19 de agosto de 2015 00:00

Los ritos de guerra siguen vigentes en los achuar

La preparación de las lanzas hechas con madera de chonta son parte del ritual achuar antes de ir a la guerra. Foto: EL COMERCIO

La preparación de las lanzas hechas con madera de chonta son parte del ritual achuar antes de ir a la guerra. Foto: EL COMERCIO

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Cristina Márquez

Afiladas lanzas hechas con madera de chonta, arcos con flechas y agua impregnada con el ají más picante. Esas son las armas que portan los indígenas de la nacionalidad Achuar cuando se trata de acudir a una guerra o enfrentamiento.

Los originarios de esta nacionalidad están asentados en Morona Santiago y Pastaza, en la Amazonía. Las 183 comunidades que pertenecen a este grupo están ubicadas en el interior de la selva y solo se puede acceder en canoa o en avioneta.

Para ellos, la preparación de los guerreros y de sus armas antes de salir de la comunidad es todo un ritual que aún se practica a pesar de que ahora los enfrentamientos territoriales son poco comunes. Los achuar continúan efectuando los tradicionales cantos y bailes de guerra, como un acto simbólico para mostrarlo a sus hijos y nietos.

Antes de un enfrentamiento la comunidad escoge a los guerreros: los hombres más jóvenes y vigorosos son los elegidos.

Ellos pintan sus rostros con wituk, una tinta natural con la que dibujan símbolos que representan la cosmovisión de su pueblo. El propósito de esta pintura es hacerlos lucir más aguerridos acentuando sus facciones y gestos.

“Así nos enseñaron los abuelos fundadores, los padres de nuestros pueblos. Siempre nos dijeron que debemos defender nuestra tierra, nuestra casa y nuestra gente hasta con la vida. Nosotros no permitimos que ningún extraño llegue a nuestro territorio sin autorización”, cuenta Mashin Kiash, de la comunidad Sapapentsa.

Otra actividad previa a la guerra es la preparación de las armas. Semanas antes de partir, los guerreros salen de cacería. En los bosques recogen varas de chonta, una madera comparada con el metal, debido a su consistencia dura.

Estas varas se tallan en forma de punta por un extremo y por el otro se decoran con figuras, plumas de aves o cráneos de animales. “Los hombres achuar siempre tenemos una lanza a la mano, no solo las consideramos armas, sino que forman parte de nuestro atuendo originario y de nuestra cultura”, asegura Kiash.

El líder del grupo se distingue de los demás guerreros porque utiliza un tawasap, una especie de corona hecha con plumas de aves y collares con bayas y pedazos de osamentas animales.

Tito Piruchi es el líder del grupo de seguridad de la comunidad Patucmai. Él utiliza un tawasap de plumas de tucán y se encarga de mantener vivo el espíritu aguerrido de los hombres de su comunidad. “Preparamos nuestras lanzas, entre nosotros siempre hacemos competencias por quien tiene el arma más grande, más afilada y más adornada, porque eso es símbolo de virilidad”.

Cuando el ejército de guerreros está preparado, el siguiente punto del ritual es conseguir comunidades aliadas y hermanar a otros grupos para conseguir apoyo. Los líderes de la comunidad que recibe la petición y quienes la realizan participan en un rito denominado ujaj animu.

Los hombres toman sus armas en las manos y bailan frente a los dirigentes que quieren convencer para que se sumen a lucha. En su idioma nativo les piden apoyo y a cambio ofrecen lealtad eterna. Mientras los líderes, que colocan sobre su boca su puño cerrado, responden también bailando.

Las mujeres achuar también cumplen un rol en este ritual. Ellas preparan la comida sustanciosa, abundante cantidad de chicha de yuca y animan a sus hombres, padres y hermanos a ganar la batalla.

“Lo más importante es tener la chichita de yuca. Esa es la fuerza, lo que nos da la energía y el valor para no retroceder ni un paso”, dice Silverio Pachapa. Esta bebida se prepara con el extracto del tubérculo masticado. Luego, se coloca en recipientes por varias semanas hasta que se fermente.

En el ritual de despedida, antes de la partida de los guerreros, todas las mujeres de la comunidad colaboran. La ceremonia empieza con un canto, ellas caminan en círculos alrededor del jefe del grupo y cantan el ‘ujaj’, un canto para dar ánimo, fuerza y valentía.

“Les decimos que no pueden retroceder, que tienen que ser fuertes y no dejarse vencer. Nosotras somos la fuerza de los hombres, por eso tenemos que ayudarlos”, indica Blanca Papua, presidenta de la organización de mujeres de Patucmai.

En contexto

Los ritos de guerra se practican en las 183 comunidades. Se hacen de forma simbólica para mantener viva esta práctica en la memoria colectiva de la gente. La participación de algunas comunidades en el paro nacional fue un motivo para recordar las ceremonias.

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