23 de marzo de 2016 00:00

6 ritos se han perdido en la Semana Mayor

Las procesiones son actos desarrollados desde la mitad del siglo XX. Foto: Archivo Histórico/ EL COMERCIO

Las procesiones son actos desarrollados desde la mitad del siglo XX. Foto: Archivo Histórico/ EL COMERCIO

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Evelyn Jácome
Redactora
njacome@elcomercio.com

El ocio desplazó a la religiosidad. La forma de vivir la Semana Santa hasta los años 50 encerraba creencias y costumbres que con el paso del tiempo se diluyeron y dieron a luz a una nueva celebración.

Se pasó del rezo, del ayuno y de la congregación voluntaria, a una semana de eventos culturales, ferias gastronómicas y procesiones masivas.

Así entiende Alfonso Ortiz, cronista de la ciudad, los cambios que ha tenido la celebración de la Semana Mayor. Aquello es parte de lo que Ortiz advierte como un proceso de pérdida del sentimiento religioso en la sociedad.

Ortiz, junto a Jorge Moreno, historiador, y Patricio Espinoza Serrano, conocedor de la ciudad, identificaron seis actividades que en la década de los 50 formaban parte del día a día en Semana Santa, pero que hoy son apenas un recuerdo.

Se tocaba únicamente música religiosa

La Semana Santa era de recogimiento en que las emisoras de radio tocaban únicamente música clásica y religiosa. No se permitía bajo ningún concepto que colocaran canciones alegres ni ‘profanas’. Tampoco era permitido realizar bailes o celebraciones.

En el cine la situación era similar. No se podían poner películas livianas ni comedias. ¡Menos películas picantes! Solo se permitían películas serias, la mayoría referidas a la vida, pasión y muerte de Nuestro Señor Jesucristo.

Las mujeres utilizaban vestidos negros

La sociedad entera guardaba el luto y la compostura en la Semana Mayor porque la gran mayoría de la población era católica practicante. Las mujeres salían de sus casas usando vestidos negros. Asimismo había hombres que mostraban señal de duelo el Viernes Santo. Todo esto era para conmemorar la muerte de Cristo, lógicamente.

Los niños no debían jugar

En casa, en los hogares se trataba de mantener el silencio, por lo tanto no se les permitía jugar a los niños. Si llegaban a dar gritos o reír a carcajadas, se les pedía que rezaran un padrenuestro y que dejaran la ‘chivería’. Además, durante toda la Semana Mayor, los niños acudían a la iglesia más cercana en lugar de ir a clases.

Se ayunaba en Viernes Santo

Los viernes de cuaresma no se comía carne roja ni pollo, sino exclusivamente pescado. Muchas familias practicaban el ayuno sin alimentarse entre comidas. Es decir, solo ingerían el desayuno, el almuerzo y la merienda. Además, de manera general se evitaban los excesos como parte de la penitencia cuaresmal. Una frase de la época era: “Hay que ayunar porque hasta los pajaritos ayunan los viernes santos”.

Las visitas a los ‘monumentos’ de la ciudad

Los jueves, las iglesias componían los ‘monumentos’, es decir una especie de altar para el culto al Santísimo. Así, luego de la misa del lavatorio de pies, el Santísimo se exponía en cada iglesia hasta la medianoche y al día siguiente se abría la iglesia hasta el mediodía para la visita a los monumentos. Hoy se lo realiza en pocas horas y ya no se compone los monumentos con tanta enormidad. Hoy únicamente se coloca flores en el tabernáculo. Además, la asistencia de la gente era masiva.

La fanesca era familiar

La familia entera se reunía para preparar la fanesca. Con un día de anticipación, las mujeres empezaban a seleccionar los granos y ponerlos a remojar. El día de la cocción, se madrugaba antes de las 03:00 para poner los alimentos al fogón. Así, todo estaba listo al mediodía. Hoy, la fanesca también es un plato comercial, de ferias y restaurantes ‘gourmet’.

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