarán pendientes de cada detalle, incluso de compensar cuando la talla anatómica no calza con la talla histórica.

“Los datos  revelan que la estatura Bolívar era baja. Pero lo que tenemos en mente del ‘Libertador’ es diferente así que hay que compensarlo dándole categoría en la vestimenta, se le puede colocar en un pedestal o usar unas botas más altas pero sin alterar su tamaño real”, dice Eduardo Maldonado. Así, entre cabezas y manos que a veces los impresionan con su realismo, ellos le dan un rostro a la historia.

EL ORIGEN DE LAS ESCENAS EN CERA

Más de cuatro generaciones  de quiteños no olvidan la impresión de ver antes sus ojos la masacre de los patriotas en los calabozos oscuros de lo que fue  el Cuartel Real de  Lima. En 1970 se instaló en el museo Alberto Mena Caamaño esta  representación basada en el cuadro del pintor Augusto Villacrés. “Esta escena realista fue iniciativa de Luis Recalde en la Administración  de Jaime del Castillo con el fin de  acercar un monumento histórico poco valorado a lo largo de la vida moderna”, explica Alfonso Ortiz Crespo,  director del museo. Se refiere al edificio en el que funciona actualmente el Centro Cultural Metropolitano .

El conjunto de cera cautivó a los quiteños y el museo que había nacido como Museo de Historia de la ciudad fue rebautizado por la gente como ‘El museo de cera’ , aunque sola una de sus salas tuviera esculturas de este tipo. Pocos quiteños recuerdan que el nombre del museo se debió a la donación de Alberto Mena Caamaño de más de 3 000 objetos de arte colonial. Por eso, cuando hizo una modernización de todo el edificio se reflexionó que aunque las figuras de la donación eran valiosas ya había muchos museos de arte colonial y se resolvió mostrar la historia a través del edificio en la muestra ‘De Quito al Ecuador’.

Se crearon nuevas figuras de cera para contar otros episodios de la historia del Ecuador. Este año en conmemoración del bicentenario se agregará estos personajes de la etapa independentista que antes no se mostraba en la exposición:  Juan de Dios Morales, Manuela Cañizares, Juan Pablo Espejo, El Conde Ruiz de Castilla, José Mejía Lequerica, el Barón de Carondelet y Carlos Montúfar. Ortiz destaca que hay muchas formas de narrar la historia, “ desde la academia con grandes investigaciones y desde esta forma   que acerca a las personas a una experiencia más sensible”.

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