8 de April de 2012 00:01

Tres vidas dedicadas al trabajo social

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Yolanda Añasco, Liliana Durán y Fabiola Cuvi fueron reconocidas con el premio Manuela Espejo. El pasado sábado el Municipio de Quito realizó un homenaje en honor de estas mujeres, quienes a lo largo de su vida han realizado actividades para que se reconozca la igualdad de género, para erradicar la violencia intrafamiliar y por el derecho al trabajo.

La labor que realizan estas luchadoras no es bien remunerada, pero los resultados obtenidos y la inequidad les alientan a seguir adelante, dejando incluso su vida personal a un lado.

En la actualidad Añasco y Cuvi viven solas. Durán tiene un “equipo” (esposo e hijo) que le apoya en su trabajo diario.

El premio Manuela Espejo fue creado en 1993 para reconocer a mujeres destacadas en la reivindicación de los derechos. Este año participaron 21 postulantes, solo tres obtuvieron el reconocimiento.

Espanta su soledad capacitando a la mujer contra el maltrato  

Fabiola Cuvi
Su experiencia.  Es economista graduada en la Universidad Central del Ecuador.
Labor. Fue la ideóloga del Seguro Social Campesino. Trabajó en el IESS.
Funciones.  Desde 1988 es la Directora del Instituto de Capacitación de la Mujer.

Desde 1968,  Fabiola Cuvi  se ha dedicado a  la defensa de los derechos de los campesinos y de las mujeres. Por esta razón, ella  ganó la segunda mención del premio Manuela Espejo.

La lucha por los derechos de las mujeres la inició desde su hogar. Su padre Carlos Cuvi se resistía a que ella entrara a la universidad. “Él quería que sea ama de casa”.

En la Universidad Central estudió Economía y Finanzas y entró de auxiliar técnica al Instituto Nacional de Previsión, actual Instituto Ecuatoriano de Seguridad Social (IESS).

En 1960 se casó con un colega economista  y formó su familia, aunque la perdió al poco tiempo. Su hijo menor falleció cuando tenía 1 año y medio y su esposo murió a causa de un cáncer. “A diario cuestionaba a Dios por qué me había hecho eso a mí”.

En medio de esta realidad,  a Cuvi se le presentó la oferta de una beca para estudiar  Seguridad Social y Ciencias Administrativas en el Instituto Iberoamericano de Seguridad Social, en España. 

Cuando regresó a Ecuador, la entidad para la cual trabajaba le propuso desarrollar un proyecto para asegurar a los campesinos.  “Me tiré a matar empecé en   enero y terminé en mayo”. Luego de avalar la pro puesta  con el Instituto Iberoamericano se abrió el Seguro Social Campesino. Ella fue la primera directora.

Luego se vinculó con la Comisión Interamericana de Mujeres. El trabajo que desempeñaba allí era sin sueldo. Su labor fue formar centros de atención en salud, educación y empleo para las madres e hijos.

En 1970, Cuvi fundó la Oficina Nacional de la Mujer para seguir trabajando en defensa de los derechos del género. Se unió al Instituto Internacional de las Naciones Unidas para la promoción de la mujer.

En 1988 dejó de trabajar en el IESS y dedicó su tiempo completo al Instituto Ecuatoriano de Capacitación e Investigación de la Mujer.

En ese espacio  se ha mantenido hasta la actualidad como directora. Durante ese tiempo se ha diplomado a 5 000  mujeres. Los talleres que se dictan en el instituto son cortos y prácticos.  También desarrollan investigaciones sobre violencia de genero, migración, etc.

Para ella, la lucha no ha terminado. “Aún hay mujeres que  sufren agresiones, que son sometidas y tienen la autoestima baja”. Su convicción: capacitar para erradicar el maltrato.

Escritora, maestra y defensora de los derechos colectivos  

Yolanda Cumandá Añasco
Su experiencia.  Nació el 12 de abril de 1934, en Loja. Es soltera. Hace un año vive sola.
Publicaciones. Desde 1973  se dedicó a escribir. Ha publicado siete libros de poesía.
Conferencias.  El  20 de abril participará de un Congreso Internacional, en Brasil.

Yolanda Añasco, ganadora del premio Manuela Espejo, tiene 77 años y es lojana. Ella recibió este reconocimiento por sus 44 años de lucha en favor de las mujeres, los obreros y los pequeños comerciantes.

Añasco es delgada, de estatura baja y cabello blanco. Su voz es ronca. Hace un año fue intervenida quirúrgicamente a causa de un cáncer en la garganta. “Las consignas que exclamaba en las manifestaciones me pasaron su factura”.

El trabajo de Añasco empezó en 1968. Cuando   estudiaba en la Universidad Central organizó junto con la Asociación Universitaria el Primer Encuentro de Mujeres, para tratar  los problemas de violencia de género.

Su participación en este acto le abrió las puertas para intervenir en un encuentro internacional organizado en Venezuela. Allí se trató sobre la situación de las universidades y las restricciones que tenían la gente del pueblo y las mujeres para acceder a la educación superior. “Se resolvió exigir el libre ingreso. La lucha fue dura, fuimos perseguidos y 29 compañeros perdieron su vida”.

Tres años más tarde, cuando Añasco se desempeñaba  como docente del Colegio Andrés Bello, se vinculó al Frente de Trabajadores de Pichincha.

Desde allí apoyó a los obreros en las huelgas, intermediaba ante las autoridades para pedir mejoras laborales, capacitaba a los comerciantes, brindaba asesoría legal gratuita, etc.

Como parte del magisterio fue coordinadora de la huelga de 1976, que demandaba salarios justos para los docentes e instalaciones educativas dignas. “Esta batalla no la ganamos, porque vivíamos una época de dictadura”.

Hasta 1997, cuando se jubiló como maestra, tuvo que dividir su tiempo para cumplir con sus compromisos gremiales. En la mañana se dedicaba a la docencia y en la tarde iba al Frente de Trabajadores.

Su labor como defensora de los derechos humanos no ha concluido. Ahora es dirigente de la Coordinadora Política de Mujeres del Ecuador, Presidenta del Comité Permanente de los Derechos de la Mujer, Presidenta de la Asociación Escritoras Contemporáneas capítulo Quito. “Mi mayor felicidad es haber entregado mi vida para defender los derechos de los demás”.

 En su tiempo libre se dedica a escribir. ‘Grito y Hoguera’ y ‘Ecos del Tiempo’ serán sus nuevas publicaciones.

La experiencia de su madre le motivó a erradicar la violencia

Liliana Durán
Su experiencia.  Es la coordinadora del Foro Nacional de la Mujer, desde el 2008.  
Nacimiento.   Es de  Zaruma, en El Oro. Tiene 51 años y estudió secretariado bilingüe.  
Afición.  Vive  en una comunidad en Yaruquí, le gusta cuidar animales en su casa.

A Liliana Durán, ganadora de la Primera Mención del premio Manuela Espejo se le eriza la piel cuando habla sobre la violencia a la mujer. En su adolescencia fue testigo del maltrato físico que sufría su madre. “Esta experiencia me impulsó a trabajar por la erradicación de este problema social”.

Cuando tenía 23 años se vinculó a la Organización de Secretarias y Oficinistas del Ecuador. Realizó talleres para hablar sobre los derechos de las mujeres trabajadoras y su rol en la sociedad. También se aliaron con la Confederación Ecuatoriana de Organizaciones Sindicales Libres (Ceosl).

En esta última entidad, Durán llegó a ser, en 1994, directora del Secretariado Ejecutivo de la Mujer, Juventud, Niñez y Tercera Edad. Su labor se enfocó en la defensa del rol de las mujeres en la esfera pública.

Como directora del Secretariado de la Mujer, Durán organizó talleres de sensibilización, de emprendimiento y de formación de lideresas. Brindó asesoría para la conformación de nuevas organizaciones feministas. Entre ellas surgió el Foro de la Mujer, al cual ingresó en 1999 como coordinadora de Pichincha hasta llegar a ser la coordinadora nacional.

 De acuerdo con  la zona geográfica y destrezas de las participantes se realizan talleres de confección de sandalias,  carteras y adornos.
Se dictan cursos de contabilidad, de ventas y se estimula a la formación de bancos comunales. El Foro está presente en 23 provincias. En Galápagos aún no se han organizado.

Tienen una participación activa en la propuesta de políticas públicas en beneficio de las mujeres. Entre los logros se destacan la inclusión del género en las listas de candidaturas para las dignidades, el reconocimiento a todo tipo de familia, la paridad de género en los organismos colegiados, la participación de la mujer en cargos públicos, el derecho a la seguridad social para las amas de casa, etc.

Ella cree que pese a los aciertos,  se debe mantener en la lucha y que las nuevas generaciones se deben involucrar más, porque la violencia de género sigue vigente.

“Las jóvenes creen que lo que hemos conseguido ha sido regalado, pero no. Esto es fruto de una lucha de  varias décadas”.

En su días libres comparte con su esposo Wilson Becerra y su hijo Willy. “Ellos son mi equipo, sin ellos no hubiese logrado nada”.  De su rostro no desaparece la sonrisa, aunque recuerda experiencias duras.


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