30 de November de 2009 00:00

River Plate busca el campeonato

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MunicipalRedacción Guayaquil

Cuando el árbitro José Carpio pitó el final del partido uno a uno los jugadores de River Plate Ecuador corrieron hacia el arco norte del estadio La Fortaleza.

Antes de saltar al campo de juego habían hecho una promesa: agradecer a Dios de rodillas y con la mirada al cielo si lograban ganar al Municipal de Santo Domingo y por ende lograr el ascenso a la Serie B del torneo local.



La campaña
River Plate Ecuador ha jugado 38 partidos en el Zonal de Ascenso y solo ha perdido dos. Su objetivo es ganar el hexagonal. 
El equipo se reforzó en esta temporada con  jugadores de experiencia y jerarquía como Jaime Caicedo (ex Emelec), Armando Solís (ex Barcelona) y Pablo Portugal (ex Barcelona).Y así lo hicieron. Sin ocultar la emoción y algunos con lágrimas en los ojos repetían “gracias Dios por este sueño hecho realidad”.

En las gradas el presidente del club, Mario Canessa, miraba detenidamente la celebración. Minutos antes Jaime Caicedo y Ciro Santillán le habían dedicado las dos anotaciones con las que River Plate ganó el partido. 

No sabía si bajar a la cancha y unirse a la celebración o quedarse únicamente observando. Decidió lo segundo pero no pudo evitar que una marea de hinchas se acercara a él a felicitarlo.

A todos los que se acercaban a él les decía: “El torneo no ha terminado”. “Pero ya estamos en la B” le refutaban los hinchas. “Sí, pero el objetivo que nos trazamos es quedar campeón y aún faltan dos fechas”, les respondió.

En la cancha la celebración continuaba. En cuestión de cinco minutos el estratega argentino César Vigevani perdió la voz. Los gritos que emitió durante el partido no superaron en intensidad a los que soltó cuando terminó el compromiso y empezó a abrazar a cada uno de sus “guerreros”, como identifica a sus jugadores.

Entre abrazos y palabras de felicitación Vigevani  buscaba en las gradas a su esposa y a sus hijos “para compartir con ellos la felicidad que siento en este momento”.

Cuando los encontró, los abrazó y empezó a llorar de felicidad. Inmediatamente volvieron a su mente las imágenes del año pasado cuando River cayó ante Rocafuerte y no pudo clasificarse a la serie B del campeonato local.

“Esta es mi revancha”, repetía constantemente al tiempo que abrazaba a su asistente de campo Claudio Campos, quien también maneja las divisiones formativas del club guayaquileño.
Al final, jugadores, cuerpo técnico y dirigentes se abrazaron en el centro del campo de juego.

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