5 de agosto de 2016 11:05

Un robot que sirve postres en Quito

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Gabriela Coba

Desde abril del 2016, Jupé se encuentra en el Condado Shopping, en el norte de Quito. Este es un emprendimiento donde un robot se encarga de vender postres e interactúa con los clientes.

Tanto grandes y chicos al pasar por la isla se detienen asombrados al ver a Jupé, que se mueve, habla y hasta juega.

Este emprendimiento es parte de la empresa Robitz, proyecto de automatización industrial. Fue creada por Diego Balarezo, su gerente, graduado de Marketing y Administración de empresas en la Universidad San Francisco de Quito.

El negocio es una mezcla entre tecnología y golosinas, dice el gerente de Robitz, además comenta que “Jupées un proyecto de inteligencia artificial”.

La encargada de los postres es Evelyn Silva, esposa de Balarezo. Decidieron ofertar postres, porque es un producto accesible para todos. “Por lo general el que pide es el niño, pero el que acaba comiéndose los postres es el adulto”, comenta Silva. Entre los dulces que se ofertan están profiteroles, mousses y cupcakes. Todos tienen un valor de USD 1,50.

El negocio inició en Ecuador, pero apuntan a un mercado internacional. Quieren llegar a Estados Unidos. Balarezo señaló que según estudios que han realizado, "puede tener un potencial de USD 10 000 millones".

Jupé es un robot que habla y juega con los clientes. Foto: Roberto Peñafiel / EL COMERCIO

Jupé es un robot que habla y juega con los clientes. Foto: Roberto Peñafiel / EL COMERCIO

Actualmente este robot habla y juega con los clientes. El desafío para quienes interactúan con Jupé es tratar, a través de una palanca, hacer que él suelte un envase y lo haga caer parado. Este juego busca que el robot aprenda a través de los movimientos humanos.

El desarrollo del proyecto tiene varias etapas. En primera instancia el objetivo logrado fue que el robot pueda sostener envases. El segundo, que está en etapa de desarrollo, es que pueda preparar los postres por partes, elaborar la crema, la pasta y luego ensamblar todo.

Para animar a que el cliente se involucre con la tecnología en un futuro cada postre irá acompañado de una pieza para armar: robots, carros, libélulas u otros objetos de mecatrónica a escala.

Además, se espera que Jupé, junto a otros robots, pueda hacer diferentes actividades. Balarezo explica que este robot en el futuro servirá para personas con discapacidad. “La idea es que, a través de Internet, una persona con discapacidad sea el cerebro del robot”.

Para este tipo de emprendimientos tecnológicos, Robitz necesita hacer importaciones de pistones y ciertas piezas como luces led. Aunque la mayor parte de los robots son hechos en el país, también, la mano de obra es nacional. Balarezo señaló que los impuestos arancelarios si han afectado a esta empresa. “Si a nosotros nos impiden importar este tipo de cosas simplemente tenemos que empezar desde muy abajo. Entonces nunca nuestra tecnología puede igualarse a la tecnología extranjera”.

Robitz nació en el 2001. Es la primera empresa que conjuga la robótica, el diseño industrial y la tecnología. Ha desarrollado varios proyectos, entre ellos Caja de Robots, Ferretería de inventos y ahora Jupé.

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