6 de agosto de 2014 00:05

La Rioja apuesta por su vino y sus espectaculares bodegas para atraer al turismo

La Rioja, lejos de las playas que atraen a miles de turistas a España, apuesta desde hace diez años por su ancestral tradición vinícola para atraer visitantes. Foto: César Manso/ AFP.
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AFP
España

“Aquí jugábamos al escondite cuando éramos pequeños”, dice María José López de Heredia mostrando los miles de barriles de roble alineados en los oscuros pasillos de la bodega fundada por su bisabuelo, una de las de mayor renombre de La Rioja.

Con su hermano y su hermana dirige, en la pequeña localidad de Haro, una de las bodegas aún familiares con más solera de esta conocida región vinícola del norte de España: R. López de Heredia Viña Tondonia.

“Esta es mi casa”, dice esta viticultora de 46 años, empujando una puerta de metal negra que da paso a una sala donde viven tranquilas las arañas, encargadas de proteger los corchos de las botellas, algunas centenarias, contra los parásitos.

Pero ahora, además de los profesionales que trabajan en la producción de 400 000 botellas anuales, se cruza en estos laberintos subterráneos con unos 22 000 visitantes cada año.

Y no es la única. La Rioja, lejos de las playas que atraen a miles de turistas a España, apuesta desde hace diez años por su ancestral tradición vinícola para atraer visitantes.

“Es formidable descubrir un lugar como éste, que no conocía antes de venir”, se entusiasma Bill Sherman, de 72 años, originario de Atlanta, en Estados Unidos, mientras degusta una copa de Viña Tondonia en la tienda de la bodega, un espacio acristalado con forma de botella creado por el arquitecto británico-iraquí Zaha Hadid.

Joyas arquitectónicas

Sobre las colinas de la cordillera Cantábrica o a orillas del río Ebro, como aquí en Haro, los viñedos de La Rioja vieron surgir en los años 2000, antes de la crisis económica, joyas arquitectónicas firmadas por grandes creadores.

Con sus reflejos metálicos multicolor, el hotel cinco estrellas “Marqués de Riscal”, en el pueblo riojano de Elciego, es la más espectacular.

Imaginada por el arquitecto estadounidense Frank Gehry, su inusual silueta acoge 43 habitaciones de lujo para huéspedes en su mayoría españoles o norteamericanos. Su construcción, con un coste nunca revelado, aportó también un gran renombre a la bodega Marqués de Riscal.

rioja

Antes de su construcción, esta bodega fundada en 1860, que vende 5,5 millones de botellas al año, 70% de ellas para la exportación, recibía unos 2 000 visitante anuales. Hoy, son casi 70 000.

A menos de 10 km de allí, sobre el horizonte de la cordillera se dibuja el tejado sinuoso y metalizado de Ysios. A diferencia de sus homólogas centenarias, esta bodega, propiedad del grupo francés Pernod-Ricard, fue creada al mismo tiempo que el edificio, obra del arquitecto español Santiago Calatrava, en 2001.

El vino ante todo

“La arquitectura es el envoltorio”, pero “lo más importante, por encima de todo, es nuestro vino”, afirma la responsable de comunicación de Ysios, Marta Gómez.

Las bodegas construidas por grandes arquitectos “han dado a La Rioja mucha visibilidad”, reconoce el consejero regional de Turismo, Gonzalo Capellán, señalando que el turismo vinícola atrae especialmente a británicos, alemanes y estadounidenses.

“Exportamos cada año 150 millones de botellas a esos mercados: quieren conocernos, ver dónde nace la botella”, agrega, esperando que la región gane aún mayor renombre tras la candidatura presentada a la Unesco para entrar en el patrimonio inmaterial de la humanidad.

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Era “un recurso natural que teníamos entre nosotros”, recuerda. Ahora, 80 bodegas abren sus puertas a los visitantes, frente a unas pocas hace diez años. “Hubo que convertirlo en un producto turístico” y eso “ha implicado un cambio de mentalidad absoluto” , añade.

Una evolución que debe continuar, según Ramón Estalella, secretario general de la Confederación Española de Hoteles y Alojamientos Turísticos.

“Se han hecho demasiado hoteles muy bonitos, con mucho encanto, pero muy pequeños. Eso hace que rentabilizar esas inversiones sea muy difícil” , afirma llamando a integrar a profesionales del sector turístico.

López de Heredia reconoce: “en nuestra casa estamos formados como viticultores y bodegueros, no como empresa del turismo”. “Estamos prácticamente empezando”, agrega.

En su bodega, como en Marqués de Riscal e Ysios, los visitantes ganan importancia, pero, asegura, “no van a suplantar jamás el trabajo de la viña”.

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