30 de November de 2009 00:00

Roberto Morales

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Jorge Salvador Lara

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Mientras Quito enciende en estos días el fulgor de sus fastos aniversarios (resistencia aborigen y fundación castellana), Ibarra se une en torno a la figura patriarcal de Roberto Morales Almeida, con motivo de su incorporación como miembro correspondiente a la Academia Ecuatoriana de la Lengua, en la que le precedieron valiosos imbabureños como José Miguel Leoro, José Ignacio Burbano, Alfredo Rodas, el cardenal Bernardino Echeverría y el excelso poeta Carlos Suárez Veintimilla, maestros ilustres, todos ellos y altas figuras de las letras nacionales.

Morales Almeida, carchense de origen, ha residido casi toda su vida en Ibarra ejerciendo ejemplar docencia, desde maestro parvulario hasta profesor de segunda enseñanza, con el riguroso título que por entonces otorgaba el Ministerio de Educación de acuerdo a la legislación vigente a mediados del siglo XX. Con el transcurso de los años, la experiencia pedagógica alcanzada en el cotidiano ejercicio de la cátedra, el prestigio adquirido no solo en la Ciudad Blanca sino en todo el Ecuador, Roberto Morales, alumno fundador de la Universidad Católica, culminó su docencia como rector del Colegio Teodoro Gómez de la Torre y director del Diario La Verdad.

Asiduo investigador, ha hurgado en antiguos papeles, sobre todo en relación con el general Agustín Agualongo, guerrillero indígena partidario del rey Fernando VII y tenaz enemigo de los patriotas, a quien solo la espada del Libertador Bolívar pudo vencer en Tahuando el 16 de julio de 1823; y sobre el terremoto que destruyó Ibarra el 16 de agosto de 1868, tema que sirvió a don Juan Montalvo para escribir, con su estilo de fuego, una relación enviada a Víctor Hugo, por entonces en la cumbre de su fama literaria. El discurso de incorporación del profesor Morales a la Academia Ecuatoriana versa, precisamente con nuevas aportaciones, sobre esta extraordinaria pieza montalvina.

Debemos referirnos a su acción promotora de la Sociedad Amigos de Ibarra, cuya presidencia ejerce. Los Amigos de Ibarra ponen de relieve cuanto contribuye a la nombradía de la Ciudad Blanca; geografía, paisaje, historia, hombres y mujeres,  escritos en prosa, poesía, arte. Con tal fin dirige la colección bibliográfica Monografía de Ibarra, cuyo número inicial apareció en 1995, un volumen de más de 300 páginas, precedidas por sapiente presentación del Dr. Hugo Larrea

Monografía de Ibarra ofreció su número VII en el año 2008, dedicado al Retorno en 1873 a Ibarra, ya en reconstrucción, de los miles de ibarreños refugiados en forma precaria, desde el terremoto de 1868, sobre todo en La Esperanza, es decir, durante cinco años.


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