19 de julio de 2014 00:00

Cautela en grupos sociales por la re-reelección

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Santiago Estrella. Coordinador politica@elcomercio.com

La reelección indefinida, considerada como el aspecto central de las 17 enmiendas que Alianza País impulsa, hace que las organizaciones sociales y sindicales la tomen con preocupación. Se puede estar a favor o en contra del Gobierno, pero este proyecto ha generado debate interno y, por lo menos, la necesidad de hablar sobre la importancia del contrapoder.

Aquellos que son considerados cercanos al Gobierno, coinciden con el principio que esgrime el oficialismo: “el soberano es el que decide”. La derrota mayoritaria de aquellos que buscaron la reelección en las seccionales del 23 de febrero, es una expresión de ello.

A Fernando Ibarra, del Parlamento Laboral, no le escandaliza que una persona pueda permanecer en el poder si así lo deciden los votantes. Pero considera que un sistema presidencialista como el ecuatoriano, requiere de contrapesos. Y eso -opina- es algo de lo que carece el país, al menos si se mira hacia la Asamblea y su mayoría oficialista. Por eso destaca el caso del sistema estadounidense: “Si un presidente es demócrata, en el Congreso dominan los republicanos”.

Si el principio de la reelección indefinida prospera, la preocupación de Ibarra radica en la falta de control a los procesos electorales. Su duda es si el Consejo Nacional Electoral (CNE) cumple de manera imparcial o no su tarea.

Esta duda la comparte Esperanza Martínez, quien conoce de cerca los rigores electorales. La sede de Fundación Ecológica fue la base de la recolección de firmas para la frustrada consulta que buscaba parar la extracción petrolera en el Yasuní-ITT. Las rúbricas presentadas no pasaron los filtros del CNE.

A Martínez le preocupa que la “incoherencia en la que ha caído el Gobierno” con su paquete de enmiendas. La razón: por un lado se restringe la consultar sobre cualquier tema desde la iniciativa ciudadana, pero se abre paso a la reelección indefinida.

A las organizaciones de toda naturaleza, deportiva, cultural, barrial, etc., se les pide la rotación de sus directivas a través de los mecanismos de democracias internas. Y a Martínez le parece “saludable” que sea así. Una persona podría perder el horizonte y haría cualquier cosa por quedarse en el cargo.

Creer en el proyecto más que en el individuo es un principio rector de la Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador (Conaie). Su dirigente en Educación y Política, Floresmilo Simbaña sostiene que la negativa a la reelección indefinida va acompañada de la propia práctica al interior de su organización. “La política de la Conaie es ‘no’ a la reelección. Nuestros jefes de gobierno pueden ser electos solo por dos períodos consecutivos”.

Además, uno de sus postulados es que se alternen entre los indígenas de cada región, aunque no siempre se lo puede cumplir. Su expresidente, Humberto Cholango, declaraba reiteradamente que no se lanzaba a una primera reelección porque cree en el cambio para fortalecer la organización.

“La reelección indefinida podría generar distorsiones. También, puede ocurrir que si solo es un cambio de personas, no se va a tener mayor cambios”, añade Ibarra.

Muchas de estas organizaciones que se han mostrado en oposición a las propuestas gubernamentales han sido criticadas por el discurso oficialista por ser pocos y a los que no vota nadie. Pero para Mesías Tatamuez, titular de la Confederación Ecuatoriana de Organizaciones Clasistas Unitaria de Trabajadores (Cedocut), cuando el Presidente sostiene esto, hay un error de comprensión del Gobierno.

El sindicalismo no puede estar aliado con ningún tipo de gobierno porque “debe ser clasista, independiente, autónomo de los gobiernos de turno y de las cámaras” porque eso les otorga respeto.

Y si en eso se fijara el Régimen, sabría que el relato de “la larga noche neoliberal” tiene un vacío: no puede ocultar que fueron las organizaciones sociales y sindicales las que lo impidieron. Ante eso exige a la Corte Constitucional pronunciarse por que las enmiendas se tramiten vía consulta popular.

Tatamuez es escéptico, pero más lo es Martínez. “La consulta fue una iniciativa popular que busca una reflexión sobre un asunto de la vida y nos la quieren impedir”.

Con consulta o no, Ibarra lamenta que en el país exista la hegemonía de un solo proyecto político, “pero nunca con la contundencia de estos tiempos”. Una maduración política se hace necesaria, pero eso es una responsabilidad de todos los actores políticos. “Y también del electorado”, que es el que define el equilibrio o desequilibrio de poderes, que favorece el anhelo de que la Constitución se modifique vía enmienda en la Asamblea.

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