27 de December de 2009 00:00

El rito de año Nuevo camina por la Bahía

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Richard Cortez
Redacción Guayaquil

No había por qué demorar más de lo necesario. El sitio ya estaba escogido, al igual que el producto     que iba a   comprar. Además,  el  mediodía del pasado martes, el sol pegaba fuertemente: los termómetros marcaban entre 38 y 40  grados centígrados.



Un festejo   que tiene su historia 

Los  babilonios, hace 4 000 años,  fueron el  primer grupo humano  que, se puede decir, institucionalizó la celebración del Año Nuevo.  El ciclo festivo tenía una duración de     11 días.
Los egipcios celebraban el fin del año con el comienzo de la crecida del río Nilo y la preparación de las tierras para la siembra.

El emperador Julio César     cambió la fecha de la celebración del Año Nuevo del 25 de marzo, al  1 de enero,  primer día del mes dedicado al dios Jano. La fecha fue confirmada por el  papa Gregorio XIII cuando elaboró  el calendario que está vigente.Mucho calor para permanecer en la calle, sin posibilidad de tener   el amparo de un  aire acondicionado. Vestida con   blusa blanca manga corta y pantalón rojo,  Fabiola García llegó hasta el almacén Secretos de Luna, para comprar interiores amarillos que los usará  entre  la noche del 31   y la madrugada del 1 de enero.

No es la primera vez que ingresa a este local, ubicado en el corazón de la Bahía, en la calle Eloy Alfaro.  Lo ha hecho por años.

Al utilizar el interior amarillo, cuaja las esperanzas para que, en 2010, las acciones y decisiones  personales y familiares sean positivas. El sustento para esa creencia no tiene contenido científico alguno, solo se  encuentra en las creencias populares, “en aquellos ritos en los cuales se refugian las personas, en búsqueda, principalmente, de bienestar y tranquilidad”, argumenta el psicólogo Mario del Pozo.

Al terminar su ‘mística’ compra, regresó a su casa, ubicada en La Alborada. Para aplacar el calor, compró un jugo de coco y buscando las sombras de los techos y cobertores avanzó con dirección a la parada de la Metrovía.

Los locales de la Bahía son las huecas para encontrar estas codiciadas prendas de temporada.  Es un hormiguero humano en donde hombres y mujeres, con mano al bolsillo o a la cartera transitan por esta zona comercial.

Este año, Jazmín Pesántez era la encargada de   comprar  los interiores para todas las mujeres de su familia. Allí están su madre, sus dos hermanas, su suegra, sus dos sobrinas y, por último, sus tres  tías.  Sin dudar compró una docena, “por si acaso alguna otra mujer de la familia se apunte”.

Que el grado de su hija Cristina no tenga inconvenientes es su principal deseo. Su única hija está por graduarse en Medicina, en una universidad de Argentina. El otro anhelo es que la salud de su  madre, Carmen de Jesús, mejore. Uno de los riñones le funciona a la mitad de su capacidad. “Afortunadamente, se la pudo controlar a tiempo, pero tiene que cuidarse”, dice mientras escoge la última de las prendas para sus familiares.

Para asegurar ese pedido, no solo le es suficiente utilizar el interior amarillo, también apostó por la lecturas de cartas y también por la quiromancia.
Para el próximo martes, tiene la cita en un ‘consultorio’ ubicado en el Cosmocentro, en las calles Luque y García Avilés. Lady Zamira será la encargada de predecir  lo que ocurrirá el nuevo año con ella y su familia.

En el calendario chino,  2010 será el año del tigre. Esto lo sabe Jacobo Rosero, un quiteño que lleva medio siglo viviendo en Guayaquil. Tras haber sido zafrero, albañil, estibador, vendedor de frutas y juguero, ahora se dedica a la venta de esencias, inciensos y piedras energéticas.

Caminando por la avenida 9 de Octubre, y esquivando a los guardias metropolitanos, Rosero ofrece sus productos para iniciar, con buena energía y buena vibra el 2010. Encender dos inciensos de palo santo, colocar dos piedras de topacio en agua bendita y rezar con fuerza al santo de la preferencia de cada persona es una de las fórmulas  que ofrece a su clientes.

La noche del 31 de diciembre, los buenos augurios se asegurarán   comiendo 12 uvas o  lanzando 12 monedas. Y a los viajes se los atraerá con la clásica vuelta a la manzana con maleta en mano.

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