17 de abril de 2018 08:13

Raúl Castro cede el paso a una nueva generación

Raul Castro, presidente de Cuba, en la Cumbre de las Américas. Foto: James Aparicio / AFP

Raul Castro, presidente de Cuba, en la Cumbre de las Américas. Foto: Archivo / AFP

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Agencia DPA
La Habana

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El mandatario cubano, Raúl Castro, termina su segundo y último mandato presidencial, con lo cual por primera vez en décadas no habrá un Castro al frente del Gobierno, que quedará en manos de una generación más joven.

Sin una nominación oficial previa, todo indica que el sucesor de Castro, quien será elegido en una sesión de la Asamblea Nacional que comienza este miércoles (18 de abril del 2018), será Miguel Díaz-Canel, un ingeniero de 57 años que actualmente se desempeña como vicepresidente primero.

"Raúl (Castro) se va cuando dijo y como dijo, cumple con su palabra", señala Miguel Reyes, que vende artesanías en la zona del puerto de La Habana y reconoce que "se hará extraño no verlos ahí", en referencia a los hermanos Castro al frente del Gobierno.

La llegada de Díaz-Canel a la presidencia cubana simbolizará la confirmación del relevo generacional de dirigentes que nacieron después del triunfo revolucionario de 1959 y que el propio Raúl Castro, de 86 años, había ido introduciendo en su gestión.

Políticos como el vicepresidente económico Marino Murillo, de 57 años, la dirigente comunista Mercedes López Acea de 53, el ministro de Salud Pública, Roberto Morales, de 50 años, o el canciller Bruno Rodríguez, de 60 años, son considerados como candidatos a puestos destacados.

En la isla hay 1,7 millones de cubanos que tienen entre 50 y 60 años. Es la generación que ya está gobernando el país desde distintos puestos intermedios de la administración del Estado y del Partido Comunista de Cuba (PCC).

"No son unos improvisados, Raúl (Castro) los ha ido formando, así que ahora les toca demostrar si de verdad valen", dice Elías Casariego mientras pinta los bajos de un edificio de una céntrica calle habanera.

Pero esta generación ha llegado hasta aquí marcada por ilusiones y frustraciones. Vivieron una infancia y adolescencia en la bonanza económica gracias a los subsidios del aliado soviético y con una fuerte presencia política a nivel internacional. Después sufrieron el descalabro de Moscú y la crisis económica que generó en la isla el llamado "Período Especial".

Con los sueños rotos vieron cómo muchos amigos se iban del país mientras que ellos se quedaban ante un futuro incierto. "Si el salario no te da, el resto suena muy bonito, pero es el salario lo que cuenta", dice Yuniel Rodríguez, un parqueador estatal junto al Centro Comercial La Puntilla en La Habana.

En Cuba, el salario medio es de USD 30, mientras que el Estado aporta fuertes subsidios a los recibos de agua, luz o teléfono. En medio de esa dualidad, el principal reto del nuevo presidente cubano será hacer viable la economía nacional.

Bajo la máxima de hacer el socialismo "próspero y sostenible", Raúl Castro impulsó pequeñas reformas que posibilitaron la apertura de pequeños negocios privados como bares, talleres y el alquiler de habitaciones, aunque el Estado mantuvo el monopolio de los sectores estratégicos. "Deja (Raúl Castro) un sistema estable pero frágil, con serios problemas de sostenibilidad", afirma el académico cubano Arturo López-Levy, profesor de la Universidad de Texas-Rio Grande Valley.

Durante su presidencia, Cuba renegoció su histórica deuda con el Club de París y tras grandes condonaciones de los atrasos se comprometió a pagar los USD 2 600 millones pendientes. El objetivo era acceder a nuevos créditos internacionales y crear confianza a los inversores foráneos.

La economía cubana necesita anualmente USD 2 500 millones de inversión extranjera para crecer. Pero mientras que no llega la esperada inyección de capital, La Habana vive la crisis de aliados históricos como su socio venezolano, que junto con otros factores llevó a que Cuba cerrase sus cuentas en 2016 con un decrecimiento del 0,9%, su primera recesión en los pasados 20 años.

Así las cosas, Díaz-Canel tendrá que dirigir una Cuba con dificultades económicas en medio de un contexto internacional que no le es tan favorable con los Gobiernos progresistas en retroceso y el republicano Donald Trump recuperando desde Washington el lenguaje hostil hacia La Habana. 

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