6 de November de 2009 00:00

Las reglas para la prensa de EE.UU.

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 “No se trata de reacciones a opiniones expresadas, sino simplemente a la presentación de información objetiva. Alguien ha decidido que esa parte de la realidad no debe mostrarse”, comentó en ese entonces el periodista Jim Naureckas, director de la revista Extra, de Imparcialidad y Precisión en la Información Periodística (FAIR, por sus siglas en ingles), con sede en Nueva York. FAIR es una institución que monitorea a los medios masivos. Desde antes de la invasión al país del Golfo Pérsico, FAIR detectó cierta tendencia a reprimir el  flujo de información e impedir un debate real sobre la guerra en EE.UU. Naureckas responsabilizó al gobierno de Bush por crear un clima en que el filtro de la información era tolerado e incluso considerado patriótico. EE. UU. libraba ‘la guerra contra el terrorismo global’, que se lanzó tras los brutales ataques del 11 de septiembre de 2001.



“Las guerras en su más compleja concepción son sucias”.
Aldo Civico
 Profesor de la Universidad
de Columbia, EE.UU.Otro hecho

 En 2005.  Judith Miller, periodista de The New York Times, fue  a prisión tres meses por su negativa a descubrir al juez federal Thomas Hogan, quien le dio las pistas de la filtración de información que "quemó" a la espía Valerie Plame en un episodio de venganza política en el caso Iraq. Matthew Cooper, de la revista Time, evitó la cárcel al aceptar testificar ante el fiscal l que llevaba el caso.

El testigo

“Ver las fotos de Abu Ghraib y leer el informe que publicó la revista The New Yorker fue como un destello que en una fracción de segundos aclaró un cielo oscuro. Fue la revelación de lo que podemos definir era un secreto público.

Las guerras en su más compleja concepción son sucias y dado que así son hay un fenómeno con mensajes muy extendidos que los conocemos mejor desde los tiempos de la conquista europea de lo que hoy es Latinoamérica: a los que consideramos enemigos los llamamos salvajes, incivilizados, horrorosos. Lo curioso es que terminamos haciendo lo que creemos que hace nuestro enemigo y nos volvemos más crueles.

Estados Unidos tiene un discurso público que privilegia los derechos humanos, la democracia y la civilización, pero en Abu Ghraib la definición de salvajes y horrorosos que ellos dieron a su enemigo la asumieron para sí mismos. Lo que ocurrió en esa cárcel confirmó que cuando se está en guerra el significado de humanidad desaparece.

En ningún momento creí que eso fue cuestión de soldaditos con poca educación. Las fotos las hicieron no para revelar un escándalo, pero al final esas imágenes terminaron denunciando que este juego trágico era la expresión de una cultura de dominio total. No dudé ni un segundo de que se trataba de una culpa moral y política, porque este tipo de ambiente y conductas eran permitidos. 

El episodio de torturas no cambió mi manera de pensar o de mirar los acontecimientos. Tengo claro cuál es el discurso de EE.UU, la experiencia te enseña que hasta los santos cometen pecados.

Siempre me entra la sospecha de cuando uno se presenta como ejemplo de coraje y virtud, porque la condición humana no nos permite la perfección, por eso cuando acudí a dictar clases a la Universidad de Columbia en el programa sobre resolución de conflictos y la paz, las charlas no tuvieron ningún giro.A mis estudiantes de Columbia no les sorprendió, ellos son sofisticados en sus análisis. Lo que sí ocurrió es que el pueblo estadounidense experimentó un profundo sentimiento de vergüenza de su presidente, que para muchos es como un Papa laico.

Creo que el resultado de las elecciones del 2008 fue un deseo catártico de quitarse de encima esa nube oscura. Fue como un nuevo bautismo colectivo.  Si en un plan de guerra no hay condiciones de seguridad y de paz no habrá avances a favor de una armonía en la región”.

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