11 de January de 2010 00:00

En Río Bravo se enterró a cinco emigrantes

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Redacción Manta

Los  habitantes de cinco comunidades rurales de Montecristi salieron de sus poblados. Querían der  el último adiós a las cinco víctimas que murieron en el incendio ocurrido en el barrio residencial  El Marqués de Caracas Venezuela, el 1 de enero.

Ayer, después del velatorio que se desarrolló en la casa de la familia Mantuano Flores, los cuerpos de Marcelino Mantuano (22 años) su esposa Ramona López (21),   Jefferson (6), Marisela Mantuano (19) y Leonor Espinales (17)  fueron trasladados hacia la iglesia de Río Bravo.
 
Manuel Flores y otros 25 vecinos y familiares cargaron los féretros por  un tramo de cuatro kilómetros. Antes dieron dos vueltas al interior de la casa de los Mantuano, era la señal de la última despedida de ese lugar.

Juana Flores, la madre de Marcelino, lloró  durante todo el recorrido. La humedad reinante en la zona por las lluvias de los últimos días  aceleró la descomposición de los cadáveres y emanaban un fuerte hedor.

Para aplacarlo, René López, primo de Ramona López,  juntó a cinco personas y les pidió que arrojasen  perfume sobre los féretros. “Hay que darse valor”, decía Manuel Delgado, uno de los familiares lejanos de Leonor Espinales que cargaba un ataúd.

Luego, los cuerpos llegaron a la capilla. En el trayecto se unieron personas que arribaron desde Manta, Montecristi, Portoviejo, Guayaquil, Quito, Manta y hasta de Venezuela.

Los músicos del grupo religioso Amigos de Jesús  entonaron  canciones relacionadas con la vida y la muerte. “Eran mis hermanos, crecimos juntos, no es posible que se hayan ido a morir tan lejos”, repetía con insistencia  Jorge Flores, primo de Marisela.

El servicio religioso sin equipos de amplificación tardó 60 minutos. Posteriormente se tocaron  tres melodías más en los exteriores de la capilla. La caminata se inició y la gente avanzó  tres kilómetros, hasta el centro de Río Bravo, en Manabí.

Antes de llegar al camposanto, el cortejo ingresó a la casa donde vivió Ramona hasta hace tres años, antes de emigrar a Venezuela en busca de mejores condiciones de vida para su familia.
 
La multitud de personas aumento a unas 500, las mismas que acompañaron a los deudos hacia el camposanto.  El cemento de las cinco bóvedas que fueron construidas hace cuatro días, aún estaba fresco. Los familiares se abrazaban a los ataúdes, no dejaban que la persona encargada de ingresar los féretros hacia las bóvedas hiciera su trabajo.

A las  14:45 el cuerpo de Marcelino fue el primero en ser introducido en la bóveda. Luego su esposa Ramona, Jefferson, el hijo de ambos, y después fue el turno para Leonor y Marisela.

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