9 de septiembre de 2016 15:42

‘Me robaron USD 12 000; el ladrón me esperaba en mi casa’

Testimonio de una mujer a la que le robaron USD 12 000 y el ladrón le esperaba en su casa luego de que ella sacó el dinero del banco. Foto: EL COMERCIO

Testimonio de una mujer a la que le robaron USD 12 000 y el ladrón le esperaba en su casa luego de que ella sacó el dinero del banco. Foto: EL COMERCIO

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Sara Ortiz

“¿Cómo el asaltante supo la dirección de mi casa?”. Es la pregunta que se hace de forma recurrente Edith, una quiteña de mediana edad que fue víctima de un robo tipo ‘sacapintas’.

Ella está convencida que todo comenzó en su banco, cuando retiró por ventanilla USD 12 000, de la sucursal ubicada en la av. Seis de Diciembre y Lizardo García, en el norte de Quito.

Ese día, acudió sola a la agencia bancaria y lo hizo caminando, pues queda a dos cuadras de su casa. Ya dentro de la institución –cuenta- la cajera demoró más de 20 minutos en autorizar el retiro. “Me pidieron todos mis datos, nombre de mis hermanos, mi lugar de trabajo, número de teléfono y la dirección exacta de mi casa...”.

Edith recuerda que le pareció extraño que una funcionaria del banco tuviera un celular mientras verificaba su información personal.

Después de que le entregaron su dinero, lo guardó en una cartera. Caminó hacia su casa, pero cuando estaba en la esquina, a menos de 20 metros de llegar, miró atrás y vio que un hombre armado la seguía.

“Corrí hasta la puerta del edificio, donde vivo, y como no puede entrar porque la puerta estaba bloqueada me arrimé en un rincón. Él me apuntaba y yo le respondí que si quiere me mate, pero no le iba a dar el dinero”, cuenta Edith.

El hombre guardó el arma y forcejeó con ella, incluso la golpeó hasta que le arranchó el dinero. Los guardias de seguridad de su edificio miraban desde adentro la escena.

“¿Por qué estoy segura que el ladrón no me seguía, sino que me esperaba en la puerta de mi casa? Porque después de robarme corrió a una dirección contraria del camino que yo tomé y metros más adelante él ya tenía su motocicleta estacionada”.

Para Edith esta experiencia le ha afectado incluso en el ámbito psicológico, pues cada vez que alguien corre detrás de ella o escucha el motor de una motocicleta tiene miedo.

“Estoy viva y es un milagro. Pero necesito que se investigue adentro del banco. ¿Por qué los funcionarios usan teléfonos? Yo no sabía que existía ese servicio de custodia policial, creo que por el monto debían al menos haberme informado”, cuenta.

Ahora, Edith está endeudada pues los USD 12 000 eran un préstamo que sacó para pagar la prótesis y operación de su madre.

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