11 de December de 2009 00:00

Los ríos se secan más en el norte de Manabí y el ganado está en peligro

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Redacción Santo Domingo

Ramona Vélez, una agricultora de Boyacá (Chone), mantiene la esperanza de que la llegada de las primeras garúas, que cayeron en los dos últimos días en la región, ayuden a salvar a sus 50 reses. “El ganado está  a punto de morir, por la falta de agua y de hierba”. 

Desde hace seis meses, esta mujer saca agua de los pozos para aplacar la sed de sus animales. Desde hace tres meses compra balanceado. Ese gasto no estaba previsto en su presupuesto. 

Reconoce que ya no tiene dinero. Por esa razón se inscribió para recibir el balanceado que reparte el Gobierno en los poblados de Manabí afectados por la sequía. El Ministerio de Agricultura ya ha entregado 3 800 quintales. En opinión de Vélez, esa es una solución a corto plazo. 

Otra actividad que se ejecuta para atenuar los efectos de la sequía en el norte de Manabí es la distribución de agua a través de tanqueros. El propósito es que estos lleguen, principalmente, a las  zonas rurales. El Municipio de Chone está a cargo de esa tarea.

Por las polvorientas vías que unen a Boyacá con los recintos  es común ver a los tanqueros estacionados junto a los reservorios, descargando el líquido vital.

Hasta estos puntos  llegan a diario los campesinos con sus mulas y con canecas de entre 25 y 40 litros, para llenarlas de agua y transportarlas  hasta sus fincas. La mayoría moviliza el agua para el consumo humano y una mínima parte para los animales.

Octavio Solórzano, otro agricultor, al ver los pastizales secos está perdiendo el optimismo. Él  teme que la sequía siga y tenga que abandonar sus terrenos  y perder sus cultivos y sus animales.

“Caen unas gotitas y el sol se enciende nuevamente. Eso no ayuda a humedecer la tierra. No hay esperanzas de que llueva”.

Con una profunda preocupación que se refleja en su rostro, Solórzano dice que si no llueve antes de Navidad, la situación se podría complicar más para inicios del próximo año. “Tendríamos que esperar hasta mediados de febrero y las vacas ya no soportan más”.

Este agricultor tiene unas 100 reses. Él no se benefició del programa de entrega de balanceado. La razón es que este plan estuvo dirigido, en una primera etapa, a pequeños ganaderos dueños hasta de 50 cabezas de ganado. El resto de campesinos  está a la espera de que se inicie la segunda etapa.

Las lloviznas de los últimos días  tampoco beneficiaron  a los habitantes del cantón Flavio Alfaro. Ángel Zambrano vive junto al río que lleva el mismo nombre del cantón. Él  extrae el agua de un pozo que se halla en el sitio por donde corría el agua del afluente.

En esta localidad, las autoridades del hospital están  preocupadas. Si se seca el agua del pozo que se excavó en el cauce del río Pesillo, la salud de los vecinos correría serios riesgos, porque de ahí se obtiene el líquido para potabilizarlo y distribuirlo. 

En Pedernales, desde hace una semana, el cielo se nubla por las tardes. El miércoles se presentó una leve garúa. “Este ligero  cambio de clima nos hizo emocionar, pero al final no pasó nada. No llueve”,  dijo Carlos Bermúdez, ganadero del  cantón.

De acuerdo con la información del Ministerio de Agricultura, unas 350 000 hectáreas de cultivos y pastos han sido afectadas por la sequía en Manabí. Además, están en riesgo unas 100 000 de las 600 000 cabezas de ganado. La zona norte de la provincia es la más afectada.

Allí, los agricultores decidieron construir albarradas. Juan Cedeño es uno de ellos. Excavó un hueco de 15 metros de largo por 7 metros de ancho. La tierra que sale la amontona en los costados de la fosa hasta formar una especie de borde. Luego cubre el espacio con un plástico.

“Hago esto, porque tengo que preservar la vida de 15 reses y de mi cultivo de zapallo. Esto es todo lo que tengo, por eso haré todo lo que esté en mis manos para no perder mi inversión”, señaló.

La albarrada de Cedeño se llena con 10 viajes de agua que llega en tanqueros. Él paga por esto USD 250 y le dura tres semanas.

En los últimos días se registró un problema más: los tanqueros ya no llegan con la frecuencia de antes, pasando un día. “Los choferes dicen que no hay agua”.

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