9 de December de 2011 00:04

El temor y la confusión afectaron a los vecinos y estudiantes de Pusuquí

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Luego de la fuerte explosión en el cuartel del Grupo de Intervención y Rescate (GIR), en Pusuquí, entre los vecinos del barrio John F. Kennedy reinaba el desconcierto y el temor.

Cerca de las 12:00 de ayer, decenas de residentes del sector y curiosos permanecían aglomerados en la acera oriental de la av. Manuel Córdova Galarza.

Un pelotón de policías impedía el paso de algunos vecinos que intentaban llegar a sus casas para encontrarse con sus familiares. Los patrulleros recorrían las calles del sector. Las ambulancias llegaban hasta la entrada del cuartel policial.

Cruz Saldarriaga atendía a dos clientes que entraron a su tienda en la calle Paraíso, cerca del cuartel del GIR, cuando escuchó la primera explosión. “Hubo tres explosiones. En las dos primeras no me asusté porque en el cuartel siempre se oyen detonaciones y ya estamos acostumbrados”.

En la tercera explosión, unos 10 minutos después de la primera, las paredes y el techo de la casa de Saldarriaga temblaron. Los paneles de cielo raso se fueron al piso.

“El ruido fue tan fuerte que me dejó zumbando los oídos”. Asustados, ella, su hija y los dos clientes salieron corriendo a la calle. Ahí vio a un grupo de policías que gritaba que desalojaran el lugar. “Nos decían que saliéramos, pero no nos indicaban a dónde”.

Enseguida cerró la puerta enrollable de su negocio y siguió a los demás vecinos que avanzaron hacia la av. Córdova Galarza.

Cuando Monserrat Burbano escuchó un estruendo, mientras trabajaba en el Colegio de Liga, a unos 10 minutos al norte del cuartel del GIR, supo que algo andaba mal. En pocos minutos su teléfono celular sonó.

Era una vecina del conjunto habitacional Cántaros II, quien le informaba sobre el accidente. En las dos etapas del conjunto habitan 83 familias.

Javier Vásquez, guardia privado, vio desde la garita cómo los vidrios de la mayoría de casas explotaron y cayeron sobre los jardines. “Algunas personas sufrieron cortes con los vidrios. En una hora, otros familiares y dueños de casa empezaron a llegar”.

Burbano dejó su trabajo y se encaminó a su casa. En el trayecto veía una columna de humo que se alzaba en el sector donde vive.

Los vidrios de la planta baja estaban rotos y la onda expansiva había volteado algunos muebles. Al revisar las habitaciones se percató de que también había fisuras en algunas paredes.

En la esquina de la calle Camino del Sol, sentada en el asiento de su carro, a María Fernanda Cano aún le temblaban las manos.

Ella estaba sola cuando la onda expansiva de la detonación más fuerte hizo estallar los vidrios de su casa. Enseguida escuchó las voces de alerta de los policías que corrían por las calles y ella salió hasta la avenida con su vehículo.

El estallido fue tan fuerte que se sintió en el Unidad Educativa Espejo, ubicada en Pusuquí.

Xavier Cotacachi estaba en clases, en el segundo piso de la institución, cuando la onda expansiva hizo temblar el edificio y rompió los vidrios del aula.

“Todos los alumnos se concentraron en el patio. Todos estábamos asustados, pero no hubo heridos. La salida fue normal, a las 13:45”, contó.

A las 14:00, María Teresa Risueño recorría las calles del barrio en busca de sus dos hijos, Jimmy (12) y Edwin (6), que estudian en la Escuela Fiscal Simón Rodríguez, frente al cuartel.

Un policía le dijo que los niños habían sido evacuados hacia la Escuela Superior Militar, a unos cinco minutos hacia el sur.

Nancy, otra madre de familia, le llamó para avisarle del accidente. En unos 40 minutos llegó desde Carapungo, donde trabaja.

Se quedó sin saldo en su celular y no podía comunicarse con su esposo. Finalmente, llegó a la Esmil. En la puerta, su esposo, Édgar Larco, esperaba sentado con sus dos hijos. Él llegó caminando desde El Condado, por el cierre de la vía.

Al ver a su madre, Jimmy la abrazó y lloró. Durante la evacuación él se había caído y había sufrido algunos golpes.

Tras el siniestro, a Camilo Félix, vecino del barrio, le preocupa saber quién responderá por los daños materiales en las viviendas. Acotó que mientras se reparan los inmuebles, es necesario que la Policía garantice la seguridad de los moradores y sus casas. La misma inquietud la comparten otros moradores del barrio.

La av. Córdova Galarza permaneció cerrada al tránsito desde el redondel del Condado Shopping hasta la Escuela de Policía, hasta las 14:00. Solo a los vehículos de socorro y de las autoridades se les permitió el paso.

Testimonios

Fanny Barrera/ Vecina de Ponciano

‘Estaba preparando la comida y algo explotó’

Estaba preparando la comida  con mi  hija Michelle, para vender a los aficionados que empezaban a llegar al estadio para presenciar el partido de la Liga.  

Apenas oí la explosión, por curiosidad, me trasladé  a Pusuquí para tratar  de averiguar qué había pasado. Llegué a la entrada del edificio del GIR y veía cómo las ambulancias llevaban a los heridos. Traté de ingresar al lugar, pero como no me lo permitieron, decidí regresar  a Ponciano.  

Clementina Cedillo/ Ponciano

‘Alguien dijo que había 500 heridos, me asusté’

El ruido fue similar a la explosión de un tanque de gas. Cuando vi el humo saliendo de la montaña, pensé que se trataba de un incendio. Me quedé atónita cuando alguien dijo que hubo 500 heridos. Al inicio pensé que la explosión era muy cerca de aquí, pero ya nos informaron que el percance fue en la vía a la Mitad del Mundo. Me preocupé más cuando la columna de humo se levantó hacia el cielo. Aquí, todos comentábamos lo ocurrido, pero solo eran comentarios. Nadie tenía información real.

María Quipo/ La Ofelia

‘Sonó durísimo, creí que se trataba de un choque’

Sonó durísimo. Creí que se trató de un accidente automovilístico. Después, por la televisión, me enteré de la explosión. El papá de mi patrona trabajaba cerca del lugar y mis patrones se desesperaron porque no lo localizaban. Finalmente, nos enteramos que estaba bien. Fueron momentos de mucho miedo y de desesperación, porque no sabíamos qué hacer. La verdad es que me di cuenta que este sector es muy peligroso. Cuando se produjo el fuerte estruendo, yo estaba en los quehaceres.

María Picuasi/ Cotocollao


‘Corrió el rumor de que se cayó un avión’


Vendía objetos navideños en el momento de la explosión. El sonido fue fortísimo. Corría el rumor de que se había caído un avión en Carcelén. Me asusté mucho cuando pasaban los bomberos y las ambulancias. Había confusión y todos averiguaban qué paso. Escuché decir a una persona que no se asustó, porque pensó que se trataba de un petardo o algo así que hicieron explotar los aficionados al fútbol que llegaron al estadio de Ponciano para ver el partido de la Liga de Quito.


Argelia Loor/ Carcelén


‘El suelo se movió com o una ola de mar’


Estaba jugando con mi nieta. Nos instalamos con los legos encima de la alfombra de la sala y sentí un ruido que parecía que salió del fondo de la tierra.El piso se movió como una ola de mar y me puse a rezar. Mi nietita se puso trémula y yo la abracé. Luego le llamé a mi esposo. Me dijo que no salga de la casa hasta que él llegara. Cuando llegó me avisó que había explotado algo en Pusuquí. No sabíamos a dónde ir. Hasta que nos decidimos por ir a la casa de mi hermana. En las noticias nos enteramos de lo sucedido. Es muy lamentable.

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