3 de January de 2010 00:00

El ‘reality’ se apoderó de la TV ecuatoriana

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Pablo Fiallos
Redacción Siete Días

En su novela ‘1984’, el escritor George Orwell construía al personaje del Gran Hermano  como un ente omnipresente y totalitario, encargado de vigilar y regular: una posible metáfora  de las organizaciones estatales que ejercen un control en la sociedad.

La imagen de un inmenso ojo capaz de verlo todo dentro de una microsociedad de extraños que conviven aislados en una casa resultó en una exitosa idea para un show  de TV:  ‘El Gran Hermano’.

El fenómeno que triunfó en los noventa en el mundo entero, significó un suceso en la televisión nacional en 2003. Foros, debates y discusiones reflejaban la eficacia del programa y el gusto generado en el público ecuatoriano.

La  selección de personajes contrarios y poco compatibles,  generó conflictos  que  engancharon inmediatamente al público. La exposición de individuos, retratados como sujetos de experimento dentro de un laboratorio social, abrió la puerta para otros shows con similares características, pero en  distintos escenarios.

La selva,  las montañas o  una playa virgen se abrían para recibir a un grupo de individuos dispuestos a competir para ganar dinero o fama,  que les pudiera significar el inicio de una carrera mediática.

La variante de exposición de individuos en circunstancias adversas, lo cual aumentaba la posibilidad de controversia entre ellos, dio cabida para que el voyeurismo del público se satisfaga con programas de competencia  como ‘Expedición Robinson’ o ‘El conquistador del fin del mundo’. O incluso casos patéticos  como  la reciente  ‘Ciudad pecado’, donde el morbo era la única oferta de un show repleto de vedettes, dispuestas a sacarse todo para ganar algunos minutos en  pantalla.

Sin llegar a extremos como el de MTV, en donde la música murió para dar paso al ‘reality show’, en Ecuador el género de la telerrealidad se impuso como la estrella de la TV de la década pasada.

Por la TV nacional desfilaron chefs, malabaristas, futbolistas, bailarines y cantantes.  De los cuales, solamente en contados casos tuvieron un éxito palpable como sucedió con  ‘Pop Stars’, del cual surgió el grupo Kiruba, con una notable aceptación del público.

Incluso una de sus vocalistas, Gaby Villalba, consiguió, tras la disolución de Kiruba, integrar el grupo chileno Kudai, uno de los más populares entre la música pop juvenil latinoamericana.

La variante de ‘reality’-concurso se multiplicó en decenas de variantes. Cantar y bailar por los sueños de alguien, juntaron a gente común y silvestre con famosos -en casi todas las oportunidades  los mismos personajes-, con el afán de conseguir curar la enfermedad de algún pariente o terminar la casa de su familia.

En la década pasada,  la telerrealidad se quedó en el país. Su fórmula efectiva y fácil: lograr que el espectador se convierta en testigo  de sus anhelos y cómplice de sus confesiones, tanto de las sentimentales como de las perversas.

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