4 de agosto de 2017 00:00

La regulación del transporte rural difiere en cada zona

En la vía Flavio Alfaro - El Carmen, los campesinos utilizan camionetas para movilizarse desde sus recintos. Foto: Juan Carlos Pérez para EL COMERCIO

En la vía Flavio Alfaro - El Carmen, los campesinos utilizan camionetas para movilizarse desde sus recintos. Foto: Juan Carlos Pérez para EL COMERCIO

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Cristina Márquez, María V. Espinosa y Fabián Maisanche

Las camionetas y motocicletas con cajones adaptados para llevar carga y pasajeros son los medios de transporte más comunes en las comunidades y recintos campesinos del país.

Las regulaciones de tránsito para transportar pasajeros en el sector rural son estrictas en algunas provincias y flexibles en otras, donde se cuenta con convenios firmados por las instituciones competentes.

Pero, todos los organismos de control coinciden en que hay una demanda insatisfecha de transporte rural que debe solucionarse de alguna forma.

Según la Agencia Nacional de Tránsito (ANT), los vehículos autorizados en la zona rural son buses, camionetas de doble cabina, taxis ejecutivos y convencionales. Pero excepcionalmente, solo para los sectores que no tienen el servicio se permite la circulación de camionetas de cabina simple o doble con pasajeros, incluso en la plataforma posterior.

En la legislación, este servicio solo se permite hasta el lugar más cercano con transporte. Se indica que es una disposición transitoria que queda sin efecto si se realizan mejoras en la infraestructura vial.

“En las zonas rurales donde no existe transporte comercial autorizado se está realizando un levantamiento de información para conocer cuál es el número de unidades necesarias para prestar ese servicio”, dice la ANT en un comunicado.

Chimborazo es una de las provincias con mayor cantidad de comunidades dispersas en los páramos. En Colta y Guamote, por ejemplo, hay comunas distantes a más de dos horas de las cabeceras cantonales y no tienen transporte.

Ambos cantones dependen de las camionetas para movilizarse entre sus comunidades y las ciudades, para sacar sus productos agrícolas y leche a los mercados. “No todos tenemos dinero para comprarnos un carro. Nos toca ir en camioneta”, cuenta María Guamán.

La mujer esperaba el viernes pasado, que una de las camionetas que frecuentemente gira por la calle 2 de Agosto, en Cajabamba, la llevara hasta su comunidad Lligllig, en Sicalpa. El pasaje cuesta USD 1,25.

En diciembre pasado, en esa provincia se firmó un acuerdo especial entre el Ministerio del Interior, la ANT, la Prefectura y varias alcaldías, para permitir la operación de camionetas que transporten pasajeros a los sitios distantes.

Las camionetas también están autorizadas para transportar a los habitantes de las comunidades de Cotopaxi. Estos vehículos reemplazan a los buses que no llegan o lo hacen cada tres o cuatro horas. Para brindar este servicio el balde de la camioneta debe estar cubierto con una carpa y tener asientos (se colocan tablas).

Según Julio Flores, gerente de la Mancomunidad de Transito de Cotopaxi, 500 transportistas son parte del proyecto de transporte excepcional de las comunidades. Este servicio funciona en los cantones de Salcedo, Saquisilí, Pujilí, La Maná, Pangua y Sigchos.

Flores asegura que el servicio es desde el centro de las urbes hacia las comunidades en los páramos del oriente y occidente. El valor del pasaje depende de la distancia: va desde USD 0,25 hasta 3.

En Tungurahua es diferente. Está prohibido brindar el servicio desde el centro de Ambato. Los agentes de Tránsito y la Policía realizan operativos para evitar la circulación de las camionetas, sin embargo, el servicio sí se ofrece.

María Criollo cuenta que en la comuna de Calchivana Chico “los buses no quieren subir, no van a las comunidades porque no tienen ganancias y hace mucho frío”.

En Santo Domingo de los Tsáchilas y Manabí, el servicio no está permitido.

En la primera, las seis cooperativas de transporte que recorren la zona rural de los cantones Santo Domingo y La Concordia no ingresan hasta los recintos y poblados cercanos a las parroquias. Por ello, los moradores deben recurrir a camionetas o motocicletas para llegar a la parada de buses.

Juana Briones, moradora de Valle Hermoso, señala que usa una motocicleta desde el recinto La Asunción, donde vive, hasta la vía hacia Santo Domingo. “Le pago 50 centavos a la moto para ir a la parada y setenta y cinco centavos al bus para ir al centro”.

Según la Dirección Provincial de Comisión de Tránsito del Ecuador, esa actividad es ilegal porque no están agremiados ni certificados por la ANT o la Empresa Pública de Transporte Municipal. Por ello, se hacen controles.

En Manabí, los campesinos se compraron motocicletas, a las cuales añadieron un cajón de madera en la parte trasera. Así pueden transportar sus productos a la ciudad y movilizarse con sus familias.

Otra opción es alquilar camionetas. El pasaje por persona cuesta desde USD 0, 50 hasta 3, dependiendo de la distancia. Hay 20 cooperativas registradas en Manabí, que tienen unas 800 camionetas.

En contexto
El uso de camionetas para el transporte de pasajeros en la zona rural está prohibido en unas provincias y aceptado en otras. Por ejemplo, la Agencia Nacional de Tránsito firmó convenios excepcionales para permitir la circulación de esos vehículos.

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