24 de octubre de 2016 00:00

Un nuevo paso para construir el Quito Cable

Quitocables

Sistema de Quitocables en el sur de Quito. Foto: Archivo / EL COMERCIO

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Evelyn Jácome
Redactora. (I)njacome@elcomercio.com

Esta semana empieza la fase de preconstrucción del Quito Cable. En los próximos ocho días se va a protocolizar ante un notario público el contrato firmado entre el Municipio capitalino y el Cuerpo de Ingenieros del Ejército, para poder entregar el anticipo (cerca de USD 13 millones) y que la construcción arranque.

Según Darío Tapia, secretario de Movilidad, entonces se iniciarán los trabajos más visibles en la zona de intervención. El Quito Cable unirá la Roldós con La Ofelia, en una primera fase; en una segunda, se extenderá a la Pisulí.

Por el momento, se realizan los estudios de prefactibilidad para llegar con el sistema hasta el segundo punto. Tapia explicó que para hacerlo se implementará una bifurcación, es decir, una especie de Y en el sector de Colinas del Norte.

Desde allí, la fase troncal seguirá hasta la Roldós, y una ramificación se extenderá hasta Pisulí. Esta segunda fase tendrá un kilómetro de extensión que llegará hasta una estación en el parque Curiquingue. Aún no se tiene prevista una fecha para el inicio de la segunda fase, pero mientras eso ocurre, en Pisulí se ubicará una estación de transferencia para llevar a la gente en bus a La Roldós.

La primera fase costará cerca de USD 44 millones. La segunda, 15 millones.

El Quito Cable se propone como la solución para la movilidad de 40 barrios del noroccidente, es decir más de 200 000 beneficiarios.

Pasar de 40 minutos en llegar desde la Roldós hasta la avenida Mariscal Sucre, a demorar menos de 12 es una oferta tentadora. Según el Municipio, las cabinas en la primera fase recorrerán 3,7 kilómetros y pasarán por dos estaciones: Mariscal Sucre y Colinas del Norte.

El proyecto pretende realizar más de 30 000 viajes al día, en un inicio, en 80 cabinas, pero podrían legar a 136.

La altura de las cabinas es una de las preocupaciones de la población de zonas cercanas. De hecho, despertó protestas de moradores de la Urbanización El Condado quienes aseguraron que perderán privacidad. Frente a eso, el Municipio informó que en esa zona se mantendrá entre 12 y 18 metros con respecto al punto más alto de la vivienda.

Según Alejandro Larrea, gerente de la Empresa Pública Metropolitana de Movilidad y Obras Públicas, la obra no provocará mayores afectaciones en la comunidad, ni en servicios de agua potable o alcantarillado.

El Quito Cable estará integrado al sistema de transporte público y funcionará con alimentadores que cubrirán nuevas rutas. Cada minuto se movilizarán cuatro cabinas, cada una con 10 personas sentadas.

El sistema ha tenido éxito en otros países de la región. En Colombia, Brasil y Bolivia, su impacto ha sido positivo, pese a que en un inicio, fue cuestionado.

Federico Gutiérrez, alcalde de Medellín, aseguró que su ciudad tiene características parecidas a las de Quito, con zonas de pendientes altas y quebradas, y el sistema ha funcionado con éxito: ahorra la mitad de la plata y del tiempo en el traslado de la gente.

Diego Hurtado, urbanista experto en movilidad, explica que en Medellín el sistema tuvo influencia incluso en la seguridad de los barrios de las laderas, que tenían problemas de venta de droga y sicariato.

Hoy, el sistema está integrado a un recorrido turístico. Incluso dinamizó algunos sectores alrededor de las paradas, donde se realizaron emprendimientos comunitarios. Un resultado similar se obtuvo en Bolivia, según Hurtado, el éxito se debe a la cantidad de personas que usan el servicio y al número de viajes que realizan.

De allí la preocupación del experto sobre la cantidad de usuarios del sistema fuera de la hora pico. Sin embargo, Tapia explica que durante las horas pico, el sistema abastecerá satisfactoriamente, y en horas valle, con pocos usuarios, las cabinas entrarán a una cochera ubicada en la estación de Colinas del Norte, hasta que necesiten ser usadas.

Según Tapia, los estudios revelaron que el sistema puede funcionar con una tarifa de USD 0,35, sin subsidio, que incluye buses alimentadores de los barrios del noroccidente alto. Es posible gracias a que el sistema no tiene choferes ni ayudantes, no gasta combustible y se paga con tarjeta.

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