19 de mayo de 2016 11:35

Las réplicas se sentirán en el Ecuador por algunos meses más

Oficinistas de Guayaquil salieron a las calles tras el sismo de 6.8 de ayer por la mañana. Foto: Mónica Mendoza / EL COMERCIO

Oficinistas de Guayaquil salieron a las calles tras el sismo de 6.8 de ayer por la mañana. Foto: Mónica Mendoza / EL COMERCIO

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Redacción EL COMERCIO

Dos sismos de 6.8 grados alteraron al país en la madrugada y la mañana de ayer. Hasta las 12:50, el Instituto Geofísico (IG) de la Escuela Politécnica Nacional registró 1 513 réplicas del terremoto del sábado 16 de abril; 25 de estas sucedieron desde las 02:58, cuando se dio la réplica con epicentro en el sureste de Mompiche.

Alexandra Alvarado, directora de Sismología del IG, explica que las réplicas van a durar unos meses más. Y que, si bien el número de eventos disminuirán, es probable que las magnitudes se mantengan altas en algunos casos. Al respecto, Pablo Cruz, analista de monitoreo del IG, dice que la intensidad de los sismos ha variado entre las que van de 3 a 5, siendo las de ayer dos de las más fuertes registradas.

El pasado 16 de abril, la zona de subducción se fracturó 100 kilómetros desde Pedernales hasta Manta, aproximadamente. En este territorio ocurren las réplicas que, según el sismólogo Esteban Hernández, casi siempre van a ser en magnitud menor al primer sismo; aunque no se descarta que existan más fuertes.

Según Alvarado, las réplicas se han concentrado más al sur de la fractura debido a que, posiblemente, las placas allí no cuentan con tanta fricción. Al parecer, al norte de la fractura se estaría
acumulando más presión.

El poder de devastación de un sismo no depende exclusivamente de la magnitud, sino de la profundidad. Hernández estima que un sismo de 6.8 que sea bastante superficial podría destruir la misma cantidad de estructuras que el de Pedernales.

32 días después del gran terremoto que golpeó a la Costa ecuatoriana, en la mente de las personas aún persiste el miedo a quedarse atrapadas entre los escombros.

En Quito, tras la réplica de la mañana se alteraron las actividades cotidianas. Los oficinistas, empleados, estudiantes y demás personas se precipitaron fuera de los edificios en busca de sitios seguros y las redes sociales se llenaron de fotos testimoniales de gente que optó por protegerse en, por ejemplo, el parque de
La Carolina. En este evento, tres personas sufrieron heridas leves por atropellamiento al momento de huir.

Otra de las consecuencias de las dos réplicas de ayer fue la suspensión del fluido eléctrico en 11 sectores de la capital. Se trata de las zonas de Caupicho, Carcelén, Guamaní, Guajaló, El Conde, El Beaterio, San Antonio de Pichincha, Aurelio Naranjo, Pisulí, Amaguaña y La Cocha.

Frente al temor generalizado en la población, el presidente Rafael Correa tomó medidas preventivas para precautelar la seguridad de los ciudadanos. Una de ellas fue la suspensión de actividades educativas vespertinas y nocturnas del miércoles, en todo el país. Asimismo, prohibió actos masivos (bares, discotecas, conciertos y eventos deportivos) en Manabí y Esmeraldas hasta nueva orden. Esta última medida fue considerada por el alcalde de Quito, Mauricio Rodas, quien suspendió actividades masivas hasta las 11:50 de mañana.

Desde el ECU 911-Quito, el Primer Mandatario informó que los sismos de ayer dejaron como resultado 85 personas con heridas leves y un adulto mayor muerto. Sin embargo, la Secretaría de Comunicación reportó, a las 14:50, que las réplicas dejaron 123 personas atendidas y 99 viviendas afectadas que estaban vacías luego del sismo del 16 de abril.

Las réplicas de ayer no solo pusieron en alerta a las autoridades y especialistas. También, los centros educativos activaron sus planes de evacuación para velar por los estudiantes. Muestra de ello fue la escuela número 70 Velasco Ibarra, en la ciudadela Atarazana, en el norte de Guayaquil.

Ahí, a las 11:46 se vivieron escenas de desesperación de los niños de primaria que estudian en el plantel, de edades entre 4 y 13 años. Todos salieron de sus aulas y se ubicaron en el patio principal de la escuela, establecida como zona de seguridad. La directora, Beatriz Vera, trataba de tranquilizar a los alumnos que querían salir corriendo del establecimiento.

En Riobamba la réplica hizo que la gente gritara “¡temblor!”, mientras evacuaba los edificios del centro de la ciudad.

Funcionarios y oficinistas permanecieron en los parques durante varios minutos. “Tenemos miedo de otro terremoto. Es preferible salir a tiempo y luego regresar a trabajar antes que arriesgarnos”, comentó Teresa Ayala. Algo similar sucedió en la Universidad Nacional de Chimborazo, donde decenas de estudiantes salieron de sus aulas y se resguardaron en los patios del campus hasta que cese el movimiento telúrico.

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