3 de April de 2011 00:00

La Tola acuna a los ‘buen puñete’

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Cuatro calles y tres graderíos llevan al barrio La Tola desde La Marín. Las estrechas gradas de cemento de la avenida Pichincha, en El Playón, atraviesan la calle Ríos y terminan en el parque de la calle Manosalvas. Ahí, un grupo de jóvenes espera sentado en el césped que se abran las puertas del histórico gimnasio La Tola.

Se inauguró en abril de 1987 y por allí pasaron figuras del boxeo como Thompson García, quien fue medallista de plata en los Juegos Panamericanos de Argentina 1995. Ahora los vecinos pueden entrenarse desde las 15:00 hasta las 19:00. También llegan personas de otros barrios, interesadas en aprender las técnicas.Estuardo Jaramillo vive con su esposa desde hace 56 años en la calle Valparaíso. Entre risas asegura que es un barrio bravo. Los toleños son conocidos como “buen puñete”. De soltera, su esposa vivía en la calle Iquique y estudiaba en el Colegio Simón Bolívar.

Jaramillo la esperaba en la esquina de la calle Chile para acompañarla hasta su casa. Él pertenecía a la jorga de La Tola. Había riñas con las jorgas de otros barrios. La razón: la defensa del territorio y la disputa por las mujeres. A los foráneos no les permitían salir con las vecinas.

A puñete limpio, los lugareños evitaban que los desconocidos se acercaran a la chicas. Las esquinas de las calles se convertían en verdaderos cuadriláteros de box.Allí, los jóvenes ponían en práctica las técnicas aprendidas en el gimnasio, para ser toleño había que ser buen peleador.

Las serenatas y los versos eran otra forma de enamorar por la década de los setenta. Por las continuas serenatas de Jaramillo y sus amigos, Francisca Peña accedió a casarse con él. El nombre del barrio es una palabra quichua que significa tumba en forma de montículo. Ahora, el barrio está dividido en tres sectores: La Tola Alta, La Tola y La Tola Baja.

Luisa Calle vive desde hace 48 años en las calles Vicente León y Don Bosco. Es de una familia conocida por la administración de una bodega de víveres. El barrio era bohemio, pero tranquilo.

A una cuadra de su casa está el Colegio Don Bosco, que tiene más de 100 años de fundación. Engalanada con rosas y claveles blancos, la imagen de la Virgen Dolorosa da la bienvenida en el inicio de las escalinatas. La mayoría de jóvenes de La Tola han pasado por las aulas de este establecimiento, como reafirmando la fe religiosa de los vecinos.

Al llegar a la calle Antofagasta y Valparaíso, atrae un envolvente olor a hornado. Sale de la Picantería El Piedrazo. En la puerta se exhibe la cabeza de un chancho y una paila con tortillas con caucara.

Doña María es la heredera del negocio familiar. La primera en preparar el suculento plato fue su abuela, María.

En La Tola Baja, a lo largo de la calle Fermín Cevallos, hay tiendas de víveres, bodegas familiares, restaurantes, cabinas telefónicas entre otros negocios. En sus aceras se instalan las vendedoras de frutas y de legumbres.

Las peleas de gallos también están en el listado de tradiciones de los toleños. La primera gallera se abrió donde hoy es el coliseo Julio César Hidalgo. Era una construcción rústica de madera con techo de tejas. Los graderíos eran de tablas asentadas sobre jabas de cerveza y el piso, de tierra.

Luego se trasladó a las calles Calixto y Chile. Hasta ahora hay peleas esporádicas de gallos, pero en las últimas semanas ha permanecido cerrada. Así son los toleños: buen puñete y galleros.

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