25 de julio de 2014 00:05

Tras un reinado intenso, Juan Carlos se empieza a acostumbrar a la soledad

El Rey Juan Carlos durante la audiencia que ha concedido hoy al presidente de la Cámara de Comercio de EEUU, Thomas J. Donohue, en el Palacio de la Zarzuela. Foto. JuanJo Martín / EFE

El Rey Juan Carlos durante la audiencia que ha concedido hoy al presidente de la Cámara de Comercio de EEUU, Thomas J. Donohue, en el Palacio de la Zarzuela. Foto: JuanJo Martín / EFE

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La Nación, Buenos Aires, GDA
Martín Rodríguez Yebra

El martes pasado, los socios del aristocrático Real Club Puerta de Hierro se sobresaltaron cuando lo vieron entrar. De traje y corbata, ayudándose a caminar con una muleta, Juan Carlos de Borbón se acomodó en su mesa favorita para cenar con una pareja de viejos amigos. Entre aplausos y saludos, fue una noche atípica para el rey jubilado.

Desde que hace un mes abdicó en su hijo Felipe, vive recluido en el Palacio de la Zarzuela, interrumpió el contacto habitual con las figuras de la política y los negocios y no ha vuelto a tener una sola actividad pública oficial.

Después de casi 39 años en el trono, con una vida social intensa y nunca desprovista de adrenalina, Juan Carlos I se acostumbra a la soledad.

Fuentes de la Zarzuela señalan que su gran objetivo desde que dejó de ser el jefe del Estado español consiste en recuperar la movilidad, seriamente afectada a partir de que se rompió la cadera en 2012 durante una inoportuna cacería de elefantes en África.

Un equipo de fisioterapeutas lo visita a diario en el palacio para conducir una rutina que incluye ejercicios en una bicicleta fija, en pileta y en una cinta donde prueba breves caminatas sin bastones. El gran terror del rey es quedar condenado a una silla de ruedas, como le pasó a su madre. A sus 76 años necesita ayuda para tareas básicas, como vestirse o bañarse.

Fuentes que conocen la intimidad del palacio relatan que Juan Carlos pasa la mayor parte de los días entre su habitación y un despacho nuevo (el que usó a lo largo de su reinado ahora le pertenece a Felipe VI). Si bien su hijo creó una secretaría para organizar sus tareas oficiales, todavía no se definió con claridad qué papel tendrá el viejo rey en el futuro.

En el gobierno de Mariano Rajoy deslizan que intentarán impulsarlo a seguir representando al país en actos internacionales, como pueden ser las juras de presidentes. La primera prueba podría darse en la próxima asunción del segundo mandato de José Manuel Santos en Colombia.

Desde hace años el rey y su esposa, Sofía de Grecia, viven en alas diferentes del palacio. La abdicación relajó sus obligaciones protocolares y ahora pasan incluso menos tiempo juntos. Esta semana, la reina Sofía se mostró en Palma de Mallorca acompañada por su hermana Irene. Las dos están ya instaladas en el Palacio de Marivent, la residencia veraniega de la familia Borbón. Juan Carlos por ahora prefiere resistir el calor en las afueras de Madrid. La Casa Real todavía no confirmó si este año romperá la tradición de pasar el verano en las costas de las Islas Baleares.

Mallorca en realidad le trae desde hace unos años malos augurios. Es allí donde estalló el fraude que involucra a su hija Cristina y a su yerno Iñaki Urdangarin, un escándalo que precipitó el fin de su reinado.

El rey Felipe rompió lazos con la infanta Cristina y Urdangarin y organizar los veraneos en la playa es una delicada tarea de diplomacia de la que se encarga la reina Sofía, ansiosa por pasar tiempo con todos sus nietos. Juan Carlos ni siquiera tiene el incentivo de sus jornadas de navegación en el yate Fortuna: en un intento de atemperar el desprestigio de la Corona, se decidió el año pasado devolver el barco a los empresarios baleares que se lo habían donado.

En su reclusión palaciega, el ex monarca se apoya en sus dos hijas. Con la infanta Elena come casi todos los días. Y ahora que la atención pública reposa en Felipe VI son más habituales las visitas de Cristina, que estableció una suerte de puente aéreo a Madrid desde Ginebra, la ciudad a la que se exilió el año pasado para alejarse del escándalo por el que está procesada. Juan Carlos también suele compartir más horas que antes con sus hermanas Pilar y Margarita.

La Casa Real se preocupó por desestimar versiones de que la abdicación había sumido a Juan Carlos en una suerte de depresión. Se sabe que él siempre decía que los reyes se mueren en el trono. Pero quienes lo tratan sostienen que mantiene el buen ánimo y que se ilusiona con retomar cierto ritmo de actividad social a medida que recupere la forma física. La discreta filtración de su cena en el Club Puerta de Hierro responde a la voluntad de desinflar esos rumores.

El gobierno le garantizó un alivio no menor en los últimos días, al aprobar de urgencia y ya poner en vigor la ley que le da fueros extraordinarios. Con esa garantía, difícilmente puedan avanzar, por ejemplo, las promocionadas demandas de paternidad de dos supuestos hijos ilegítimos.

Un cambio de vida radical para el rey

Ex Rey de España. A los 76 años, pasa la mayor parte del tiempo entre su habitación y una oficina nueva que le montaron, porque la que tenía antes ahora la usa Felipe

Compañía. Se apoya fundamentalmente en sus dos hijas. Con Elena almuerza casi todos los días, y ahora que se alejó del trono recibe con más frecuencia visitas de la cuestionada Cristina

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