17 de November de 2009 00:00

La resistencia

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Sebastián Hurtado Pérez

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Sebastián Hurtado Pérez

Socialistas son los que confían en el Estado. Socialistas ilusos son los que confían en el Estado ecuatoriano. Si alguna duda cabe sobre lo equivocados que pudieran estar los primeros, no cabe ninguna en el caso de los segundos.

Lamentablemente, la mayor parte de líderes políticos locales, por identificarse con el segundo grupo, viven convencidos de que el Estado tiene la capacidad de solucionar los problemas del Ecuador.  Esta absurda aspiración les hace olvidar que se trata de una de las instituciones más corruptas e incompetentes del planeta.

Según estudios internacionales, los niveles de corrupción que existen en el sector público del Ecuador ni siquiera se ubican dentro de los ‘estándares’ latinoamericanos. En las últimas décadas han alcanzado niveles africanos y desbordado las mejores intenciones moralizadoras, incluso de gobiernos honestos. Probablemente los problemas de corrupción que denuncian los detractores del actual Gobierno sean equivalentes a los de administraciones anteriores, con la única diferencia de que hoy el Estado cuenta con una cantidad sin precedentes de recursos económicos y políticos de los cuales echar mano. El Estado simplemente se ha convertido en tierra fértil para la propagación de los peores vicios de la sociedad ecuatoriana, siendo la corrupción uno de los mayores.

Pero el Estado ecuatoriano no solamente es corrupto, también es altamente incompetente. Basta mirar cómo ni siquiera es capaz de cumplir con una de sus más fundamentales funciones, como es la de proveer de seguridad a los ciudadanos.

Mucho menos cabe esperar que sea capaz de entregar servicios básicos -la actual crisis eléctrica constituye un  ejemplo-, y peor de regular a los medios de comunicación y a las universidades, promover proyectos y negocios, o impactar positivamente en el desarrollo económico general del país.

Todo proyecto que, ignorando esta realidad, pretenda entregarle desproporcionados recursos económicos o políticos al Estado y a sus organismos, estará condenado a fracasar y a hundir consigo al resto de la sociedad.

Es por ello que muchos de los que entendemos esta realidad no necesariamente nos identificamos con la ‘oposición’ al actual Gobierno, ya que buena parte de ella busca simplemente reemplazar a los burócratas de turno en la tarea de administrar esa colosal maquinaria de ‘saqueo’ en que se han convertido el Estado y sus instituciones en Ecuador.

Más bien nos consideramos parte de la ‘resistencia’ al Estado corrupto e incompetente y a cualquier Gobierno -de derecha o de izquierda ya que ambos usualmente han buscado usar al Estado para avanzar sus agendas- que pretenda utilizar una institución de semejantes características para ‘tutelar’  la vida económica y política de los habitantes de nuestro país.

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