29 de September de 2012 00:01

Tour por los rincones patrimoniales

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Tiene un gesto de admiración y no despega su mirada del techo. Marey Saldraf, canadiense, alta, rubia y delgada, saca -con disimulo- su cámara de fotos, para llevarse un recuerdo del sitio que acaba de conquistarla.

Es el altar de la Iglesia La Compañía, ubicada en la García Moreno. Bañado en pan de oro hasta el último detalle, con más tallados y rostros que agujeros en un panal de abejas, se roba la mirada atónita de unos 20 extranjeros que visitaron la joya arquitectónica, el pasado jueves.

Un guardia mira a Saldraf . “Señorita, aquí no puede hacer fotos. El flash daña las obras de arte”, le recuerda. Ella se sonroja (ya se lo habían advertido), guarda la máquina y sigue, sin quitar ese rostro de niña anonadada, recorriendo con su mirada las paredes. Esta es la primera parada del recorrido turístico Vida Cotidiana, por el Centro Histórico de la capital, que devela el arte, la historia y las costumbres de la ciudad.

En el templo, la gente guarda un silencio absoluto. No está prohibido hablar, pero los turistas prefieren mirar el arte de las paredes y del techo, cubiertos de pan de oro.

El piso de tablón bien lacado refleja el dorado que domina el lugar y que brilla gracias a luminarias que hay en el interior y que siempre están encendidas.

La voz del guía se hace eco. “Por esta Iglesia, Quito fue nombrada Patrimonio Cultural de la Humanidad”, dice Carlos Valencia quien -con su uniforme azul de policía metropolitano y durante 20 minutos- no de ja de resaltar el valor arquitectónico y patrimonial de la iglesia emblema de la ciudad. Es visitada por 1 500 turistas, en promedio, a la semana.

Valencia explica que la esquina derecha de la iglesia se quemó en 1996, durante su restauración. Hay dos huellas del incendio: el oro que colocaron en esa zona es menos opaco que el resto y en la cúpula del techo, uno de los 12 rostros de los ángeles, es negro. No lo limpiaron luego de que el fuego lo quemó, como recuerdo.

En el altar está el baúl de oro y cristal que guarda celosamente los restos de Marianita de Jesús, la primera santa que tuvo el país.

“Yo no sabía que era tan hermosa”, “En las revistas no se la aprecia así”, “Tanta belleza me da ganas de llorar”, comentaban los turistas, entre murmullos.

Un hombre toma una vela, la enciende y se arrodilla frente a un pequeño altar, a pocos metros de un confesionario. Una especie de cabina con una pequeña silla forrada de terciopelo morado, donde por allá en el siglo XVIII solía sentarse el sacerdote y, a través de dos celosías, una a cada lado, confesaba, simultáneamente, a dos personas.

Una mujer entra al templo y se santigua. Mariela Rojas se para frente al cuadro que representa el infierno y se cubre la boca con la mano. “Eso da pavor”, dice.

Valencia explica, con solvencia, que: “La religión católica se basaba en el miedo al castigo. Por eso hay imágenes de gente que se quema en el infierno, que gime, que llora, que pide perdón...”.

El recorrido continúa. Ahora, Saldraf camina una cuadra, se para en la plaza de la Independencia y hace clic. Fotografía las piedras talladas y las calles repletas de gente. Con el grupo de turistas toma la García Moreno, sube por la Sucre y llega a la plaza de San Francisco. Allí las palomas levantan su vuelo, cerca del mediodía.

El sonido del acordeón de un hombre que, sentado en el suelo y con los ojos hundidos y blancos, da ritmo al caminar de los visitantes a cambio de unas monedas. A esa hora, el tránsito es intenso.

En la Plaza de San Francisco sigue la explicación. El olor a palosanto y a canela es penetrante.

Luego, los turistas se desplazan por la Bolívar, siguen por la García Moreno hasta llegar al Museo de la Ciudad. Allí, en 40 minutos, se conoce la historia de la capital.

Costumbres de cuando la gente vivía en chozas, porque pensaba que si las viviendas eran cuadradas, los espíritus se quedarían en las equinas y saldrían en las noches a asustar a los guaguas.

Otras historias de cuando Quito abarcaba 32 cuadras y cuando era ‘La Ciudad del Licor’, por la cantidad de trago que se consumía.

Hay decenas de tradiciones. Tres libros de Medicina de hace 300 años, en cuyas hojas acartonadas solo caben 12 palabras. Y, a lo lejos, se escucha la voz de una mujer que en quichua canta una tonada lenta y tierna, mientras los visitantes recorren el lugar.

Se llega a la plaza 24 de Mayo, se cruza por La Ronda, que aún conserva ese aire colonial, con casas de paredes gruesas, techos de teja, balcones de reja y piso de piedra, que hacen pensar que allí se detuvo el tiempo. El juego del sapo, la rayuela, el maní con dulce, el vecino que fabrica trompos desde hace 50 años y hasta un hombre vestido de pregonero, ese personaje que cuando había una noticia, caminaba por cada calle, tocando una campana y gritando a viva voz la novedad para que el pueblo se enterara.

Tres horas para recorrer una iglesia, un museo, una plaza y ocho cuadras de calles pintorescas. En 180 fotos, Saldraf se llevó los recuerdos del Centro Histórico. En el recorrido sonrió más de una vez, no le importaba el dolor de pies, solo quería conocer más y más. El tour Vida Cotidiana le dio la oportunidad de descubrir los secretos del patrimonio.

Más información

Además de la  ruta  Vida Cotidiana,  Quito Turismo impulsa otros cinco tours. Se puede tomar el de  Arte Colonial,  60 y  Piquito,  La Ruta de los Niños, De las Maravillas  y  De los Oficios.
 
Los recorridos  salen a las 09:00, 10:00,  11:00 y  14:00. Duran  aproximadamente tres  horas y tienen un valor de USD 15. Este precio   incluye el guía y  el costo  del ingreso a los museos.

Para realizar   recorridos los fines de semana, debe hacer una reserva.
Si desea más información puede llamar al 257  2445 y  al 228 3480  o acercarse a los bajos del Palacio  Municipal, en la Venezuela y Espejo.

Este tipo de  recorridos busca motivar el turismo en la capital. Según Quito Turismo, de enero a julio del  2012 han llegado a esta ciudad  282 325 visitantes extranjeros. Eso significa el 8% más   respecto del mismo período del 2011.

Se recomienda ir  con ropa cómoda y con zapatos de taco bajo.

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