13 de April de 2011 00:00

Desde tres pantallas gigantes se controla a 1 936 buses en la ciudad

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En tres pantallas gigantes se observa el titilar de unos puntos de colores verde, rojo, amarillo, negro y fucsia. Se mueven por las calles de Quito, en un mapa, y cada uno representa a un bus urbano.Diez técnicos registran los movimientos. Ellos alertan sobre los cambios de color, que es la señal de que la unidad de transporte está en movimiento, se detuvo, cambió de ruta, paró en un lugar no autorizado o se desconectó del sistema de control.

El monitoreo se lo hace a través de un Sistemas de Posicionamiento Global (GPS), que fue instalado en 1 936, de los 2 400 buses que circulan en el Distrito y en 1 450 paradas. La información llega a un mapa de visualización de rutas, que está conectada en una red de 10 computadoras y tres pantallas gigantes, en el Centro de Gestión de Flota.

Los datos se actualizan cada 30 segundos. En la pantalla aparecen íconos que representan los buses, con los dígitos de sus respectivas placas. El cambio de color advierte la maniobra que realiza cada conductor en la vía. Por ejemplo, se pone verde cuando el bus está en movimiento o rojo, cuando el bus se detiene fuera de la parada (ver infografía).

El lunes y el martes pasados se hicieron pruebas del sistema, para desde hoy iniciar con el monitoreo en las 141 rutas que cubren el Distrito. Un ensayo se realizó en el bus urbano disco 2564 de la Cooperativa Colectrans, placas PUG 342, que cubrió la ruta 134 Camal-Aeropuerto.

La unidad inició su recorrido desde la calle Jorge Estephenson, sector del Camal, en el sur. Allí funciona la oficina de la operadora desde donde se despacha un bus cada seis minutos, en horas pico (de 06:00 a 09:00), y cada ocho, en el resto del día.

En el primer asiento de la unidad viajó Jorge Tamayo, funcionario de la Empresa Pública Metropolitana de Movilidad y Obras Públicas (Epmmop). Él reportaba por una radio motorola cada detalle del recorrido a Washington Loza, quien estaba en el Centro de Gestión. Loza, jefe de la oficina, confirmaba que los datos entregados por Tamayo coincidan con el mapa de monitoreo.

Así se realizó un seguimiento de cada maniobra que realizaba el conductor José Benavides.

Por ejemplo, se detallaba que el chofer del bus sí se detuvo en la parada autorizada en la Escuela Velasco Ibarra, ubicada en la calle Juan Cueva García. En la sala de monitoreo, el ícono cambió a color amarillo (parada autorizada).

“Es una prueba técnica para ver cómo funciona el sistema. Vamos afinando detalles”, decía Tamayo.

Durante el recorrido, el conductor tuvo problemas porque en la ruta había pasajeros que estiraban su mano para que la unidad se detenga en sitios no autorizados. Eso ocurrió en la intersección de las calles Juan de Alcázar y Pedro Cepero. También hubo usuarios que aprovechaban el semáforo y la congestión para subir.

La primera vez que el ícono se puso en rojo (parada no autorizada) fue cuando el bus se detuvo en la intersección de las calles Gualberto Pérez y Andrés Pérez, por un semáforo. El conductor recogió pasajeros.

Jaime Erazo, gerente de Gestión de Movilidad, explicaba que el monitoreo servirá para controlar las distancias entre una unidad y otra y la velocidad (la permitida es 40 km/h). Además, que las operadoras de los buses urbanos respeten el horario de servicio y el número de buses fijados para una determinada ruta. Actualmente, esto no se cumple.

Por ejemplo, según el contrato de operación, la compañía Colectrans cubre la ruta Camal-Aeropuerto con 23 buses. Debe iniciar su operación a las 05:55 y terminar a las 20:30. El martes pasado inició a las 05:39 y culminó a las 21:48. El monitoreo también permitirá hacer ajustes en los tiempos de circulación de los buses, que tampoco se cumplen.

En el contrato de Colectrans se establece que la ruta se la debe cubrir en una hora y 44 minutos, pero en la práctica solo para el recorrido de ida se requiere de una hora con 10 minutos.

Hasta junio se espera que el sistema de control se pueda aplicar en los 2 400 buses que circulan en el Distrito.

A partir de esa fecha se aplicarán sanciones, que serán determinadas mediante una nueva ordenanza municipal que deberá ser aprobada en el Concejo. Las sanciones pueden ir desde llamados de atención, multas y la suspensión del contrato de operación a las compañías.

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