17 de agosto de 2014 00:14

Racismo: una herida abierta

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Gonzalo Ruiz 
Subdirector Adjunto (O)

Mucha agua tuvo que correr bajo el puente para que Estados Unidos de Norteamérica eligiera un Presidente cuya ascendencia provenía del África negra. Barack Obama es todo un símbolo.

La historia lleva al tiempo de la esclavitud y la lucha por la libertad. El sacrificio humano de los esclavos provenientes de África para las plantaciones de algodón es parte de la forja de la nación del país del norte.

‘La cabaña del Tío Tom’, relato que se ha convertido en un clásico de la literatura, fue llevado al cine. La serie ‘Raíces’, que se divulgó por televisión, o el más reciente filme galardonado en los Premios Oscar ‘12 años de esclavitud’ logran reflejar una parte de esa cruda realidad.

Cada azote duele en el alma y sacude la conciencia del horror del que ha sido capaz el ser humano. La esclavitud soterrada que persiste en el siglo XXI es una de las cuentas pendientes de la humanidad.

La muerte de Martin Luther King, la lucha de Malcom X, la idea de la manumisión no traslucida del todo en libertad mientras persistió una segregación que obligaba a los afroamericanos a sentarse en la parte trasera de los buses o a asistir a escuelas solamente para los niños de color, son historias que parecen lejanas pero que todavía pueden relatar con dolor algunos de quienes las vivieron.

Varios barrios de St. Louis, Missouri, en Estados Unidos, remueven el enfrentamiento racial estos días. Se advierte que la lacra no ha sido superada y los abusos de los policías blancos, ante la ceguera o indiferencia de la justicia,  se repiten.

La muerte de Michael Brown, de 18 años, el sábado de la semana anterior, es el capítulo más cercano de una historia que no cesa y que la sociedad debiera superar.

El presidente de Estados Unidos, Barack Obama, suspendió sus vacaciones temporales para ocuparse del tema y llamar a la calma.

La tensión se siente en el ambiente de los suburbios de St. Louis. La herida del racismo todavía no se cierra.

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